La impactante experiencia hippie de Julián Weich junto a su hijo en Panamá

Julián Weich compartió una impactante experiencia junto a su hijo Jerónimo
Julián Weich compartió una impactante experiencia junto a su hijo Jerónimo Crédito: Twitter
El conductor contó que vivió un cumpleaños muy particular y con escasas comodidades, pero muy feliz
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17 de junio de 2017  • 16:17

Es difícil de imaginar, pero Julián Weich pasó una semana durmiendo en la calle y viviendo de las monedas que ganaba su hijo haciendo malabares. Él mismo lo contó en una entrevista, y reveló qué fue lo que lo llevó a vivir semejante experiencia.

En diálogo con el programa radial Perros de la Calle, Julián contó cómo comenzó la historia: "A los 19 años Jerónimo decidió irse de mochilero con rumbo desconocido. Dejó el trabajo, sus estudios de cine, el gimnasio, el rugby. Al padre, a la madre, la familia... Dejó todo. No me dio mucho tiempo de regañarlo porque casi que se fue al día siguiente de que nos contó. Lo apoyé, siempre le dije ‘sí, dale’. Después me di cuenta de que tendría que haberle hecho algunas preguntas antes. A los tres días de mochilero estaba en Bolivia, y todo a dedo o en micro. Al principio él tenía algo de plata propia, hasta que en un momento le dije basta a la tarjeta".

En ese momento, Jerónimo empezó a vivir de lo que ganaba haciendo malabares. Entonces, llegó el cumpleaños número 50 de Julián, y quiso pasarlo junto a su hijo. "Cuando el año pasado cumplí los 50, la idea era ir a visitarlo. Le dije que iba a visitarlo con mochila para vivir su vida. Me fui a vivir una semana a Panamá, a hacer malabares y vivir con él. Fue una experiencia increíble. Dormimos en la calle, en la playa, y mientras él hacía malabares y yo pasaba la gorra", recordó.

Lejos de recordarla como una mala experiencia, el conductor aseguró que lo disfrutó muchísimo. "En Panamá, que el clima es cálido, es fácil dormir en la calle. No como un homeless, pero nos colamos en un parque nacional y armamos la carpita ahí, otro día fuimos a una playa. Así tres o cuatro días. Después, dormimos en un hostel, porque nos teníamos que volver. Fue una experiencia alucinante. Me hubiera quedado a vivir, porque uno se da cuenta no se necesita nada para vivir, que es más fácil vivir de lo que uno vive porque no teníamos celular ni las comodidades y éramos felices", señaló. Hoy Jerónimo vive en Buenos Aires y sigue ganándose la vida haciendo malabares en el barrio de Belgrano.

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