Pedro Mairal, el novelista exitoso que se anima a mostrar sus canciones

"Hay una cosa autorrepresiva muy fuerte en nosotros. De alguna manera, hacer música es ir contra eso", dice el escritor
"Hay una cosa autorrepresiva muy fuerte en nosotros. De alguna manera, hacer música es ir contra eso", dice el escritor Fuente: RollingStone - Crédito: Ignacio Sánchez
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9 de enero de 2019  • 11:25

El club está lleno; las localidades se agotaron hace varios días. El público, casi todo de más de 30 años, quiere escuchar las canciones del escritor. El dúo se llama Pensé Que Era Viernes y junto a Pedro Mairal está el periodista Rafael Otegui. Tienen más de 50 canciones en su repertorio: Mairal se encarga de las letras, Otegui compone la música. En el escenario son solo ellos dos, sentados en sillones, las guitarras en las rodillas, una mesa con apuntes y un poco de vino. La salida a escena es torpe, bien a lo Mairal. Se tropiezan, el que se sienta primero debe levantarse para que pase el otro. Mairal no tiene características de frontman. Es tímido, habla como pidiendo disculpas, no se relaja jamás. Está muy concentrado en no equivocarse, pendiente de su compañero y de su guitarra. De todas maneras, lo disfrutan, y el público también. Hay milongas, tangos, alguna balada, protocandombes y hasta un rap infantil. Las letras tienen la impronta de Mairal: métrica perfecta, sonoridad, humor, una seca ternura y un dolor asordinado.

Una residencia en Francia compartida con Washington Cucurto fue el origen de esta nueva actividad del escritor. El tiempo libre, la melancolía por extrañar a sus afectos y un ukelele le permitieron reconectarse con la música, un hábito que había abandonado después de la adolescencia. "Cucurto con sus pinturas viscerales me enseñó que hay que animarse a hacer las cosas, hay que darse permiso", dice Mairal. "Hay una cosa autorrepresiva muy fuerte en nosotros. De alguna manera, hacer música es ir contra eso. Probar, sacarse las inhibiciones, los amordazamientos, algo facho interno de cada uno. Si no cantás como Gardel, no cantás. Claro que también empecé a estudiar y a ensayar muy dedicadamente."

Pedro Mairal es novelista, poeta, pornógrafo, guionista cinematográfico, cuentista, columnista y ahora cantautor. Esta enumeración podría dar la impresión de que su trabajo es torrencial y prolífico. Nada que ver. Es un lento goteo que ya lleva dos décadas de producción. Su última novela, La uruguaya, fue un pequeño boom editorial. Es una historia, como todas las de él, que combina el amor con la derrota con un protagonista que vive desfasado de su tiempo y de su lugar. Esos son los temas de su literatura. La escritura para él es algo imprescindible. Necesita crear para dominar sus demonios. Si no escribe, se pone tóxico.

Tenía 27 años y no había publicado nada cuando ganó la primera edición del Premio Clarín de Novela por Una noche con Sabrina Love. De desconocido a tapa del diario, decenas de miles de ejemplares vendidos y una adaptación cinematográfica. El éxito inesperado lo desbordó. Decidió bajarsede la rueda. Su siguiente novela saldría una década después. Maduró fuera de las luces públicas y se refugió en su poesía y en sus cuentos. "El premio fue mucha exposición y me excedió. Yo estaba medio crudo para eso. Las notas, la película, la publicación en Anagrama. De pronto era un escritor latinoamericano y me exigían que escribiera otro libro igual. Yo no podía, ni puedo funcionar así. Todo eso me quedaba muy grande. Tuve que recuperar un silencio mental para escribir."

Por esos años de blogs, un tal Ramón Paz empezó a subir unos poemas calientes, los pornosonetos. "Al principio muy poca gente sabía que yo era Ramón Paz. Me daba pudor", dice Mairal. "Alguna vez los leí en algún lugar muy under con una máscara de catch." Compilados hace un par de meses por Emecé (que reeditó toda su obra), los pornosonetos, ya bajo el nombre del autor, son una cumbre de la literatura erótica nacional. Tienen lirismo y logran calentar al lector. Eso lo pone especialmente orgulloso: "Cuando puedo meter la sensorialidad en algo que escribo, me alegra mucho. Que el lector lo sienta en el cuerpo", dice. "Es complicado escribir sobre la felicidad física."

Algo de esa sensorialidad hay en su nueva apuesta por la música. Con su guitarra tenor de cuatro cuerdas y su voz bien ubicada da un salto al vacío. El vértigo es indisimulable. Sale de su zona cómoda, de su escritorio, de que pasen meses, quizá años, entre lo que produce y la llegada al público. Para paliar eso estudia y trabaja mucho. Mairal no cree mucho en la suerte. Su fe está puesta en el esfuerzo, en trabajar hasta que algo salga bien: "Están las circunstancias que se te dan y las que vos provocás y sabés aprovechar", dice. "Son distintos planos. Hay oportunidades, pero sin el es-fuerzo previo, no podés aprovechar esas energías."

Por Matías Bauso

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