La primera dama porteña viajó con su beba a Punta del Este, donde la esperaba su hija mayor. En la chacra de su ex, las tres compartieron un fin de semana "de mujeres solas"
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Juliana Awada (37) celebró la llegada de 2012 junto con su familia en el Tortugas Country Club. Después del brindis de medianoche, la primera dama porteña levantó su copa e improvisó un breve balance de 2011. "Lo único que puedo hacer es agradecer por todo lo lindo que me tocó y me toca vivir: el casamiento, haber sido madre nuevamente, tener amor, que las personas que quiero estén sanos y bien… No tengo nada que pedir", dijo la mujer de Mauricio Macri (52).
Al día siguiente, el 1o de enero, Juliana terminó de preparar la valija de su hija Valentina (8), quien al mediodía voló hacia Punta del Este para disfrutar de sus vacaciones –todo enero– junto con su padre, Bruno Barbier, en la chacra que el empresario belga tiene en José Ignacio. Antes de despedirse, madre e hija acordaron que a mediados de mes se reencontrarían para pasar unos días juntas y así evitar que la distancia se les hiciera demasiado larga…
MOMENTOS COMPARTIDOS

El jueves pasado, Juliana, su pequeña hija Antonia (3 meses) y su sobrina Delfina Rossi abordaron un vuelo privado con destino inequívoco: el aeropuerto Laguna del Sauce. Recién aterrizadas, sin perder un minuto, se dirigieron a la chacra de Barbier. Todo se dio de manera perfecta para que Juliana pudiera disfrutar del "programa de mujeres solas" que tenía planeado desde comienzos de año. Su ex marido debió viajar a Buenos Aires por temas laborales y le cedió la tranquilidad de la casa ubicada cerca de La Colorada –la chacra de Shakira que hoy disfrutan los hermanos De la Rúa– para que Juliana pasara dos días a puro amor con sus hijas. "Con Bruno tenemos una excelente relación, nos llevamos muy bien", asegura la primera dama porteña. Por su parte, Macri estaba de viaje en Chile para reunirse con el presidente Sebastián Piñera.
El viernes, Juliana y Valentina aprovecharon la mañana para bajar a La Mansa de José Ignacio. Mientras su madre se dispuso seguir adelante con la lectura del best seller Steve Jobs. La biografía, la pequeña Barbier aprovechó para jugar con las olas. Después, Juliana se sumó al juego y se las pudo ver compinches y muy sonrientes. "Siempre busco darles mucho afecto a mis hijas. El amor y la educación son los tesoros más grandes que puedo entregarles. Mi mamá trabajó y sigue trabajando muchísimo y, aunque siempre está cuando la necesito, yo no pude disfrutar de ella como Valentina lo hace conmigo ahora. Yo llevo a Valen al colegio, acá, allá, a sus clases de tenis… Estoy con ella todo el tiempo que puedo", cuenta Juliana cada vez que le preguntan por el rol que más placer le da desempeñar: el de madre.

El viernes por la tarde compartieron la paz de la chacra con amigos. Antes de que llegaran los invitados, Juliana y Valentina fueron hasta Medialunas Calentitas para tener algo rico a la hora del té. "Fueron dos días muy tranquilos, rodeados de naturaleza y de un paisaje increíble", resume la empresaria de la moda. Al atardecer, Juliana salió a pasear con su beba y su sobrina Delfi. "Tener un hijo es un acontecimiento único, y ser madre es lo más lindo que le puede pasar a una mujer. Antonia es una beba muy buena y, por suerte, también está Valentina, que me ayuda muchísimo. Si bien yo fui mamá por primera vez a los 28, siempre fui muy relajada y nada me da más placer que dedicarme a mis hijas. La tarea de ser mamá es algo maravilloso", asegura Juliana.
Por la noche, después de dormir a sus hijas, la mujer de Macri se hizo una escapada hasta La Huella para comer con su hermano Daniel y su novia Yanina Solnicki. "Cada uno tiene su vida y sus ocupaciones, pero con mis hermanos somos muy compañeros y nos tenemos mucho afecto", repite siempre Juliana.
El sábado a la mañana, horas antes de regresar a Buenos Aires, Awada y sus dos hijas decidieron darle una gran sorpresa a Franco Macri y lo visitaron en su departamento de Manantiales. "Mi suegro es una persona divina y muy agradable", dice. Después, las tres siguieron con su programa de mujeres solas y almorzaron en la chacra de Barbier. Cerca de las cinco de la tarde, Juliana y Antonia se subieron a un avión para reencontrarse con Mauricio en la casa que comparten en Barrio Parque.
TIEMPOS DE CAMBIO

Hace apenas un par de semanas, Juliana decidió retomar lentamente la rutina que tenía antes de que naciera Antonia. Por estos días se la puede ver por las oficinas que Awada, la marca de ropa que lleva adelante con su familia, tiene en Palermo. Pero hay algo que la tiene más entusiasmada: darle los últimos toques al departamento ubicado sobre la avenida del Libertador, donde se mudará con Mauricio y sus hijas a fin de mes. "Es muy lindo armar una casa nueva. Me gusta mucho la decoración", admite. Y luego aclara: "Me encanta trabajar, pero también acompañar a mi marido… Mi prioridad siempre va a ser mi familia, así que voy a tener que repartirme".
Juliana también tiene por delante dos momentos muy especiales: la fiesta de cumpleaños de Valentina, el 12 de febrero, y el bautismo de Antonia, que será en marzo próximo. "Más allá de mi matrimonio con Mauricio, trato de seguir siendo la misma. Mi vida cambió porque tengo más exposición pública, pero en el día a día, hago las cosas que hacía antes de casarme: voy al supermercado, camino tranquila por la calle… La humildad es una de las cosas que más se transmite, y es lo que le llega a la gente", concluye Juliana.•
Texto: Sebastián Fernández Zini
Fotos: Ignacio Arnedo, KinoBovio y Paul Roger
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