Danny Pardo: es argentino, fue empresario en EE.UU. y hoy actúa junto a John Travolta
Integra el elenco de dos films que protagoniza la estrella de Hollywood
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Cuando Danny Pardo se fue a los Estados Unidos a buscar trabajo, no sabía que iba a ser actor, y mucho menos que sería el antagonista de John Travolta en la película High rollers, que se estrenó el año pasado en nuestro país, y ahora también en la secuela: The Gentlemen Thief. Se instaló en Miami en 2001 y abrió una distribuidora de galletitas, pero a los meses quebró. Un curso de transformación personal que se llama El foro landmark, le cambió la vida. Fue entonces que se dio cuenta de que había estudiado administración de empresas casi como un mandato y recordó que, de chiquito, quería ser actor. Con un poco de suerte y mucho trabajo se le abrieron las puertas de Hollywood y participó de novelas en la cadena Telemundo, de las series Prision Break, The Shield y The Cleanning Lady, y en películas como Planes, Fire and Rescue, Pretty Obsesion, Contragolpe, Siete días en Las Vegas. En nuestro país fue parte de Alguien que me quiera, Sos mi hombre y Entre caníbales.
LA NACION conversó con el actor sobre todo ese recorrido, y además da detalles de su transformación, cuenta sus aventuras en Miami y ahora Los Ángeles, y se explaya sobre la experiencia de trabajar con Travolta, con quien forjó una amistad.
-The Gentlemen Thief es la segunda película que hacés con John Travolta, ¿cómo fue la experiencia de trabajar con él?
-Filmamos juntos durante tres semanas: una en Miami y dos en una ciudad, en el estado de Mississippi. Estuve una semana entera trabajando con John Travolta todos los días, filmando en la mansión que le pertenecía a mi personaje. La relación laboral fue excelente y, a nivel personal tenemos una muy linda relación. Se interesó mucho, quería saber acerca de mí, de mi vida, de cómo están las cosas. Me pareció muy humano, con los pies en la tierra. Cuando hicimos High Rollers y supo que yo era argentino dijo: “oh my God, me encanta Buenos Aires. Volé ahí con mi propio jet para el lanzamiento de una película en 2010 y me encantó”. Me dijo que había llevado a sus hijas a esquiar a Bariloche, que le gusta mucho la comida argentina, que Buenos Aires le pareció hermosa. Hemos hablado de su familia. Tuvimos una conexión más personal. Es alguien que se abrió a una amistad. Sin preguntárselo, me expresó su verdadero dolor de haber perdido a la mujer, de la situación del hijo. Se nota que se sintió cómodo y habló.

-Se hicieron amigos, entonces…
-Sí, y tenemos contacto vía WhatsApp ahora. Mientras filmábamos, en los tiempos libres, salíamos a caminar por los alrededores, y charlábamos. Se dio naturalmente. Se notó que había un interés de crear una relación humana. Si no, no me hubiera dado su teléfono.
-¿En algún momento te inhibió compartir trabajo y charlas con una leyenda como Travolta?
-Es una leyenda, es verdad, y lo viví con él. Vi cómo se tiene que esconder, cómo debe abstraerse de la vida normal, cotidiana que tenemos nosotros. A veces uno cree que ser famoso es genial, pero no lo es…. Es otro mundo, más aislado. Muy solitario. Me di cuenta de quién era, de que es un ser humano más allá de la leyenda. Trabajé con muchos actores que son famosos en nuestro país como Kiefer Sutherland, Michael Chiklis, David Boreanaz, Wentworth Miller, Elodie Yung, Gina Gershon, Lukas Haas, Susan Lucci, Armand Assante, Danny Trejo, Tom Segura, Steven Bauer, Tom Sizemore y Eileen Davidson, solo por mencionar algunos. Trabajé con Ed Harris también. Cada uno tiene sus personalidades, pero en el set tengo que hacer mi trabajo y no puedo dejar que ninguna estrella haga que no luzca. Trabajo a la par de ellos porque tengo que dejar mi marca.
-Sos el villano de la historia, ¿no?
-Sí, el antagonista. El personaje de John Travolta se ve envuelto en un robo que no quería hacer, pero que tiene que llevarlo a cabo hasta las últimas consecuencias. La película abre con mi personaje, Salazar, pero ellos le dicen Salzar porque a los gringos no les sale pronunciarlo. Es un traficante de obras de arte. Muy entretenida, con mucha acción. Ya se estrenó en los Estados Unidos y este año se estrena en la Argentina. Pero ya está en YouTube y seguramente se va a ver en alguna otra plataforma.

-Cuando te fuiste de nuestro país, ¿imaginaste esta vida?
-No, para nada. Es una locura. No estaba ni siquiera en la periferia de sentirme un nene de 6 años jugando a los cowboys o a los policías. Era un empresario de pelo largo y aritos, trabajé muchos veranos en Pinamar también. Soy licenciado en Administración de Empresas y Administración de Marketing, y un día me ofrecieron trabajo en una empresa americana que tiene oficinas y plantas de fabricación de aluminio en la Argentina, en Brasil, en todo el mundo. La oferta laboral era para empezar en 2001, como gerente de desarrollo de productos nuevos para el Cono Sur. Me conocían porque yo el importador y distribuidor de ruedas más grandes de la Argentina. Abrí un mercado inexistente en la Argentina para los camiones, los autobuses, los micros de larga distancia, los colectivos, los trailers de carga, y le vendía a todo el mundo esa rueda. Un día se enteraron que yo había renunciado porque quería irme a estudiar un máster en Estados Unidos, me invitaron a comer a la Rosa Negra, frente del hipódromo de San Isidro, y me hicieron una propuesta de trabajo. Finalmente, a último momento eso no se dio porque no podían contratarme. La verdad es que no veía un futuro para mí en la Argentina en ese momento, y me contacté con un francés al que había conocido en un viaje a Miami y siempre me decía que teníamos que hacer algo juntos. Lo llamé y abrimos una distribuidora de galletitas. Nos iba genial hasta la tragedia del 11 de septiembre y todo cambió; tuvimos que cerrar.

-¿Y ahí que hiciste?
-De todo. Trabajé de lo que conseguía. Fui valet parking… Llegué a estar casi en situación de calle. Hasta que hice un curso de transformación personal que se llama El foro landmark, y me cambió la vida. A partir de ese momento se me abrieron muchas puertas.
-Tenés una vida bastante nómade, ¿hicieron un pacto cuando se conocieron con tu esposa?
-Algo así (risas). Ana Amortegui es colombiana y nos conocimos trabajando en una película. Ella hacía la dirección de arte y fotografía, y yo actuaba. Tenemos una hija de 8 años, Mila… No tengo una oficina adonde ir, manejo mis propios horarios, mis propios trabajos. Tratamos de congeniar los proyectos y, hasta ahora, lo logramos. Nuestra vida es como un Tetris (risas). Tenemos una vida bastante nómade porque si bien estamos en Los Ángeles, también es cierto es que vamos a donde está el trabajo. Durante casi un año estuvimos en Albuquerque porque hice diez episodios de la cuarta temporada de la serie La chica que limpia. Volvimos a Los Ángeles por seis meses y después nos instalamos en Chicago porque a mi mujer la contrataron para filmar allí. Y ahora nos vamos a Nueva York porque ella va a hacer un documental y yo también tengo un proyecto.
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