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A las tres de la mañana, Marina Borensztein (44) se despertó creyendo que se había quedado dormida. Caminó hasta la cocina, se preparó un vaso de leche tibia con canela y volvió a la cama. ''Creí que como era mi segundo matrimonio iba a estar tranquila, pero me levanté sobresaltada creyendo que ya era el momento de salir'', cuenta la hija de Tato Bores, mientras termina de prepararse en una de las suites de Algodon Mansion, el hotel donde en breve bajará para casarse con Oscar Martínez (62), su pareja desde hace cinco años.
Faltan dos horas y media para que empiece la ceremonia y Marina está nerviosa. ''Me desperté a las siete para meditar y hacer respiraciones, pero no funcionó'', asegura. Tiene un déshabillé blanco de satén de seda natural y unas pantuflas de taco chino con plumas negras. ''Me las compré especialmente para hoy, quiero que todo salga perfecto'', dice. La actriz se ocupó de organizar su propia boda y estuvo pendiente hasta del último detalle. ''Me recibí de wedding planner, fue un placer absoluto, casarme a los 44 años hizo que pudiera disfrutar de todo el proceso plenamente.''
A las once y media de la mañana del gran día, tocan la puerta por primera vez. Es el concierge que trae una bolsa de la joyería Santino. ''Ahí llegaron los aros'', dice Marina, entusiasmada. ''Quería cumplir con la tradición y llevar algo prestado, algo usado, algo celeste y algo nuevo'', cuenta. Los pendientes de diamantes son el ítem prestado de su outfit. En el interior del vestido -lo nuevo- tiene bordadas unas florcitas celestes. Y, para lo usado, eligió su ropa interior.
Más tarde la habitación empieza a llenarse de gente. Llega Bettina Frumboli para maquillarla y Ricardo Escobar, el peluquero de Oscar desde hace más de veinte años que ahora elige Marina. También están Sofía Neiman, que la ayudó con la organización, y Malena, la hija de 11 años que la actriz tuvo con Jorge Leyba. A la una en punto llega Gino Bogani. El diseñador trae el vestido de la novia en una funda verde inglés con vivos rojos y el ramo de flores naturales. ''Le pedí por favor que viniera a vestirme. No tengo idea de cómo ponerme el écharpe'', confiesa Marina.
EL LOOK
El vestido de color champagne fue confeccionado en charmeuse doble, con flecos de seda y mostacillas de cristal al tono. ''Estuvo inspirado en los años veinte, pero con toques actualizados. Elegí un modelo corto para que pudiera lucir sus piernas'', cuenta Gino. El diseño llevó cuello bote cerrado y en la espalda un escote en V profundo. ''El blanco es para las chicas jóvenes. Ya me casé a los 23 años de largo y con cola, esta vez quería algo diferente'', asegura la actriz, que comenzó a pensar su traje junto a Gino a principios de abril. El diseñador también se ocupó de crear el ramo, de rosas blancas, fresias y astromelias.
LA CEREMONIA
A las dos menos cuarto, Marina bajó de su habitación del brazo de su sobrino mayor, Julián Borensztein (21), hijo de su hermano Alejandro y de la abogada Merlina Licht, que murió en noviembre pasado. Juntos atravesaron el lobby del hotel e ingresaron en el salón principal. Allí, frente a un pequeño altar decorado con rosas rojas, los esperaban el novio y los invitados. Sentados en sillas Tiffany color blanco, los amigos y familiares los recibieron con aplausos. Cuando finalmente la novia tomó el brazo de Oscar respiró aliviada, se dio vuelta y con una sonrisa dijo: ''¡Hola a todos!''.
La unión civil comenzó con unas palabras de la jueza, Luisa Tripaldi, que enseguida presentó a la primera oradora de la ceremonia: Ana María Bovo. La narradora -amiga de la pareja- contó cómo, en la mañana del 19 de agosto de 2006, comenzó la historia de amor de los novios. Fue en la plazoleta que lleva el nombre de Tato Bores, en el parque Tres de Febrero. Allí, frente al palo borracho que plantaron en honor al capocómico, Oscar y Marina se encontraron por casualidad. El actor había salido a correr y la actriz, a caminar. Desde ese entonces comenzaron a intercambiar mails y finalmente empezaron a salir. Un año más tarde, se fueron a vivir juntos y ahora, cinco años después, llegó el matrimonio.
La segunda parte de la ceremonia estuvo a cargo de Gabriela Acher. La humorista, amiga de los novios y de Tato, hizo reír a los cuarenta invitados con una parodia sobre el matrimonio. ''Habría que hablar más que de coraje, de empecinamiento. Son un claro ejemplo del triunfo de la esperanza sobre la experiencia'', dijo sobre la decisión de la pareja de volver a casarse. Para Marina, éstas fueron sus segundas nupcias. Y para Oscar, las terceras. ''Tengo la certeza de que Marina es mi mejor destino'', confesó el actor.
LA FIESTA
Cuando terminó la ceremonia civil, con su libreta en la mano, la actriz dijo con una sonrisa: ''¡Por fin, ya estamos casados!''. Entonces empezó la fiesta. ''Queríamos hacer una celebración chica, invitar sólo a los íntimos y a la familia porque ya somos dos personas grandes. La boda para cuatrocientos invitados ya la hicimos'', explicó Mariana.
El chef ejecutivo de Algodon Mansion, Antonio Soriano, preparó un exclusivo menú que incluyó opciones frías y calientes. Algunos de los platos fueron gazpacho de tomates cocidos, causa de camarones, risotto de hongos y sopa de choclo. Para el postre, el chef pastelero, Damián Betunar, realizó seis opciones de shots dulces. Y para el final de fiesta, tres tortas con crema de chocolate y naranjas, decorada con macarrones. ''Tuvimos el festejo que queríamos, íntimo y décontracté'', dijeron los novios antes de subir a la suite para pasar su noche de boda.
Texto: Julia Talevi
Fotos: Ignacio Arnedo, Paul Roger y Tadeo Jones
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