"Argentina", la canción que Louta pensó no publicar porque lo "emocionaba mucho"

Louta
Louta Crédito: gentileza Rami Birriel
Sebastián Chaves
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30 de agosto de 2020  • 00:07

"Louta es un personaje infiltrado en la humanidad que está aprendiendo y agarrando información". Louta, que nació en 1994 como Jaime Martín James, cuenta que así le explicaría quién es a un extraterrestre, y agrega que, a esa información, "por momentos le encuentra significados y usos, y en esa poética se enamora y se pone en medio del juego. Pero también hay un montón de cosas que le parecen raras y aparece el bardo, lo lindo, la ironía y lo desesperante del significado".

En esa descripción hipotética, hay un detalle, también, del orden de lo no dicho: Louta no menciona la palabra "música" y no es que la niegue, es, de hecho, su ocupación de tiempo completo. Acaba de publicar 2030, su tercer disco de estudio y es, desde hace al menos cinco años, una de las propuestas más singulares de la escena argentina. Sus shows se desarrollan como performances de alto impacto visual entre el recital, el musical y el karaoke. Su música se conforma como un collage que puede recuperar desde ritmos de reggaeton hasta aires de tango, pasando por el rock, el hip hop, el trap y el dance. Hay, en sus canciones, una plasticidad pop, un corrimiento de la observación de la vida en la ciudad para valerse de esos elementos y transformarlos en motivo de baile ("Pongo lo que falta"), pero también de nostalgia ("Argentina").

"Es como si agarraras una caja llena de vinilos, o CDs, o tu reproductor de música, ponés cosas de diferentes épocas y momentos y te pasan distintas cosas", explica Louta sobre sus discos. "Incluso me interesa lograrlo en un solo tema, como si fuese un DJ imponiendo cosas y un pibe cantando arriba. "Tiene que ver con la cultura del sample y la electrónica dosmilosa de Gorillaz, que va mezclando mundos, sonidos, referencias...". En una actualidad dominada por la tendencia de editar canciones sueltas, él todavía encuentra en el formato disco una extensión atractiva para transmitir ideas y conceptos, aunque no necesariamente tengan que ser explícitos: "La idea de hacer un disco me interesa mucho porque siento que es una búsqueda más amplia que hacer una canción sola. Es como contar una película, no sé si tiene un sentido de principio y final, pero sí en el sentido de que van pasando un montón de cosas y vas teniendo un montón de lugares desde donde leerla. Uno puede atar los elementos desde donde más le guste, es como un libro de cuentos".

La música de Louta y todo su lenguaje discurren entre ludismo y ansiedad, y encuentran forma y contenido en una suerte de estado de pre-alienación. El sujeto que dispone de materiales antes de que el significado les quite su naturaleza sensitiva (cómo suenan, cómo se ven). "Es como hacer un cuadro y en las nubes poner panes lactales que cortás de un pedazo de revista y hacés un auto con la mesa", explica sobre su trabajo con samples. "Generás otro significado, tiene un espíritu urbano, se resignifica todo, en algún punto es como ¿qué hace uno con tantos logos, tanta información, tantos sonidos?". Entonces, ese "robotito educado en la ciudad", como él mismo lo define, "genera poemas con lo que aprendió durante el día".

Y eso que dicho así parece tan frío, no lo es tanto. Louta cuenta que cuando compuso "Argentina" (la canción que cierra su nuevo disco y que tiene como versos iniciales "Argentina, ¿qué pasa con tu voz? / Melodías que me cuentan quién soy"), pensó en no publicarla. "Es el tema que quise escribir toda mi vida", dice y suma: "Me emocionaba mucho, tomé la valentía de ser sincero conmigo mismo e incluirla". El tema, de hecho, funciona como un cierre reflexivo, con más preguntas que respuestas y con una cadencia mecánica, como si los Kraftwerk hubiesen sido reducidos a una cajita musical para calmar a un niño robot.

El despliegue visual de los shows de Louta, que incluyen cambios de escenografía, personajes que entran y salen, coreografías y actuación, tiene como génesis un dato biográfico: Jaime Martín James es hijo de la directora y bailarina Ana Frenkel y de Diqui James, fundador de Fuerza Bruta y De La Guarda.

-¿Cuánto de todo ese ambiente que viviste de chico te llevó a pensar la propuesta que tenés hoy?

-Nací ahí adentro, me fue bastante natural. Me es natural el olor de una sala, el piso moviéndose por los parlantes, las giras, los nervios antes del show, que la noche sea el momento de trabajar. Fue el lugar donde me crié y me eduqué, por eso lo artístico me apasiona desde la potencia que tiene la obra en sí misma, no tanto la vida artística. La obra en sí, lo concreto, soy muy de eso que pasa arriba del escenario, en esa hora y media. No en una forma de vivir rara, no me siento identificado con eso, me siento identificado con la necesidad en el momento que sos el personaje, ir lo más profundo posible.

-¿Y hasta donde estás dispuesto a llevar lo visual y teatral en tus presentaciones?

-Estoy dispuesto a llevarlo al infinito, todo ese lenguaje explotarlo cada vez más. Sé todo lo que tengo ganas de que pase y es una lucha con y contra la realidad de hacerlo suceder. En esa lucha, uno empieza a bailar con las posibilidades. A partir de ahí, entre uno y el impedimento, de esa mezcla, pivoteás para saltar a diferentes lugares y ahí empieza el quilombo creativo. No es la idea versus la posibilidad, sino el baile de esas dos cosas. Yo creo que en algún punto es lo que me dan ganas de hacer aunque esas ganas no tengan formas ni palabras, pero no lo negocio aunque tenga que esperar 100 años. Lo que siento y lo que quiero es innegociable, incareteable y real. Se llega hasta cierto punto y la posibilidad es infinita para generar cosas y soy ambicioso en el buen sentido.

Sobre el despliegue visual de sus shows: "Estoy dispuesto a llevarlos al infinito, todo ese lenguaje explotarlo cada vez más. Sé todo lo que tengo ganas de que pase y es una lucha con y contra la realidad de hacerlo suceder"
Sobre el despliegue visual de sus shows: "Estoy dispuesto a llevarlos al infinito, todo ese lenguaje explotarlo cada vez más. Sé todo lo que tengo ganas de que pase y es una lucha con y contra la realidad de hacerlo suceder" Crédito: Cosquin Rock

Sea desde lo estrictamente sonoro como desde lo performático, Louta encuentra en la constancia y el trabajo un punto de encuentro. Estar enfocado en lo que quiere, es algo que, cuenta, se repite para no perder el objetivo. Allí entra en juego otra vez uno de sus referentes, Damon Albarn. "Cuando empieza el documental de Gorillaz, Albarn dice: 'Mi recomendación para los músicos es que se preocupen por la música'. Y lo dice porque te advierte que en algún momento vas a sentir que tenés que poner el foco en otro lado... y no. Bueno, yo soy de esa escuela, es lo que me pasa a mí. Si asegurás acá, lo demás funciona, siento que esta diciendo eso".

-Hay un compromiso ahí con la obra...

-Es algo que me lo digo a mí mismo, no por bajar línea, es entender que no es joda hacer algo groso artísticamente. No es joda alguien que hace una muy buena canción, después podemos no coincidir, pero sí ponernos de cuerdo en que eso tiene mucho valor, y que no es joda un buen cuento, no es una boludez. Genera un montón de cosas y de impacto, de movida. Como el virus se mueve rápido y se propaga, las cosas que son buenas profundas y tienen fuerza también. Es lindo poder lanzarnos en búsqueda de eso y también en el sentido de no tener miedo de priorizar eso.

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