Mariska Hargitay: del efecto Olivia Benson a su amistad con Taylor Swift y su rol en los Emmy
A los tres años sobrevivió al accidente en el que murió su madre, Jayne Mansfield; a los 62, es la actriz mejor paga de la televisión gracias a La ley y el orden, que lleva 27 exitosas temporadas
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Mariska Hargitay vestida de rojo y riendo a mandíbula batiente mientras sostiene un Emmy en cada uno de sus musculosos brazos es la viva imagen de la felicidad, del éxito, del poderío. Es la imagen que la actriz, productora y directora estadounidense, de 62 años, compartió con sus 3,8 millones de seguidores de Instagram para celebrar que el pasado 5 de septiembre fue galardonada por partida doble en los Creative Arts Emmys —la ceremonia previa a la gala principal que reconoce logros técnicos y artísticos de la televisión— por su documental Jayne Mansfield, mi mamá.
Esta producción narra su búsqueda por comprender y aceptar a su madre, la actriz Jayne Mansfield, fallecida a los 34 años en un accidente de tránsito al que Hargitay, entonces de tres, sobrevivió. “Esto ha ocurrido...”, escribió junto al retrato triunfal. Pero su gran noche es este lunes, cuando se suba al Peacock Theatre de Los Ángeles como flamante presentadora de la 78º edición de los Emmy.
“Creo que una de las cosas más importantes es que, parafraseando a Frank Sinatra, tengo que hacerlo a mi manera”, aseguraba la actriz a The Hollywood Reporter días atrás, cuando desenrolló la alfombra azul por la que desfilarán los invitados a la gala. “Soy una presentadora muy diferente, poco convencional, y eso me encanta porque no soy comediante, así que no estamos tratando de hacer eso. Tenés que mostrarte tal y como sos, en tu mejor versión, y eso es lo que estoy haciendo”, adelantó Mariska, que ha trabajado en su guion con el equipo de The Late Show with Stephen Colbert, programa cancelado el pasado mayo después de 33 años.
Hargitay será la primera mujer en conducir la gala en 15 años. A lo largo de las casi ocho décadas de premios de la televisión, solo otras tres han tenido este privilegio: Ellen DeGeneres en 2001 y 2005; Heidi Klum —junto a Tom Bergeron, Howie Mandel, Jeff Probst y Ryan Seacrest— en 2008 y Jane Lynch en 2011. “Pocas actrices han dejado una huella tan profunda en la televisión como Mariska”, justificó la decisión Jen Neal, vicepresidenta ejecutiva de eventos de la NBC. “Durante 27 temporadas, ha aportado fuerza, compasión y humanidad a uno de los personajes más queridos de la televisión. No podemos pensar en nadie más apropiado para celebrar el increíble legado de la televisión”, aseguró. Neal ni siquiera mencionó el nombre del personaje al que se refería porque en Estados Unidos no hace falta aclarar que se trata de Olivia Benson, la fuerte, empática e incorruptible detective de La Ley y el orden a la que Hargitay ha interpretado desde 1999 en más de 600 episodios.
Este papel le valió un Globo de Oro a mejor actriz en 2005 y su primer Emmy en 2006 —ganó otro a mejor documental en 2017 por Soy una prueba, en el que revelaba el impresionante número de casos de violación sin procesar que hay en Estados Unidos—. “Interpretar a Olivia Benson me ha cambiado de muchas maneras. Lo veo como la historia feminista perfecta: empecé aquí y fui madurando hasta convertirme en este personaje y en esta persona, tanto delante de cámaras como fuera de ellas. Cuando estaba empezando quería algo, pero no era consciente de mi propio poder ni de lo que era capaz de hacer”, comentó Hargitay en octubre de 2025 durante el festival Shine Away, organizado por Reese Witherspoon.

Antes del #MeToo
La línea que separa a la actriz de su personaje es más fina con cada nueva temporada. En la ficción, Benson lidera la Unidad de Víctimas Especiales de Manhattan, donde investigan los delitos de carácter sexual. Antes del estallido del movimiento #MeToo, su personaje ya había establecido la premisa de siempre creerle a las víctimas y transmitir capítulo tras capítulo que la culpa de una agresión es exclusivamente del agresor.
El efecto Olivia Benson fue tan brutal que no solo inspiró a mujeres a romper el silencio y buscar ayuda, sino que muchas buscaron esa ayuda en la propia Hargitay, que recibió miles de cartas de víctimas de violaciones y abusos. “El hecho de que estas personas revelaran algo tan profundamente personal, a menudo por primera vez, a alguien a quien solo conocían como un personaje de televisión, me demostró lo desesperadas que estaban por ser escuchadas, creídas, apoyadas y sanadas”, aseguró en 2017.
Esto motivó a Hargitay a fundar en 2004 Joyful Heart Foundation, una organización para “transformar la respuesta de la sociedad ante la agresión sexual, la violencia machista y el abuso infantil”, según explica su web. Uno de los principales logros de la fundación fue conseguir que en mayo se aprobara en Estados Unidos una reforma legislativa para erradicar la acumulación de pruebas sin analizar de los rape kits —los materiales para recolectar pruebas físicas y biológicas del cuerpo de una persona tras una agresión sexual—. “Hoy es un día decisivo para todas las supervivientes que se han preguntado si su kit de recogida de pruebas de violación había quedado olvidado, si su verdad había quedado abandonada en un estante o si tenían alguna esperanza de obtener justicia”, celebró la intérprete en un comunicado.
En enero de 2024, ella misma compartió un largo ensayo con la revista People en el que revelaba un caso de violación que vivió en primera persona. “Un hombre me violó cuando tenía treinta y tantos años”, comenzaba. “Era mi amigo. Luego dejó de serlo. Intenté por todos los medios escapar. Intenté hacer bromas, ser encantadora, poner límites, razonar, decir que no. Me agarró de los brazos y me inmovilizó. Estaba aterrorizada. No quería que la situación escalara a violencia. Ahora sé que ya era violencia sexual, pero temía que se volviera físicamente violento. Me quedé paralizada, una respuesta común al trauma cuando no hay escapatoria. Me desconecté de mi cuerpo”, confesó días antes de cumplir 60 años. “Me siento renovada y rebosante de compasión por todas las que hemos sufrido. Y sigo en constante evolución, con orgullo”, concluyó su relato.
Mariska Hargitay/Olivia Benson ha inspirado a varias generaciones de mujeres que han tomado su liderazgo como ejemplo. Para muestras, Taylor Swift, que ha pasado de ser superfan del personaje de La ley y el orden —en 2014 le puso su nombre a una de sus gatas— a convertirse en una gran amiga de la intérprete —quien en 2023 le devolvió el gesto llamando Karma, título de una canción de Swift, a su nueva gata—. Ambas mantienen una estrecha amistad que incluye varias apariciones virales, como la que protagonizaron el pasado 10 de junio, cuando acudieron juntas a un partido de las finales de la NBA entre los New York Knicks y los San Antonio Spurs.
En 2015, la actriz formó parte del famoso elenco del videoclip de “Bad Blood” de la cantante, en el que también aparecen Selena Gómez, Lena Dunham, Gigi Hadid y Zendaya. “Fue divertidísimo formar grupo con todas esas chicas geniales y supermodelos. Fue lo más divertido que he hecho nunca”, reconoció Hargitay.
Dos años después, tras ganar un juicio por agresión sexual contra el exlocutor David Mueller, Swift hizo una generosa donación —nunca especificada— a la fundación de su amiga. “Espero que la donación y el compromiso de Swift no solo ayuden a empoderar a otras víctimas para que alcen la voz y actúen, sino que también les ofrezcan solidaridad”, expresó Hargitay.
Una infancia marcada por la pérdida
Los fans de La ley y el orden conocerán de sobra la traumática infancia de Benson, pero la de la actriz que la interpreta tampoco se queda atrás. Hargitay es hija del culturista Mickey Hargitay y la actriz Jayne Mansfield, todo un símbolo sexual en los cincuenta y los sesenta —protagonista de la icónica foto en la que Sophia Loren mira de reojo su escote—. La presentadora de los Emmy y dos de sus hermanos viajaban en la parte trasera del coche que se estrelló contra un camión en el trágico accidente que acabó con la vida de Mansfield y otros dos adultos —su novio, Sam Brody, de 40 años y el chofer, Ronnie Harrison, de 20—. “En mi vida, he intentado evitar el dolor, la pérdida y los sentimientos. Pero he aprendido a afrontarlos de lleno, porque tarde o temprano hay que pagar las consecuencias. No digo que sea fácil, y desde luego no lo ha sido para mí. Ha habido mucha oscuridad. Pero al otro lado, las cosas pueden ser muy luminosas”, confesó Hargitay a People en 2018.
En el lado luminoso está su familia. La actriz se casó en 2004 con su compañero de Ley y orden Peter Hermann (Nueva York, 59 años), con quien dos años después dio la bienvenida a su primer hijo, August. En 2011, la pareja adoptó a otros dos hijos, Amaya y Andrew. “Nuestra familia es perfecta, o al menos es perfecta para mí. Juntos somos una unidad completa, feliz, alegre, caótica y un poco loca. Nunca he conocido nada mejor”, aseguró en su entrevista con People. “Estoy muy agradecida de ser una madre mayor. No sé si lo habría podido soportar cuando era más joven”, admitió al mismo medio en 2024, tras haberse convertido en madre primeriza a los 42 años.
Mariska Hargitay no ha necesitado transformarse en una gran estrella de Hollywood para triunfar. En 2025, Forbes publicó que era la segunda actriz mejor pagada del año anterior, solo por debajo de Nicole Kidman y por delante de Scarlett Johansson. “Es la actriz mejor pagada de la televisión por un amplio margen. Se calcula que gana unos 750.000 dólares por episodio entre interpretación y producción, así como una parte de los considerables beneficios de sindicación de la serie [la más longeva de la televisión estadounidense emitida en prime time]”, argumentó la revista especializada en negocios.
Interpretar a Olivia Benson le ha dado a Hargitay su fama, su inmensa fortuna —estimada en 100 millones de dólares—, su familia y una causa social que defender. Este lunes estará rodeada de colegas que ansían llevarse un premio a casa, pero ella es el ejemplo de que un único papel bien llevado puede cambiarte la vida mucho más que ganar un Emmy.
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