
Las actrices apelaron a su profesionalismo y reservaron su distanciamiento al ámbito privado sin afectar la escena; las diferencias ideológicas podrían haber encendido la discordia ante la incomodidad del resto del elenco
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Fue una de las últimas peleas que el teatro supo conseguir con gloria y loor. Y dejó en claro que los problemas tras bastidores también pueden ser protagonizados por actrices de prestigio y en el marco de una obra “seria”. Señores: las vedettes no son las únicas dueñas de los entuertos de camarín ni de las luchas desenfrenadas provocadas por egos sobredimensionados.
Por Pablo Mascareño
