Adriana Brodsky: "Fui una chica Olmedo, sobreviví a la falta de trabajo y sigo en pie"

Adriana, feliz con el momento que vive
Adriana, feliz con el momento que vive Crédito: Hola
En una charla íntima, repasa su increíble vida: los años como sex symbol, su matrimonio con "Tata Yofre" y los tiempos difíciles después de la separación
(0)
22 de noviembre de 2013  • 17:26

Cuando se separó de Juan Bautista "Tata" Yofre (66), hace quince años, después de dar varias vueltas al mundo con el cuerpo diplomático argentino, Adriana Brodsky (57) tuvo que comenzar todo de nuevo. Volvió al departamento "de soltera" que compró en los años 80 con su primera plata fuerte, cuando todavía era la "Bebota" de Alberto Olmedo. Y sin separarse jamás de sus hijos Agustina (23) y Javier (21), se propuso refundar su vida. Sabe –dirá más adelante– que su nombre aún genera fantasías en los hombres. Sin embargo, jura que está sola y que ya no sueña con volver a enamorarse. Tampoco tiene la necesidad de convivir con una pareja: "Ni loca meto un hombre en esta casa", insiste.

La entrevista transcurre en el tres ambientes de Palermo, a metros de la Avenida del Libertador, donde comenzó esta "segunda soltería". Mientas termina de maquillarse, Adriana se define como "una verdadera remadora". Y, sin mediar pregunta, se apura en aclarar: "Toda la vida trabajé, es lo que aprendí a hacer desde chica. No terminé el colegio secundario porque tuve que salir a ayudar a mi familia. Yo sé lo que es pelearla para salir adelante. Y en eso también estoy ahora".

–¿Cómo fue el volver a empezar después de la separación?

–Nada fácil. Tenía dos hijos, el corazón roto y el terrible desafío de volver a empezar. Había cumplido 40 años y me seguían ofreciendo papeles parecidos a la "Bebota" o de femme fatale. No estaba para eso, tampoco una puede vivir colgada del pasado. Así que volví a tocar puertas, contactarme con productores y a ganarme el derecho de piso. Incluso me ofrecieron volver tipo "opinóloga", pero a mí no me interesa ser mediática. Nunca me sedujo volver a la televisión de esa manera.

–¿Sufriste la falta de trabajo?

–Por supuesto, pero por suerte no soy de esas mujeres que se quedan llorando. Enseguida empecé a pensar en un programa, así surgió El parador, un ciclo de turismo que conduje durante años y que me permitió descubrir el país desde otro lugar. Y mientras, hacía presencias en eventos y seguía pensando en la actuación. Cuando este año me llamaron de Farsantes me llenó de felicidad. Ahora estoy ensayando una obra de teatro, Lo bueno dura poco, de Claudio Aval, y me encanta porque por primera vez voy a mostrar una faceta distinta a la que la gente está acostumbrada.

–Trabajaste con grandes del humor como Juan Carlos Calabró, Jorge Porcel, Alberto Olmedo.?

–Fui una privilegiada. ¡Y encima sin haber estudiado nada! Antes de que me descubriera Gerardo Sofovich y entrara en la televisión con La peluquería de Don Mateo, hacía publicidades. Nunca había estudiado teatro ni se me había ocurrido ser actriz. De hecho, de chica quería ser bailarina clásica.

–¿Fue un golpe de suerte entonces?

–Totalmente. A veces llegás a la cima porque tenés un carisma especial que tal vez otro que estudió quince años no lo tiene. Eso es lo que hace que traspases un escalón tras otro. Fijate qué ironía: mi mamá fue una gran actriz que se preparó toda la vida y, sin embargo, nunca nadie la conoció. Yo, a pesar de no haber estado preparada, siempre mantuve una actitud de "aprendé y cerrá la boca" que me permitió seguir adelante.

–¿Cómo te llevabas con la enorme popularidad que te dio la televisión?

–Cuando te roza el éxito es muy difícil no sentirte omnipotente y, sin embargo, siempre supe que mi cuento de hadas tenía un final. Pero la vida es rica más allá de firmar autógrafos. Claro que me siento una privilegiada porque viví cosas que jamás me había imaginado vivir.

Adriana y su hijo Javier
Adriana y su hijo Javier Crédito: Hola

–¿En algún momento el personaje de la "Bebota" se volvió un peso?

–Ahora me divierte, me gusta cuando la gente me saluda. Distinto fue cuando estaba en pleno éxito del programa: no podía salir a ningún lado, ni siquiera al balcón. [Se ríe]. Tenía guardaespaldas las 24 horas, no podía vivir. Incluso llegué a pensar en alejarme un poco porque no daba más. Realmente fue muy agobiante. Ojo, también me hago cargo de eso. Yo vendía esa imagen, era lógico que causara ese efecto.

–Cuando te enamoraste del "Tata", tu vida cambió por completo. ¿Cómo lo viviste?

–El mundo diplomático tiene una gran cuota de formalidad. Me tuvieron que entrenar en todo lo relacionado con el protocolo: cómo comer, cómo vestirme, cómo desenvolverme en ese universo. Fue una época de aprendizaje en muchos sentidos. Un día estaba con Alain Delon y al día siguiente visitaba un castillo en Lisboa. Por suerte logré incorporarme a ese mundo sin perder mi esencia ni mi propio sello.

–¿Cuál es tu sello?

–La espontaneidad. Y una increíble capacidad de adaptación. Es lo mejor que tengo? En ese sentido, soy muy camaleónica, toda la vida lo fui. Y así me adapté a mi nueva vida, lejos del espectáculo. Cuando me casé dejé todo por amor y por mi familia.

–¿Te arrepentís?

–No. Puedo arrepentirme de otras cosas, pero jamás de esa decisión. Quedé embarazada de Agustina, estaba feliz con la maternidad. A tal punto que enseguida tuve a mi segundo hijo. A pesar de haber parado en el mejor momento de mi carrera, lo único que me importaba era ser mamá.

–¿Cómo es la relación entre tus hijos y tu ex?

-Gracias a Dios, las cosas están cambiando…

–¿Estás en pareja ahora?

–No, estoy en una etapa de soledad, pero entre comillas, porque la verdad es que nunca estoy sola. Eso sí, ya no busco volver a enamorarme. Me encantaría, pero me es muy difícil. Creo que el amor tiene que ver con querer que el otro sea feliz. Lo demás son pasiones pasajeras. Hoy siento que para mí no es fundamental estar en pareja y mucho menos, convivir.

–¿Te resulta difícil conocer a alguien?

–[Se encoge de hombros]. Es lo que me toca. Tengo un nombre que genera fantasías y es una mochila que aprendí a llevar desde que empecé en este medio.

–Cambiando de tema, ¿confesás tus cirugías?

–Hubo un tiempo en que estuve obsesionada con mi nariz, pero eso pasaba por un desequilibrio emocional… Estaba mal y lo focalizaba en mi cara, tantas operaciones a lo único que te llevan es a la autodestrucción.

–¿Volverías a hacerte algo?

–Me tendría que cambiar las lolas. En la cara solo me haría un peeling, pero no más que eso.

–El 22 de diciembre vas a cumplir 58 años. ¿Solés hacer balances?

–Yo hago cinco millones de balances todos los años. Hoy quiero festejar cada minuto con mis hijos y esperar de la vida todo lo que me tiene preparado.

Texto: Jacqueline Isola

Fotos: Tadeo Jones

Producción: Georgina Colzani

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.