
Matías Alé: de su romance con Graciela Alfano a las internaciones que marcaron su vida y su nueva historia de amor
En una charla íntima con LA NACION, el actor repasa su trayectoria, habla de los problemas de salud mental con los que tuvo que lidiar y cuenta cómo reconstruyó su vida personal y profesional
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Si hay una palabra que identifica a Matías Alé es la resiliencia. De chico quería ser popular, y también piloto de avión. Cumplió los dos sueños. Hizo teatro, televisión, cine, radio. Se enamoró. Estuvo internado en un psiquiátrico y vio cómo su vida color de rosa se teñía de negro. Alcanzó la punta más alta y estuvo en el pozo más profundo. Y siempre salió adelante.
Hoy, Alé está en un buen momento: en pareja con Martina Vignolo, vive entre Buenos Aires y Mar del Plata, y en el verano ya sabe que hará temporada en Carlos Paz con Fátima Florez. De lunes a viernes conduce Alegráte la mañana, en NetTV, en diciembre estrena la película Maltratadas y el año que viene filma otra sobre el “robo del siglo”. En una charla íntima con LA NACION, el actor habla de todo esto, recuerda a su padre, su gran maestro, habla de sus amores y también de los días oscuros que transitó y de cómo pudo seguir y volver a la vida que siempre había soñado.

-Hacer este programa diario significó un gran cambio en tu vida, ¿cuánto lo pensaste?
-Cuando apareció esta propuesta yo estaba instaladísimo en Mar del Plata, haciendo un programa en Radio Mitre. Ya había estado en Net el verano pasado, conduciendo desde el muelle de Mar del Plata, y fue una muy buena experiencia. Así que cuando me convocaron para hacer el magazine no hubo mucho que pensar, aunque implicaba modificar un montón la logística. Mi mujer es marplatense y estábamos muy bien allá, pero hace rato que quería conducir en este horario de la mañana (de 9 a 11), con un equipo de producción designado a mi estilo, comunicando lo que quiero comunicar y con compañeros que son geniales. Dije que sí, y me vine.
-¿Te mudaste de nuevo a Buenos Aires?
-Los primeros días iba boyando, porque ya no tengo departamento en Buenos Aires, y alquilaba lo que podía hasta que me mudé al complejo donde vive mi madre y también la estoy acompañando. Estoy feliz. Me encanta levantarme muy temprano, informarme, preparar el programa.
-Decís que comunicás lo que querés comunicar, ¿qué significa eso?
-Yo no hablo de política y no hablo mal de nadie. Siempre es un programa positivo, como soy yo. Les pareció bien y me dieron libertad. Y nos va muy bien. Creo que seguimos en el verano también.

-Pero te vas a Córdoba…
-Sí, a Carlos Paz. Voy a trabajar con Fátima Florez en el verano. Así que durante dos meses voy a salir desde allá, con el equipo en el estudio. Trabajé con Fátima este año, en Uruguay. Y, además, siempre hago eventos privados con ella y nos llevamos muy bien, tenemos muy buena onda. Y arriba del escenario funcionamos bárbaro. Así que es una alegría que me haya convocado para este espectáculo que va a estrenarse el 1º de enero en el Teatro Holiday, con producción de Miguel Pardo, en el que también están Mauricio Jortack, Los Pampas Bravas. Y Fátima festeja los 20 años. Todo un orgullo que me haya convocado.
-Entonces tuviste que cambiar la logística, ¿cómo es la rutina?
-Mi mujer está allá hasta principios de enero, pero va y viene y yo también. Nos acomodamos a esta dinámica. Ella sabe que está con una persona que es nómade. Estoy acostumbrado a andar por la vida con una mochilita. Yo no me sé establecer. Mi papá era profesor de karate y él daba seminarios por todo el planeta y nosotros lo acompañábamos. Viví en Barcelona, en Tenerife, Madrid, en varias provincias de nuestro país. Y se suma que mi trabajo también implica giras teatrales. El año que viene va a filmar otra versión del robo del siglo, con Benja Alfonso y Luli Drozdek; se llama En barrio de ricachones, y la dirige Pablo Bustos Sack. Voy a ser uno de los protagonistas. Y el 3 de diciembre se estrena Maltratadas, una película que hice con Juli Presutto, Raúl Rizzo, Flor Moyano. Tengo un personaje que es totalmente distinto a lo que soy yo como persona.
-Siempre fuiste un tipo inquieto...
-Se ve que está en mis genes y me encanta. Mi viejo, que se murió hace 30 años, era el más calificado del país en su disciplina. Se llamaba Juan Carlos Eslaiman Alé. Ese es mi apellido, pero cuando hice Trillizos, con Guillermo Francella, me preguntó cómo me llamaba y me dijo que siguiera con Alé…. Guille es mi padrino de la vida.
-Empezaste como notero, ¿no?
-No. Lo primero que hice fue ese papel muy chiquito en Trillizos, en el ’98. Trato de no rotularme, de no encasillarme. No sé qué hago bien, pero todo me sale fácil. Puedo conducir, filmar una película, estuve nominado por Mejor Actor de Comedia este verano, estoy con una serie en Netflix que es El hombre de tu vida, con Francella, Mercedes Morán y Brandoni, y con dirección de Campanella. ¡Y entré por casting! Yo me pongo el saco de lo que me toca hacer.
-¿De chiquito qué querías ser?
-Piloto de avión, y lo soy. Tengo 650 horas de avión, y soy piloto privado de helicóptero, además. Pero en realidad, mi sueño era ser popular. No quería ser famoso, porque famoso es Barreda. Quería ser popular. Cuando tenía 10 años, mis viejos me llevaban a la puerta del Hermitage en Mar del Plata. No teníamos plata para entrar a ver las obras, pero me dejaban en la puerta del teatro, esperando a Guillermo Bredeston, a Nora Cárpena. Me paraba en una barandita y los saludaba. En ese mismo lugar, este verano puse las manos, en el Paseo de la Fama. O mis viejos se iban a Villa Gesell a vender jugos en la playa, que por cierto eran muy feos, y me dejaban en La movida del verano, con Mateyko, desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche, con un cartelito y feliz.

-¿Todo el día entre el público te quedabas?
-Sí, cuando me buscaban yo estaba rojo, insolado, pero contento. Hoy soy padrino del programa de radio de Mateyko. Estaba en todas las obras de los actos de la escuela y no tenía que ser el protagonista, el héroe… Podía hacer la mulata, una empanada (risas). Creo que ya estaba resuelto desde esa época. Cuando terminé el colegio empecé a estudiar teatro con Humberto Serrano. Me adapto fácil. Eso me dijo un día Palito Ortega. Me dijo que con Evangelina seguían mi carrera y que veían en mí algo que muy pocas personas tienen y es que la gente siempre va a estar de mi lado. Y tiene razón porque estuve internado en un hospital psiquiátrico dos veces, me pasó del todo, y la gente me sigue. Nunca me dio la espalda.
-¿Tu viejo llegó a verte trabajar?
-No. Se fue antes (se emociona). Papá falleció en el ’97 y lo primero que hice fue al año siguiente.
-Por esos años conociste a Graciela Alfano y tuviste un romance con ella de casi diez años. ¿Con qué te quedaste de esa relación?
-En el ’99 conocí a Graciela y estuvimos juntos nueve años y medio. Fue una gran historia. Ella me ayudó a terminar mi carrera de piloto... Hice dos años de abogacía, y soy administrador de empresas, además, pero quería ser piloto y mientras estudiaba juntaba horas de vuelo. Mi papá empezó a bancarme la carrera, que no es barata. Cuando él falleció, la dejé trunca… No sabía qué hacer, y como me gustaba el medio, empecé a recorrer los canales, las productoras, a dejar mi currículum, hacer castings, bailé con Los Auténticos Decadentes… Y trabajando como notero, en un evento conocí a Graciela. Jamás podría decir algo negativo de ella, porque tuvimos una vida maravillosa y estoy agradecido de todo lo que me enseñó… A comer con los cubiertos de afuera para adentro, a llenar un formulario en un aeropuerto, a apreciar La Gioconda, a viajar, a tener una familia, a ser padre de sus tres hijos. Son casi diez años que guardo en mi corazón. Convivimos casi todo ese tiempo porque nos mudamos juntos a los tres meses de estar juntos.

-Después estuviste casado con María del Mar y te fuiste a vivir a Córdoba...
-No tiene trascendencia… Fue en el 2015, justo cuando me enfermé. Estuve dos meses internado, porque a los seis meses tuve una recaída. Toqué fondo y pude salir y volver al medio. Por eso digo que soy resiliente. La gente siempre me impulsó. Soy un Ave Fénix y me lo dice todo el mundo. A veces me pregunto por qué me pasó esto y no es por qué, es para qué.
-¿Y para qué?
-Para poder comunicarlo. Soy una persona que comunico, una persona que desdramatiza lo que es un problema de salud mental, que le di luminosidad cuando nadie hablaba de eso. Salí de un neuropsiquiátrico dos veces. Tenía ideas delirantes, y lo atribuyo a que ese año fumé marihuana. Nunca había fumado y no me hizo bien. Empecé a sentir que era el hijo del Espíritu Santo, me creí que la radio me hablaba, que la tele me hablaba, que mi misión era hacer el Arca de Noé. Un día tuve un brote y me internaron, y el jefe de la Clínica Abril dijo que fumar me había hecho muy mal. Estuve casi ocho años con tratamientos psiquiátricos.
-¿Seguís medicado?
-Ya no. Me sentía lento, tenía fobias, ataques de pánico. Me guardé ese verano de 2016 porque no tenía motricidad fina, no tenía brillo en los ojos, no me veía bien. Fui a trabajar a San Rafael, Mendoza, que tenía una plaza teatral más chica y no estaba tan expuesto. Me acuerdo que un día de Reyes, aniversario de la muerte de mi papá, me levanté y me vi tomando siete pastillas; una para la depresión, una para levantarme, una para acostarme, una para dormirme, una para enfrentar la vida. Las dejé. Al tiempo fui a mi psiquiatra y le dije que le firmaba un papel haciéndome responsable. Es mi experiencia. A partir de ahí volví a ser yo. El médico me dijo que es un caso milagroso. Pasaron tres años y me siento muy bien.
-Además, volviste a enamorarte. ¿Cómo es tu historia de amor con Martina?
-Marti es hermosa. Es un sol. Un amor que me mandó la vida. Martina es actriz y profesora de educación física, y estaba haciendo un infantil en el Teatro Victoria de Mar del Plata ,y más tarde yo hacía una obra ahí mismo. Nos fuimos cruzando en los pasillos, empezamos a charlar y nos enamoramos. En ese momento ella tenía 22 años. Tenía más vínculo con mis suegros, que son más contemporáneos míos (risas). Pero tuvimos mucha empatía… Yo venía del fondo del mar, estaba triste, no tenía muchas propuestas de laburo, no estaba en el mejor hotel, ni la mejor condición económica, ni con el mejor auto. No era el candidato más potable, y nos enamoramos.
-¿Te hizo ruido la diferencia de edad?
-No, porque es la misma diferencia que yo tenía con Graciela, pero al revés. El amor es amor. No hay una ecuación. El día que me gané un Martín Fierro le propuse casamiento. Nos casamos el año pasado, nos fuimos de luna de miel dos meses a Disney, a un crucero y a Miami. Con Marti todo es fácil, todo es lindo, sencillo. Tiene una familia hermosa, es un encanto conmigo, está siempre de buen humor, y tenemos un perro salchicha que amamos y se llama Río.
-¿Les gustaría ser padres?
-Sí, me gustaría. Río es nuestro perro hijo (risas). Nos encantaría tener un hijo. No ahora… El día que asuma esa responsabilidad quiero estar un poco más establecido.
-Tenés casi 50 años, ¿cómo te pega ese número?
-Me cuido, no tomo alcohol, no fumo, no me drogo. Trato de ser feliz, de vivir empáticamente, de hacerle bien a los demás. Eso es lo que aprendí en la vida. Estoy súper orgulloso de lo que construí, de mi forma de ser, de mi educación. Soy muy creyente. Hice el camino en Santiago de Compostela, estuve en la virgen de Fátima, en la virgen de Lourdes, en el Vaticano, en Tierra Santa. Un día mi hermano me dijo que la única premisa en todas las religiones es hacer a los demás lo que te gustaría que te hagan. Ese es mi mantra. Después de haber pasado por dos internaciones en un psiquiátrico me di cuenta de que en la vida no necesitás nada más que salud. Ahí te ponen perfume una vez por día, recibís visitas una vez por semana, no tenés reloj, no tenés teléfono, no tenés contacto con el exterior. No necesitás nada. En mi casa tenía estacionado un Porsche, tres motos, dos jeeps y no me llamaban y me decían te amo. Entonces, después de eso yo no necesito más nada.

-¿Y de dónde viene esa fe?
-Desde chico. Hice bautismo, comunión, confirmación. Fui a colegios religiosos. Después frené, porque me pasé de rosca. De hecho, tuve un brote psicótico que fue un delirio místico. De creer en Dios, me creí que era el hijo de Dios. O sea, me fui para el otro lado. Así que ahora trato de no leer la Biblia… La tengo guardada en un cajón. Me regulo... En ese momento sentía que tenía un wifi con Dios y no, era que estaba pasando por un momento difícil. La vida es tan efímera y pasa tan rápido. Nos creemos que somos eternos y que todo nos va a salir bien. Hoy me levanto y si no me duele un músculo cuando voy hasta el baño a lavarme los dientes, ya soy un agradecido. Hice de todo, trabajé con todos, seis Bailando, cine, streaming, trabajé con todos en teatro, tengo 15 comedias, 3 revistas con Carmen (Barbieri). Salí con mujeres hermosas, conocí el mundo, viajé. Este medio ha sido muy generoso conmigo también. Hay que disfrutar el hoy y ser agradecido… Mi papá se levantó un día a las 9 de la mañana con 44 años, se fue a Capital a buscar algunos pasaportes porque nos íbamos de viaje, se fue a jugar un partido de fútbol, le dio un golpe de calor y se murió. Aprendí mucho de todo lo que me pasó y hoy estoy consciente.
-Y cumpliste el sueño de ser popular…
-Sin duda.
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