
Majo Riera, la mamá de Lali: su nuevo proyecto, cómo maneja el dinero de su hija y el consejo que le dio en su peor momento
En diálogo con LA NACION por el estreno de Bien de familia, su nuevo ciclo en Flow, la productora habló de la relación con su hija y su historia de vida
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Durante más de dos décadas, Majo Riera acompañó de cerca la carrera de Lali Espósito, desde los primeros pasos como actriz hasta los grandes estadios. Lo hizo como madre, como productora y como parte de un equipo que fue creciendo al mismo tiempo que la exposición de su hija.
Hoy, sin embargo, ya tiene su lugar propio. Este jueves 27 de agosto estrenó Bien de familia, una serie documental de siete episodios en Flow, en el que se pone al frente de una serie de entrevistas a madres de figuras de la música como Duki, Nicki Nicole, Tiago PZK, Milo J, Emilia Mernes, Mau, Ricky y Evaluna Montaner, entre otros, y convierte en pregunta algo que ella conoce desde adentro: qué significa acompañar a un hijo cuando la fama modifica la vida familiar, el trabajo y la intimidad.

En diálogo con LA NACION, Riera habló de ese recorrido, de cómo es trabajar con su hija y el modo en que separan los vínculos familiares de las decisiones profesionales, del casamiento de Lali con Pedro Rosemblat y de cómo atravesó las agresiones que recibió la cantante tras sus cruces con Javier Milei. También hubo espacio para su propia historia: el cáncer, la separación después de más de tres décadas, su presente sentimental y la vida que construyó en los últimos años.
“Nadie te explica qué hacer”
—¿Cómo surge Bien de familia?
—En 2019 me convocaron para producir una obra que venía de una serie de Nickelodeon, Club 57. Cuando fui a la reunión estaba Marlene Montaner. La imagen que yo tenía de ella era la que tiene todo el mundo desde afuera: la matriarca. Y conocí a una persona fabulosa, artista plástica, con una actividad filantrópica espectacular, que escribió siete libros. Ahí dije: “Che, detrás de estas familias, de estos artistas, hay un montón de gente haciendo un montón de cosas que nadie conoce. Estaría bueno visibilizarlos”.

—¿Y ahí apareció la idea del programa?
—También había un amigo mío que me venía diciendo: “Dejá que te vea el seguidor”, porque yo siempre estaba detrás y él decía que tenía que hacer algo adelante. Esa conjunción de cosas me llevó a pensar en Bien de familia. Mi primera entrevistada fue Marlene. Llamé a mi amiga [la productora y directora] Loli Miraglia y le dije: “Che, ¿hacemos esto?”. Lo produjimos nosotros, pusimos el dinero nosotros y salimos en esta búsqueda.
—Después de entrevistar a todas estas madres, ¿encontraste un denominador común?
—Sí. Todas estaban ahí acompañando porque sus hijos se lo habían pedido. Después fui encontrando historias de vida muy particulares. Sandra Quiroga, la mamá de Duki, me parece una persona fuerte, plantada, segura. Griselda Lescano, la mamá de Tiago, tiene una historia muy potente, signada por la violencia de género: se escapó sola con sus hijos una noche y hoy está estudiando para poder acompañar a su hijo en su carrera. Lili, la mamá de Nicki, cuando se separó tuvo que salir a trabajar de niñera y terminó trabajando con su hija. La mamá de Milo trabajaba en derechos humanos en la Municipalidad de Morón y pensaba que su hijo era youtuber y terminó descubriendo a Milo J...

—¿Qué es eso que nadie te explica cuando un hijo empieza a hacerse famoso?
—Nada. Uno se guía mucho por el sentido común. Vos a tu hijo lo conocés: sabés cuándo está incómodo, cuándo está cómodo, cuándo está contento o triste. Como cuando mirás a un amigo de tu hijo y decís: “Este amigo no me gusta”. Con lo profesional también pasa. Por supuesto que entre los mánagers hay gente bárbara, pero también tenemos casos como el de Paulo Londra, que la pasó feo. Nadie te enseña. Es fluir, vivir lo cotidiano e ir aprendiendo.
—Si pudiéramos partir a Majo en dos y sentar de un lado a la conductora y del otro a la mamá de Lali, ¿qué te preguntarías?
—Cómo hace para permanecer en ese lugar tan finito entre la exposición y lo privado.
—¿Y quién es Majo cuando no es “la mamá de Lali”?
—La mamá de Lali soy siempre. Y siempre soy la mamá de Pato, la mamá de Ana y la abuela de Beltrán y Santino. Eso es lo primero que soy. Después creo que soy una mina trabajadora, honesta, buena amiga, una persona con ganas y con proyectos. Tengo una vida tranquila. Elegí esa vida. Esa soy.
“Mi hija es mi jefa”
Lali tenía 10 años cuando ingresó al universo de Cris Morena y desde ahí no paró de trabajar. Su madre, inicialmente, no quería que fuera a aquel casting. Hoy, más de dos décadas después, la relación entre ambas tiene una particularidad: son compañeras de trabajo.
—¿Cuándo dimensionaste realmente hasta dónde había llegado Lali?
—No sé si podría decirte un momento. Pero sí la repercusión de lo que ella dice y de su presencia, sobre todo desde hace alrededor de cuatro años. El rebote que puede tener lo que dice o hace.
—Dijiste alguna vez: “Mi hija es mi jefa”. ¿Cómo hacen para separar a la madre y la hija de la productora y la artista?
—Es un trabajo de las dos. A esta altura ya nos tenemos el tiempo tomado. Cuando la cosa se picantea un poco separamos las aguas, sabemos cuál es el tiempo de la otra y dejamos el tema para seguirlo otro día. Por lo general no tenemos tanto roce porque este es el proyecto de ella. Si tiene el deseo de hacer algo, será lo que ella decida. Bien de familia es mi proyecto y yo hago lo que quiero con eso. Ella, con su carrera, hace lo que quiere.

—¿Cuál es tu rol concretamente?
—Yo me ocupo de las cuestiones contractuales y la parte financiera, no de la artística. Ella planea el show con su equipo, con su mánager y con los músicos. Después me dicen: “Queremos hacer esto”, y ahí vemos si existe el presupuesto, si se puede realizar. Yo como presidenta de la compañía digo: “Esto no se puede hacer porque es la manta corta: si nos tapamos la cabeza, nos destapamos los pies”. Si ella quiere gastarse todos sus ahorros, mi rol es decirle: “Che, mirá que quizá es mucho...”. Después la decisión es de ella.
—¿Sentis que son parecidas en personalidad?
—Mucho. Ella dice que yo soy cabeza dura y yo digo que ella es cabeza dura. Tenemos un humor muy parecido, nos une mucho la música y las dos somos muy amigueras. Nos parecemos en muchas más cosas de las que ella quisiera, creo.

—¿Y fuera del trabajo cómo es la relación?
—Tomamos mate, comemos asado, tomamos un vino, salimos a comer. Hay grupos de WhatsApp de toda la familia, grupos de primos, de hermanos y grupos de ellos en los que yo no estoy. No tengo la menor idea de lo que pasa ahí y así tiene que ser.
Del catering casero a River
Mucho antes de River, de los equipos multitudinarios y de las grandes producciones, hubo otro comienzo. Cuando Lali decidió desarrollar su carrera musical solista, el proyecto tenía una escala artesanal y familiar.
—Lali dijo alguna vez: “Sin Majo, nada”. ¿Qué te pasa cuando la escuchás reconocer de esa manera tu lugar en su carrera?
—Eso me emociona mucho. Cuando empezó este proyecto me pidió ayuda: “Che, dame una mano con esto”. Después fue una joda y terminamos donde estamos hoy.
—¿Cómo eran esos primeros tiempos?
—Yo hacía el catering, lavaba la ropa de las bailarinas, llevaba cosas de mi casa para ambientar los videoclips. Cargaba el auto, llevaba, ponía, sacaba. Para “A bailar” pintamos el piso de un estudio, no se secaba y pasamos toda la noche con ventiladores. Usamos plata que no teníamos para comprar un telón que todavía guardo. El otro día me lo pidieron para un video y dije: “¿Vieron? Tanto que me cargaban con el telón”.
—El contraste apareció años después, en River...
—Entré al comedor después del show y había 200 personas cenando, con comida para todas las necesidades. Me paré ahí y fue como: “Lo logré”. Por supuesto que yo sola no. Pero me acordé de cargar tartas en el auto, llevar ensaladas en un táper, comprar platos descartables y lavar la ropa de los bailarines en casa. Así, artesanalmente, empezó este proyecto; entonces, donde estamos hoy nos da mucho orgullo.
El casamiento de Lali y Pedro Rosemblat
En enero, Lali anunció su compromiso con Pedro Rosemblat. La decisión sorprendió a muchos de sus seguidores porque durante años la cantante había expresado cierto rechazo al matrimonio.
—¿Cómo reaccionaste cuando te contó que se casaba?
—Me sorprendió. Puedo entender que hoy está viviendo un amor diferente y que quizás por eso toma la decisión de ponerle este sello, como de otro peso. La veo muy enamorada y a Pedro lo veo muy enamorado. Me parece que ellos matchean muy bien.

—¿Te gusta la decisión?
—Me parece que está bien que viva lo que quiera vivir. Si hoy se quiere casar, que lo haga.
Milei, las agresiones y un consejo
Desde fines de 2023, Lali quedó en el centro de una confrontación política con Javier Milei. Riera atravesó aquellos meses no solo como parte del equipo de la artista sino, fundamentalmente, como madre.
—Lali contó que en medio de aquella situación vos le diste un consejo. ¿Cuál fue?
—Que el tiempo acomoda todo y pone todo en su lugar. Más o menos tiempo, pero en algún momento. Y creo que, desde 2023 hasta hoy, a las pruebas me remito. Por lo menos es mi opinión y pido que se me respete porque yo respeto las opiniones de los demás. Eso es un poco lo que nos está pasando: si uno opina diferente, o sos de un lado o sos del otro. A mí no me gusta ninguno de los dos lados. Pero nunca voy a estar en un lado donde no se respeten los derechos de la gente, de las minorías, de las personas con discapacidad, de los jubilados o de los homosexuales. Cada uno vive como puede y elige lo que quiere.
—¿Cómo te impactó ver a tu hija recibiendo ese nivel de agresión?
—Primero pensé: “¿Cómo puede ser esta reacción tan desmedida?”. Después, como ella estaba muy tranquila con su decir y con su opinión, me quedé tranquila.
—¿Cómo te llevás con las redes sociales?
—No me es ajeno lo que pasa ahí: las consumo y las uso yo misma. Pero trato de no leer comentarios. Tengo un mantra: “No contestar, no contestar, no contestar”. Porque yo no sé ni quién es la persona que está escribiendo eso, entonces no me importa. Y si fuera alguien que me importa, lo llamaré y le preguntaré por qué puso lo que puso. Yme pasó ver a algún periodista criticar duramente algo y después cruzármelo y que me diga: “Ay, ¿nos hacemos una foto?”. Las redes no son la verdad de la milanesa.

Hace cinco años, Riera atravesó un cáncer de mama y, durante ese proceso, tomó también la decisión de separarse después de más de tres décadas de matrimonio. Aquella etapa terminó modificando la forma en la que encara su presente y también se convirtió en materia de escritura: años más tarde publicó Fue un buen verano, el libro en el que reconstruyó parte de ese proceso personal.
—¿Cuál fue la clave para salir adelante?
—Querer vivir. Básicamente, nada más que eso. Y lo que tenía alrededor para vivir: mis hijos, mis amigos, cosas buenas. Creo que fueron las ganas de vivir y la vida que tengo. Me da placer estar acá contando este proyecto, comer con una amiga, tomar mate, jugar al pádel, hablar con mis hijos. Tengo una vida muy linda. Tuve que atravesar todo eso para pasar por un tamiz grande y dejar lo que no quería más en mi vida.
—Y hoy, ¿hay lugar para el amor en tu vida?
—¿Sabés que no? Porque no estoy atenta. Me dicen: “Che, ¿sabés que tal te tiró onda?”, y yo con el dedo en la nariz, no me entero.
—¿Estás muy bien sola?
—Estoy tan bien… Yo hago un chiste que es verdad: tengo las bombachas acomodadas por color. Imaginate si voy a querer a alguien en mi casa. El control es mío, como lo que quiero, hago lo que quiero. Ojo, eso no quiere decir que si mañana me cruzo con alguien con quien matcheamos y viene a sumar cosas a mi vida... No estoy cerrada, pero no estoy en la búsqueda ni me pesa. Tengo una vida súper activa. No tengo el hueco de la soledad.
Antes de terminar, la conversación vuelve inevitablemente a sus hijos. Riera insiste en que, más allá de la exposición de Lali, su mayor orgullo pasa por otro lugar.
“Tengo tres hijos”, recalca. Ana construyó su propio camino como comunicadora y performer; Pato eligió mantenerse fuera de la exposición y Lali vive desde muy joven bajo la mirada pública. “Mi orgullo es que mis hijos sean buena gente, más allá de lo que hagan o de sus profesiones. Ese es el éxito”.
—Si Lali estuviera sentada acá y yo le preguntara quién es Majo para ella, ¿qué te gustaría que respondiera?
—[Riera hace silencio unos segundos. Tiene clara la idea, dice, aunque le cuesta encontrar las palabras]. La que me llevó a la música. Yo no concibo la vida sin música. Cuando ella era chiquita la sentaba y le contaba las canciones Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina. Le decía: “Esta canción quiere decir esto, acá pasa esto otro”. Y 30 años después se acuerda.
Esa pequeña Mariana escuchaba esos relatos y después se paraba frente al espejo para convertirlos en mundos imaginarios, muchas veces junto a su hermana Ana, que armaba coreografías. Quizás, piensa Majo, una parte de todo lo que vino después haya empezado ahí. “Me gustaría ser la música de su vida”, concluyó.
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