
La actriz de Grease que perdió a su marido hace 12 años y vive aislada desde entonces
Stockard Channing habló de su vida aislada en Londres, a donde se mudó tras la muerte de su pareja, Daniel Gillham
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Tras más de cuatro décadas dedicada al cine y al teatro, la actriz Stockard Channing, de 82 años, aún acepta papeles; el último de ellos, Hechizo de amor: La magia continúa, la segunda parte de la película de 1998 que se estrenará el próximo 10 septiembre en los cines de la Argentina.
En la continuación de este film de Griffin Dunne, una de sus películas más conocidas, Channing vuelve al papel de Frances, la más atrevida de las dos tías que aconsejan en el amor a Sandra Bullock y Nicole Kidman, protagonistas de la comedia romántica también en su continuación. Sobre el amor, en cambio, parece que la intérprete, que saltó a la fama por su papel de Rizzo en Grease (1978), ya tiene pocos consejos que dar; o quizás sea al contrario porque, 12 años después de la muerte de su última pareja, la veterana actriz aún siente una tristeza que la llevó a aislarse voluntariamente, como contó ella misma en un ensayo para The Sunday Times, publicado el pasado 5 de agosto.

En su texto, Channing, que actualmente vive en Londres con su perro Benny, cuenta cómo es su día a día, alejada de los Estados Unidos desde que se mudó sola a Nueva Inglaterra “poco antes de la pandemia”. Como ella misma admite, la muerte de Daniel Gillham, su pareja durante décadas, el 14 de mayo de 2014, “fue más devastadora de lo que imaginaba. Tuvo un efecto retardado”. Y, explica, su vida “dio un giro”. Tras cuatro matrimonios, la intérprete había encontrado en Gillham a su pareja definitiva cuando se conocieron durante la película Tú eres mi destino, de 1988.
“Vivo sola desde que perdí a Daniel y soy feliz en mi soledad”, confiesa en el ensayo para The Sunday Times, en el que hace además un análisis de su vida sentimental antes de conocer a quien fuera su amor definitivo: “Me casé cuatro veces antes de Daniel y cada matrimonio representa una etapa de mi vida. Crecí en los sesenta, reaccionando a esa visión reprimida del matrimonio y la sexualidad propia de los cincuenta, —un poco como Rizzo—”. Sobre los hijos que nunca tuvo, dice: “Pensé en tener hijos y, sí, pienso en ellos ahora porque sería genial tener a alguien que me cuidara. Aunque, bueno, los niños pueden ser tan egoístas como cualquiera”.

En su nueva y apartada vida, que concede haber estado también motivada por razones ideológicas, en concreto “con la elección de [Donald] Trump y la forma en que la política ha cambiado en los Estados Unidos”, la actriz no se levanta de la cama hasta que su perro le pide comida y el cuerpo le pide un café. Luego, cuenta, vuelve al lecho, donde “llevo años escribiendo un diario. Me siento allí con mi pluma estilográfica y mis pensamientos. ‘¿Qué siento sobre esto o aquello?’. Solo me levanto de la cama cuando necesito ir al baño".
“El almuerzo es mi primera comida del día y puedo seguir una receta, pero si mi ramen no me sale bien, se lo doy al perro”, continúa esta especie de diario, en el que cuenta también que “por la noche cocino o preparo una ensalada” y que “puede que lea y me duerma sobre las once”. Una vida relajada y apartada de todo que no evita momentos complicados: “¿Siento ansiedad alguna vez? Claro, pero ese es el precio que se paga por deshacerse de lo superfluo", relata.
Sobre su vida sentimental, en 2025 ya confesó a The Sunday Times que no estaba interesada en encontrar otra pareja: “No, creo que sería un verdadero fastidio. Me estoy consolidando, muchas gracias”.
El trabajo parece lo único que la saca de su letargo: además de volver a participar en la historia sobre la familia de mujeres brujas, a finales de año dirigirá una producción de la obra de Samuel Beckett, La última cinta de Krapp: “Pero no estoy segura de si haré algo más después. Actuar es como todo en la vida, nunca sabés lo que va a pasar”, sentencia.

