
Penn, el temerario precursor
"Un sentimiento común, una cólera común y una pareja impaciencia nos une y a su vez nos liga a los movimientos del nuevo cine del mundo entero. Nuestros colegas de Francia, Italia, Rusia, Polonia o Inglaterra pueden contar con nuestra revolución (?) Como ellos, estamos por el arte, pero no a expensas de la vida. No queremos más films pulidos y falsos, los preferimos ásperos pero vivos; no queremos más films rosas, sino del color de la sangre." El manifiesto de los cineastas independientes de Nueva York encabezados por Jonas Mekas exponía a fines de los sesenta su decisión de hacer otro cine, en oposición al que producía la maquinaria industrial.
Así, o de otro modo menos radical, el espíritu contracultural iba a manifestarse durante la década siguiente también en Hollywood, que viviría un momento particularmente audaz y creativo. A la progresiva relajación de las restricciones respecto del lenguaje, la sexualidad y la violencia, se habían sumado la influencia de la nouvelle vague y de otros cineastas europeos y la realidad de un sistema de estudios que colapsaba. Era además el tiempo de los hippies, la lucha por los derechos civiles, el amor libre y el rock and roll. Una nueva generación de directores haría renacer el cine norteamericano.
Pero el fenómeno venía de antes. Unos cuantos títulos de los sesenta, locales o importados, lo habían anticipado: Blow Up (Antonioni), If... (Lindsay Anderson), El graduado (Mike Nichols) y, por supuesto, Bonnie & Clyde .
* * *
Su realizador, el recientemente fallecido Arthur Penn, no pertenecía a la misma generación que Coppola, Scorsese, Malick, De Palma o los restantes animadores del que fue llamado New Hollywood.
Demasiado joven para haber conocido la época dorada de la Meca, era lo suficientemente veterano para haber vivido su tambaleo frente a la competencia de la TV y otras crisis. "El período de McCarthy fue humillante -decía-; cuando filmé Mickey One lo hice para repudiar ese clima de temor que se había apoderado de la gente." Y cuando encaró Bonnie & Clyde , quebró los límites en cuanto a la exposición de violencia y sexo que se consideraba aceptable. Fue su consagración, un éxito enorme. Pero en realidad Penn se había mostrado desde el principio obsesionado por los temas de la identidad y la exclusión. "Los únicos personajes que me interesan son los excluidos. La sociedad debería prestarles atención si quiere descubrir dónde está fallando."
El hizo su parte. Bonnie & Clyde no se limitaba a la historia de la pareja de asaltantes de bancos ni al ambiente de los años de la depresión: también reflejaba el desencanto juvenil de fines de los 60. La jauría humana expuso el racismo, la corrupción y la violencia endémica de su sociedad, y tanto su ópera prima, El temerario ( The Left Handed Gun , sobre Billy the Kid), como Ana de los milagros, Mickey One, El restaurante de Alicia o Pequeño gran hombre apuntaron a distintas formas de marginación. Es justo que se lo reconozca como precursor de la ola renovadora de los 70.
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