Andrea Carballo, la argentina que protagonizó un corto viral, brilla en España y tiene un emprendimiento de libros y vinos
La actriz está en Buenos Aires por el estreno de la película La mujer del río, su tercer proyecto junto a Néstor Mazzini; también aprovechará su estadía en el país para presentar su proyecto
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“Hay algo en los meses y en las estaciones con lo que no dejo de pensar”. Hace 15 años que Andrea Carballo se instaló en España, pero hay algo en sus sensaciones y en su percepción del mundo que la sigue atando a su Argentina natal. Cuenta que le sucede lo mismo con la diferencia horaria entre Barcelona y Buenos Aires, y que espera a que sus vínculos estén despiertos para poder escribirles.
Por estos días, Carballo se encuentra en nuestro país por el estreno de la película La mujer del río, el cierre de la trilogía de Néstor Mazzini -antes se estrenaron 36 horas (2021) y Cuando oscurece (2022)- que la tiene como protagonista junto a César Troncoso. Además, aprovechará la oportunidad para mostrar de qué se trata Wine, Women & Words, el emprendimiento que lanzó en Barcelona: una experiencia que combina el mundo literario con el vitivinícola.
En esta entrevista con LA NACION, la actriz que se volvió viral con el corto Ni una sola palabra de amor y triunfó en España con su papel en la popular serie Las chicas del cable habla de cómo maneja la distancia después de tantos años, sus proyectos futuros y estos encuentros entre libros y vinos que la mantienen muy ocupada y entusiasmada.
—¿Cómo fue la vuelta de tu personaje, Érica, para La mujer del río?
—La película es un proyecto que se sostiene a través de los años, porque es una trilogía. La mujer del río es el cierre, un ciclo que se termina con todo un equipo con el que trabajamos a lo largo de los años. Lo que tiene de interesante es que son personas que se pudieron ir transitando a través de las otras películas y del tiempo. Es una oportunidad especial poder interpretar un personaje y darle un nuevo matiz.

—Viniste a Buenos Aires por trabajo. ¿Queda tiempo para recorrer y visitar amigos y familiares?
—Venir a Buenos Aires significa todo: trabajo y visitas. En este caso, además, vine a hacer dos eventos con mi proyecto personal Wine, Women & Words. Me quedo en Argentina hasta el 15 de abril. Hace casi dos años que no venía, considero que es bastante tiempo. Fueron dos años que pasaron bastante rápido entre Barcelona y Madrid, pero que no llegué a venir para este lado.
—¿Se extraña mucho?
—Sí, obvio. Un montón. No me acostumbro a no tener cerca a la gente que quiero. Obvio que uno se va haciendo de familia y amigos en donde vive. En España tengo un mundo hermoso de gente muy querida: tengo mi pareja, mi hermano también se fue a vivir allá. Pero hay algo muy único en los vínculos en su propia ciudad que se extraña siempre.
—Alguna vez contaste que para vos noviembre es primavera, como en Argentina, pero en España es otoño. ¿Lo seguís viviendo igual?
—Hay algo en los meses y en las estaciones con lo que no dejo de pensar. Sobre todo en las Fiestas: hay algo en mi cabeza que se arma un imaginario de que es verano. Después caigo a la realidad de que estoy en la otra punta y es exactamente al revés. Hay algo en los meses de las estaciones que, por lo menos yo, no dejo de pensar nunca. Así como también al principio me costaba pensar qué hora era en Buenos Aires. Sobre todo por el contacto con la gente, esperando que se despierten para hablar.
—¿Cómo se maneja la distancia?
—Hablando todo el tiempo, con buena comunicación. Siempre es muy importante compartir cosas, fotos, audios, llamarse cada tanto, en lo posible. Aunque después llega el finde y tenés ganas de verlos. Igual, confío en que lo que se construyó y lo que es verdadero se sostiene. Cuando viajo, me junto con amigos y a las dos horas es como si no hubiera pasado el tiempo. No se siente la distancia. El sentido de la amistad que tenemos en Argentina es único. En España tengo una buena red, no me puedo quejar, pero una cosa no quita la otra. Llevo 15 años viviendo en Barcelona y me armé mi mundo.

—¿Pensás en volver a vivir a la Argentina?
—Por ahora no, mi proyecto está en Barcelona. Sí pienso siempre en poder volver a hacer cosas acá: venir a trabajar un tiempo, rodar. Siempre me gusta trabajar acá, más allá de venir de visita. Me gusta vivir la ciudad mientras trabajo.
—Cuando te convocan para un nuevo proyecto, ¿seguís sintiendo los mismos nervios que en los comienzos de tu carrera?
—Hay un nerviosismo que no se pierde nunca, que es parte también del proceso de actuar, de ir descubriendo al personaje. Siempre tengo un poco de nervios. Especialmente cuando son proyectos muy nuevos, con gente con la que no trabajé antes. Con esta trilogía, era llegar y decir “acá estamos, retomamos lo que dejamos”. Eso es muy especial, no es lo mismo que cuando arrancás de cero y tenés que conocerte con todo el mundo. Ese nerviosismo aparece por más que lleves muchos años trabajando.

—¿Qué diferencias sentís entre las producciones argentinas y españolas?
—Las grandes diferencias no son de filmar en un país o en otro, o el grado de producción que hay detrás: te puede tocar una gran producción detrás en ambos países y eso lo hace distinto. Para mí lo más diferente es que cuando filmo acá es estar en casa. Esa sensación es única. Te sentís más cerca.
—¿Cómo te gusta definirte?
—Principalmente me defino como actriz, de profesión. Y ahora también como emprendedora. Hace unos años emprendo con estos eventos que empecé a organizar mezclando lo literario con lo vitivinícola. Me gusta trabajar y esto es otra vía creativa que encontré también para hacer cosas que alimenten lo cultural.
—¿De qué se trata Wine, Women & Words?
—Me gusta definirlo como la recuperación del espacio de la tertulia, de la charla. Es una tertulia eno-literaria. Porque unimos los dos mundos: literario y vitivinícola. Tienen una particularidad, que los maridajes literarios tienen como protagonistas a las autoras detrás de los libros. La experiencia incluye la presencia en vivo de la autora con un libro y una sommelier, o un experto en vino, con las que trabajo para crear estos maridajes en donde conectamos los textos con los vinos. Hace tiempo lo vengo haciendo en Barcelona y funciona muy bien. Se armó una comunidad grande que viene a los eventos, que lo está esperando. Es un espacio lindo, de recuperación de la charla.
—¿Cómo nace esta idea de reunir a personas para leer y tomar vino?
—Es una idea que tenía en la cabeza hace un montón de tiempo. Surgió básicamente porque es algo que a mí me gusta. Mil veces me he juntado con amigas a tomar vino, leer y luego charlar sobre ese libro. También tengo un club de lectura. Surgió primero como algo casual en mi cabeza, de decir: “Che esto estaría bueno”. De alguna forma imitar como el living de mi casa, pero pensé en buscarle un formato para que se pudiera sostener. Con gente que no conoce a la autora, que nunca tomó vino. De irnos con información. Empecé a explorar, empezó como algo muy íntimo en el living de mi casa, en casas de amigos. Y empezó a crecer y ahora son eventos casi mensuales.
—¿Cómo van a ser las experiencias en la Argentina?
—El fin de semana me voy a Mendoza, en Chateau D’Ancon, con la escritora Tamara Tenenbaum y la sommelier Camila Cerezo Pawlak. Y en Buenos Aires, será el martes 14 en Casa Cavia, también con Tamara y la sommelier Delvis Huck.
—Pasaron 13 años del corto que se volvió viral Ni una palabra de amor, cuando casi ni existía la palabra viralización. ¿Los argentinos te siguen identificando como María Teresa?
—Sí, en España y en Argentina. Es algo que viajó mucho. Es impactante. Ahora pasó bastante tiempo, pero todavía hay quien me dice que me ve una cara conocida. Me hago la “no sé, no sé”, y ahí se acuerdan y me dicen “sos la del corto”. Fue muy particular lo que pasó con ese trabajo, realmente. Y otra vez, fue un trabajo entre amigos. Pegó fuerte y se conserva algo que se popularizó. Fue muy especial.

—¿Qué significa Las Chicas del Cable en tu vida y en tu carrera?
—Fue muy especial para mí porque consolidó mi momento de poder trabajar en España. Venía haciendo cosas, pero cuando me llamaron de un proyecto así, después de tanto casting, que una siempre está esperando y nunca sabés, fue muy especial. Para mí también fue una fantasía poder habitar esa época, fue impresionante: el set, la ambientación, el vestuario, todo fue increíble. Ese ritual de estar horas antes para prepararnos , además de trabajar con gente muy talentosa, muy buenos compañeros. Me parecía increíble poder estar en el set y darle vida a los personajes argentinos de esa época.

—¿Te gusta ser villana?
—Sí, me encanta. Está buenísimo. Me parece que el mundo villano dentro de las historias tiene un montón para explorar. Justamente en la película La mujer del río, mi personaje está del otro lado, pero pienso que el ser villano tiene la posibilidad de un juego que es muy interesante y que se puede matizar por fuera de lo obvio. Si conseguís que el público empatice con un villano está buenísimo.
—¿Cuál es tu personaje pendiente?
—Estoy trabajando en algo que se viene en breve, y que no puedo comentar mucho. Es algo en cine con una directora muy joven que está haciendo algo muy interesante. Es para finales de este año o principios del año que viene en Buenos Aires, así que me instalaré unos meses.
—¿Qué otros proyectos tenés por delante?
—También estoy empezando a escribir una obra para producir en teatro en Barcelona. Está en una instancia muy inicial. Y en paralelo de la actuación sigo con mi proyecto personal que me copa mucho y me demanda tiempo también. Estoy trabajando mucho en los tres proyectos.
—Te espera un año cargado de trabajo...
—Encontré caminos, estoy contenta, con energía y ganas de creer y estar conectada con esa energía: mantenerse despierto, creativo y buscar vías. Siendo muy sincera, la actuación no siempre te devuelve la posibilidad de estar a full. Por más esfuerzo que hagas, a veces las cosas no suceden. Y es importante mantenerse siempre trabajando y activa.
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