
Personajes de ciudad y viceversa
Carlos Roffé y Mirtha Busnelli, una extraña pareja en el último film de Agresti
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El sabe que no puede pasar la puerta de un canal sin que un agente de seguridad le pregunte "quién es" y "a quién busca". Ella no puede pasar la puerta de un canal sin que el agente de seguridad, las recepcionistas, los cholulos y admiradores de paso la paren para pedirle autógrafos.
Frente a frente, juntas las manos, con el sol de la tarde quemándoles las pestañas, él le susurra para la foto: "Che, inventemos un romance, así me hacés famoso".
Carlos Roffé tiene 54 años. Si bien el cuento de la fama todavía no le ha tocado (tampoco le importa demasiado), sí ya es dueño de su talento, que demostró como actor fetiche del cineasta Alejandro Agresti, que acaba de estrenar su segunda película en la Argentina, "Buenos Aires viceversa".
Mirtha Busnelli prefiere no decir su edad, y no necesita mayores presentaciones por su destacado trabajo como actriz para el cine, el teatro y la TV.
Juntos, no sólo se lucen en "Buenos Aires viceversa" como "La loca de la TV" y el "Service" _ dos historias que corren paralelas a las otras vidas que se entrecruzan en esta ciudad_, sino que además ya compartieron otras de Agresti, como la multipremiada en el exterior "El acto en cuestión" y "La cruz".
Gente como la gente
Todos los mediodías, "La loca de la TV" tiene una cita virtual con su ex marido. En un extremo de la mesa, un plato para ella; en el otro, el almuerzo para él, bien pegado a un televisor que le devuelve la imagen del conductor del noticiero (una sátira del periodista Horacio Embón que interpreta Lorenzo Quinteros). Ella le habla, le da de comer, comparte las noticias del día. Y le tira la comida por la cabeza (al televisor) cuando el conductor babea por una meteoróloga holandesa, "Herda".
El aparece en su vida cuando su amado entra en colapso _a rayas verticales_, que no es ni más ni menos que el problema de una válvula del televisor. Así pasa una de las historias de "Buenos Aires viceversa", que muestra "gente como la gente", o como Agresti ve a la gente.
_¿Les pegaron en algún punto las historias de esta película?
Busnelli: _Hay algo de Buenos Aires que le pertenece a esta película más que a otras. Me gusta el entramado, cómo va de un personaje a otro, cómo muestra la soledad, la solidaridad, la violencia.
Roffé: _Agresti mostró una ciudad que nadie quiere mostrar. Hay personajes que todo el mundo ve, pero que actualmente en el cine no salen. A mí me tocó especialmente el drama de los chicos desaparecidos, que interpretan Nicolás Pauls y Vera Fogwill. Y la escena del hotel, en donde no hay daño físico, pero que es de una crueldad total.
El actor en cuestión
Mirtha Busnelli y Carlos Roffé se conocieron en algún bar de la avenida Corrientes, en uno de esos encuentros para arreglar el mundo. Ella ya era actriz reconocida y, entre otras, había filmado con Agresti películas como "El hombre que ganó la razón" y "Boda secreta", "y me arriesgué a trabajar con un cineasta joven. Fue un gustazo".
_¿Cómo se convirtió en su actor fetiche?
Roffé: _Empecé haciendo papeles chicos. Hice de jefe de redacción en "El amor es una mujer gorda", de chofer de micro en "Boda secre- ta...". Después, él estuvo filmando en Europa y por razones obvias no estuve. Hasta que un día me llamó desde Holanda para saber qué tenía que hacer en junio del ´92. Le dije: "Lo mismo de siempre", porque yo tenía otro trabajo, repartía platería con un camión. El me propuso hacer el protagónico de "El acto en cuestión", y así viajé a Holanda.
El director me colgó
Su personaje, Miguel Quiroga, es un hombre común que comparte la habitación de una pensión con una mujer (Busnelli) y cuya mayor habilidad es "el "choreo" de la letra impresa", tras lo cual da con un libro sobre magia y ocultismo, y en él descubre su futuro: ser mago. De allí en más recorrerá el mundo con su acto en cuestión que todos creerán ver. Salvo tres.
Busnelli: _Recuerdo un día maravilloso de rodaje en exteriores de "El acto en cuestión". Había mucha neblina, humo dentro del coche, Agresti que pensaba, y nosotros que estábamos como en una nube. Sucedió que Lorenzo Quinteros, que tenía que decir un texto, no estaba. Justo era la partida del personaje Miguel Quiroga, que se va de la pensión a conquistar el mundo...
Roffé: _Entonces, como no estaba Lorenzo, en el momento se decidió imprimir su texto sobre el piso.
Busnelli: _Además, como el personaje de Miguel me abandonaba, Agresti preguntó: "¿Cómo se deja a alguien?" Le dijimos: "Plantado, colgado". Entonces decidió dejarme literalmente colgada. Consiguieron arneses, una grúa, armaron un vestido de novia con cortinas. Quedó como una película de Walt Disney y resultó una de las escenas más brillantes.
Agresti Fans Club
En 1987, Alejandro Agresti se radicó en Holanda, donde realizó la mayor parte de su carrera cinematográfica. La única película que se estrenó en la Argentina _ese mismo año_ fue "El amor es una mujer gorda", con Elio Marchi, Tito Haas y Carlos Roffé. Pero a partir de ese momento, sus películas se vieron en retrospectivas o en videos caseros que conseguían sus fans. "Por eso a mí me conocen los críticos y algunos compañeros. Es así, y lo acepto. Hay una diferencia sideral entre Mirtha y yo. Ella puede elegir. A mí me llaman algunos directores, principalmente Agresti. Espero que en algún momento le reconozcan todo lo que ha hecho a la avanzada edad de treinta y cinco años."
_Mirtha, ¿cree que está "del otro bando" con un contrato de trabajo en un canal de TV?
_Sí, yo estoy en un programa que tiene sus reglas de juego. Tampoco podemos pedirle fines de grandeza a una empresa que se dedica a negociar espacios comerciales. Pero dentro de lo que se puede hacer, trato de engrandecer mi trabajo.
_¿No siente que tiene la vida hipotecada en el canal?
_Sí. Una tira es una anomalía. Es un producto que lleva mucho tiempo. Aunque, de algún modo, también fue muy gozoso trabajar con estos compañeros de "Pan caliente". A veces siento que me gustaría estar tranquila, recuperar fuerzas y volver a hacer teatro.
Carlos Roffé tendrá un papel en la primera película que dirigirá Norma Aleandro, "Dios duerme en Buenos Aires", y en la próxima de Agresti, "El viento se llevó lo que".
_Roffé, ¿hipotecaría su tiempo en un proyecto más masivo?
_Es cierto que yo no quiero hacer un bolito para que me tiren una torta de crema chantilly. Pero si yo no estoy enganchado en un proyecto que me insuma tiempo es porque no me lo propusieron, no me dejan pasar la puerta. La TV todavía no me quiere. Al menos, por ahora.
Nazareno, una pequeña gran revelación
"La historia de "Buenos Aires viceversa" no la entiendo muy bien, porque no es para pibes de mi edad. Por eso, mucho no puedo opinar", comienza cauteloso Nazareno Casero, 11 años, una réplica _en la forma de hablar_ de su padre, Alfredo Casero.
En la película de Agresti, él interpreta al Bocha, un chico de la calle que acompaña a Laura (Vera Fogwill) a rescatar imágenes de la ciudad.
Le molesta que le digan "nene", porque, además, ya se afeita orgulloso, y asegura que lo "trauma" que su amigo Ernesto lo cargue con la frasecita que le hicieron repetir en la película, "ºQué va!", en lugar de "¡Qué m...!" "Porque el Comfer prohíbe que los pibes de mi edad insulten. Pero un chico de la calle no habla así. El otro día mi mamá casi pisa a un chico con el auto, ¿y vos creés que el pibe le dijo: "Gracias, señora, por esquivarme"? La mandó a la m..."
Cebollita, jamás
Nazareno dice que jamás fue a estudiar teatro, ni piensa hacerlo. "Me vuelvo loco si una profesora me dice: "Y ahora vos tenés que poner las manos así". Además, tampoco creo que haya una técnica de la actuación. Y si hubiera, la vendería." Cuenta que comenzó a actuar "cuando era pequeño", a los seis años, en un sketch jugando en el programa que conducía su papá, "De la cabeza". "Un chico me preguntó: "¿De qué te reís?", y yo le dije: "Me río de Janeiro". Mi papá lo decía. Y ése fue mi debut". Después apareció en algunos avisos publicitarios, hasta que se destacó como el alumno Capuzotto en "Cha Cha Cha". "Pero yo no sé qué voy a hacer. Quizá termine trabajando en un colectivo o me den ganas de poner una tintorería".
Ver a su papá en TV no le provoca demasiada risa. "Yo ya lo conozco y sé qué va a hacer. Es previsible actuando. Lo que pasa es que mi papá siempre actuó para nosotros gratis. Sí me hace reír con Manhattan Ruiz. Y cuando salimos, inventa canciones que me divierten".
Claro que lejos está de querer ser un Cebollita o de participar en "Chiquititas": "Son programas estúpidos", responde, y mira la TV, donde están dando "Infómanas". "Me gusta porque se zarpan a las tres de la tarde". Su hermana lo manda al frente diciendo que es porque le gusta Claudia Fontán. "No, nena. Y también miro el Discovery Chanel. Hay programas educativos en un lenguaje que se puede entender. No dicen: "El átomo salta y hace una reacción en cadena"."
La parte de la película que más le gustó fue con el tiro del final. "Mi hermana siempre llora cuando la ve".
"Es que me acuerdo de cuando era bueno y no me peleaba", dice Guillermina, un año mayor, y con la misma carita de Casero.
"A los viejos hay que matarlos de chiquitos, porque después te pasan por encima. Y eso es porque tienen la plata asegurada", dice el Bocha en "Buenos Aires viceversa". "La frase la inventé yo. Así nomás. Mande fruta", dice y cuenta que cuando leyó el guión sólo tenía unas referencias.
_¿Improvisaron mucho los diálogos?
_Sí. Lo mismo cuando le pregunto a Vera si su novio es marica. No sé por qué se lo inventé. Pero justo vino bárbaro, porque el novio, que es Fernán Mirás, en la película después parece que tiene una relación homosexual.
_¿Cómo es Agresti dirigiendo? _Es muy libre. Una vez, escuché por la radio un reportaje que le hicieron. Y decía que podía echar al que se aprende el guión de memoria. Los productores me malcriaban más. Agresti estaba más nervioso. A veces se enojaba y se iba de la filmación. El último día de rodaje fue de 12 horas. Agresti se enojó porque lo apuraron y se fue. Si no hubiese estado Diego Kaplan... (director de la segunda unidad de "Buenos Aires viceversa").
Confiesa que a veces le molesta un poco que le digan: "Muy bien, pibe". "Yo les digo: "Bueno, bueno"". Y gesticula al mejor estilo Casero diciendo: "Voy a tener en cuenta a la persona que me dice "muy bien" para regalarle algo en el Día del Amigo". Tampoco se reconoce cholulo. Sólo cuenta entre sus amigos cuando iba con su papá a visitar el camarín de Graciela Alfano: "Ella me daba besitos por acá, y me daba plata para que me fuera a comprar panchos".
¡Neneeeee!
También responde sobre la tan mentada violencia de los chicos de hoy. "Es como si fuera normal. En la televisión y en los jueguitos todo es matar, pisar, romper, pegar. Eso te llena la cabeza y te dan ganas de pegarle al otro para descargarte", dice ya con el joystick en mano, mientras tiene a upa a su gata Luna, atenta a los celos de una perra "que se come las gomas de borrar".
Nazareno cursa quinto grado "porque repetí. La excusa fue: "Mis papás se separaron"", dice dominando la situación. Ahora no le va tan mal, pero acusa a su maestra porque lo considera un loquito. "Típico de maestra vieja. Todo el tiempo grita: "¡Nene!", y nos dice: "Ustedes están obsesionados con el sexo"".
La señorita maestra también dice: "Si ustedes no saben cosas no van a tener un buen trabajo...".
Nazareno ya aprendió a responder: "¡Ay, señorita, no nos empiece a amargar desde ahora, como está usted! Nosotros ya estamos hartos de los discursos."



