Miguel Ángel Solá: entre su regreso al teatro, la rehabilitación del ACV que sufrió y un nuevo amor
El actor se está recuperando de un accidente cerebrovascular que tuvo en octubre del año pasado mientras tanto se prepara para estrenar Por el placer de volver a verla junto a Mercedes Funes
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Miguel Ángel Solá vuelve al teatro con Por el placer de volver a verla, una obra que protagoniza junto a Mercedes Funes y que debuta en gira, para recalar en Buenos Aires el próximo invierno. “Es una obra tan bonita, tan bella, que enseguida dije que sí. La idea fue de Manuel González Gil, que hizo la versión de este texto de Michael Tremblay y también la dirige. Me dijo que me va a servir en mi recuperación del ACV que tuve en octubre pasado y me estoy rehabilitando. Y también es necesario seguir viviendo”, le confiesa el actor LA NACION.
Durante la charla, Solá da detalles del accidente cerebrovascular que sufrió, reflexiona sobre otros problemas que tuvo a lo largo de su vida y cómo tuvo la pulsión de recuperarse y seguir adelante. Además, cuenta su historia de amor con Fátima, una joven diseñadora de vestuario y pintora a quien conoció hace un par de años haciendo la obra Mi querido presidente. Todavía se ayuda con un bastón y tiene un hablar pausado. Dice que a veces tarda en acomodar sus ideas, pero conserva la fuerza y las convicciones que lo caracterizaron toda su vida. Y tiene muchas ganas de vivir.

—¿Te hace bien volver a trabajar?
—Es necesario, me hace bien a mí y espero que le haga bien a la gente. Ya había hecho esta obra en España y ahora tengo una compañera maravillosa; el trabajo de Mercedes es hermoso. Es una gran artista. Y es un ser entrañable además.
—Y te dirige González Gil, con quien trabajás desde hace muchos años...
—Y es un gran amigo también. Hace más de treinta años que trabajamos juntos con Martín Bianchedi. Somos la cooperativa MiMaMa, por Miguel, Martín y Manuel [risas]. Hicimos durante muchos años Los mosqueteros del rey, después El diario de Adán y Eva, Doble o nada y Por el placer de volver a verla. Esta es una comedia muy delirante por momentos, muy bonita, pero además es un material sensible, una historia de amor de una madre y un hijo. Es como un viaje al pasado porque la mamá ya no está. Se arma con recuerdos, con los momentos de convivencia. En realidad, él es escritor gracias a la madre. Es un tipo del arte gracias a la madre. Y ella... ¡qué bien está! ¡Qué actriz y qué linda es!
—¿A Funes la propuso el director?
—Sí, y también mi mujer, Fátima, porque la conocía y me dijo que es extraordinaria.
—¿Tu mujer es actriz?
—No. Es pintora y hace un trabajo que emociona hasta el tuétano.
—¿Cómo se conocieron?
—En el teatro, porque además ella es diseñadora de ropa y es vestuarista. Fue asistente de vestuario de Mi querido presidente, la obra que estrenamos hace dos años en el Teatro Apolo. Y nos enamoramos.
—Debe ser un apoyo muy importante en tu recuperación...
—Mucho. Mis seres queridos me han hecho una guardia pretoriana de amor y de arte. Estoy peleando con las secuelas que me ha dejado esto, pero estoy bien. Tengo una parte mía que está muy bien y otra parte que dice: “Señor inquilino, salí de acá adentro y andate” [risas]. Necesito un año más de rehabilitación kinesiológica porque todavía uso bastón.
Resiliente

—Tuviste varios problemas de salud a lo largo de tu vida y siempre te recuperás. ¡Sos un Ave Fénix!
—Sí, tuve malos momentos, muchos accidentes y fui saliendo. El primero fue durísimo y es el que me pasa factura ahora también porque me afectó todo el sistema nervioso. Me rompió la médula y en ese momento me dijeron cosas muy feas. Y, sin embargo, salí adelante. Es buen cuerpo el mío. Pero también es buena la mente porque uno puede recuperarse con el cuerpo, pero la mente tiene que acompañar. Tenés que ser muy fuerte y tener ganas de salir adelante. No te queda otra. Si querés seguir viviendo, tenés que empujar. Y seguir viviendo significa no solamente transcurrir, como dice la canción, sino meterte y vivenciar. Tenés que pensar también en la calidad de vida que querés. Con este accidente que tuve en Canarias no quería vivir, porque me dijeron que iba a quedar tetrapléjico y cómo le iba a dejar ese desastre a mis hijas. Y salí. Y acá estoy.
—Tus tres hijas viven en España, ¿se visitan? (María Luz y Cayetana fruto de su relación con Blanca Oteyza y Adriana de su última relación con Paula Cancio)
—Son muy caros los pasajes. Es muy cara la vida allá y es muy cara la vida acá. Entonces, a mí me cuesta, pero la menor va a viajar a mitad de este año y la mayor va a viajar un mes después. Estoy muy contento.
—Durante muchos años viviste en España, ¿ahora decidiste quedarte en Buenos Aires?
—Me tuve que ir en los 90 porque amenazaron de muerte a mi hija mayor, María Luz, que en ese momento era muy chiquita. Había estado allá diez años antes, trabajando. Pero no fue una elección vivir en España. Después ya tuvo que hacerlo porque acá tampoco podía vivir.
—¿Y por qué sucedió este último regreso?
-Porque me llamó Gustavo Yankelevich para trabajar en Mi querido presidente y allá no tenía trabajo, entonces vine aquí a trabajar. Hice la obra y después me ofrecieron otro proyecto que no me sedujo. Entonces aparecieron mis amigos Manuel y Martín con Por el placer de volver a verla. Y no solo eso, también me ayudaron muchísimo: Martín me prestó la casa de su hermana para vivir durante un tiempo y luego Manuel me prestó la casa de su hija menor, Manuelita.
—Venís de un largo linaje de artistas, ¿es verdad que sos la novena generación de actores?
—Sí. No había chance de hacer otra cosa [risas]. La cuestión era no defraudarlos y mantener alta la calidad artística de mi tía Luisa Vehíl, de mi mamá Paquita. Esas fueron las últimas generaciones y nacieron aquí. Un tío nació en el camarín de un teatro en Córdoba y Luisa en Montevideo, también en un camarín. Y mi mamá no nació en un camarín porque la metieron en una ambulancia a la abuela y la mandaron al hospital.
—¿Creés que tu destino estaba marcado y que mantuviste la vara alta?
—Espero que sí. Tuve suerte, la verdad, mucha suerte. Hoy los jóvenes actores no van a tener esa escuela porque no hay cine, no hay ficción. Y eso, en nuestra época, era cosa de todos los días. Creo que nuestra generación fue la última que pudo desarrollarse de esa manera. Después hubo un pequeño resabio, pero pequeño. Una generación más, aunque acostumbrados a una técnica diferente. Trabajé con Diana Álvarez, con María Luisa Avellaneda, con Alejandro Doria. He tenido maestros muy buenos. Fueron directores integrales que ponchaban las cámaras y respiraban con el actor. Era maravilloso.
—¿Tenés nostalgia?
—Claro, por supuesto. No solo había laburo y se podía elegir, sino que además aprendías muchísimo de todos los compañeros. Tuve una escuela muy linda que se continuó con la de mi casa. Por eso digo que tuve mucha suerte. Los actores nos hermanamos todos en que lo queremos hacer lo mejor posible y de acuerdo a nuestros criterios y a nuestras capacidades. A veces lo logramos mejor. Otras veces nos agarra fiaca o no tenemos ganas. Y sin embargo, somos unos privilegiados y no nos damos cuenta. Por suerte tenemos las ganas todavía y está el teatro. Nosotros debutamos el 17 de abril en el Teatro Coliseo de La Plata y seguimos de gira por toda la provincia de Buenos Aires. También vamos a estar en Córdoba, Mendoza y Rosario. Y estamos esperando sala para estar en julio en un teatro de la calle Corrientes.

“Optimista informado"
—¿Qué mirada tenés de nuestro país?
—Yo soy un optimista informado. Entonces, creo que esto hay que hacerlo a pesar de todo. Le duela, a quien le duela, porque si no hay cultura, no hay vida en un país. Si no hay medios, si no hay información, no hay nada. Es imposible hacer desaparecer lo que no tiene ganas de desaparecer. Y eso va a depender de lo que decidamos los argentinos. No depende de una persona, de locuras ni de delirios de un gobierno. Depende de toda una sociedad.
—¿Entonces...?
—Algunos se creen la mentira de que hemos vivido de arriba toda la vida. Y no es así porque hemos estudiado, hemos invertido horas y horas y dinero y salud en el trabajo, buscando una mejor perspectiva. Y la cultura podía avanzar. Siempre ha habido crápulas y se los combate con honestidad, con decencia y con luz. Por eso invito a todos a ver Por el placer de volver a verla, porque es una obra muy intimista; un reencuentro. La relación madre-hijo va a existir hasta que termine la vida en este planeta. Es el afecto más importante, con sus más, con sus menos, con sus idas y venidas, sus locuras o no locuras. La mamá es la mamá.
—Si vos tuvieras el placer de volver a tu mamá, ¿qué le dirías?
—¿A mi mamá? Te quiero. Te quiero. ¿Qué puedo decir? Otra artista. Y le diría que ahora tengo este gran proyecto y tengo que lograrlo. Sé que la gente lo va a disfrutar, lo va a sentir como un regalo. Durante mucho tiempo convirtieron el teatro en una especie de “jajaja” y pensaron que lo que importa es que la gente se ría y se olvide. No es así porque la gente también tiene sentimientos que no tienen que ver con la risa, sino con lo profundo de las ganas de abrazar, de besar, de querer. No estoy en contra de la comedia. Me encanta la comedia, pero como decía Borges: “Me encanta el ajo, pero no me gusta el ajo obligatorio”. Entonces, si no tiene un lugar profundo donde asentarse, la comedia hace agua y llega un momento en que se transforma en una mueca, en la mascarada de lo que es la risa.
—Si mirás en retrospectiva en su vida, ¿qué balance hacés?
-Cumplí. Hice un trabajo bueno, no me entregué al enemigo. Nunca. Y soy admirador de Serrat, no admiro a cualquier persona. Soy admirador de Manuel González Gil, no admiro a cualquier persona. Soy admirador de los talentos, de la gente con capacidad, de quien ha invertido su tiempo, su vida y su dinero en esto. Manuel me dio de comer a mí y a cientos de actores durante toda su vida. Y además, en muchos casos, como en el mío, me aportó calidad de vida y de trabajo. Y Martín, la otra pata de este juego, ha sido un hombre que a través de su música me hizo sentir que es posible proyectar el vuelo. Hay gente que no sabe qué es el vuelo y le cuesta mucho asociarlo con la condición humana. Pero desde Leonardo da Vinci hasta hoy el hombre vuela.
Para agendar
La obra Por el placer de volver a verla se presenta en La Plata este viernes 17, en Devoto el 18, el 19 en El Palomar y el 24 en Villa María. En tanto, el 25 y 26 de abril harán funciones en la ciudad de Córdoba. El 2 de mayo, en San Fernando, el 3 en Mercedes, el 8 en Banfield, el 9 en San Justo, el 10 en Canning, el 15 en Quilmes, el 16 en Morón y el 17 en San Miguel.
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