Daniel Binelli y Polly Ferman, pareja de artistas: sus años en Nueva York, la decisión de mudarse a Valencia y la necesidad de reencontrarse con Buenos Aires
De visita por unas semanas, el bandoneonista será objeto de un homenaje en el Palacio Libertad, además de participar en Fueyerías, proyecto de Pablo Jaurena e Ignacio Varchausky
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El bandoneonista argentino Daniel Binelli y la pianista uruguaya Polly Ferman llevan algunas décadas compartiendo la vida y la música. Viven lejos, desde hace más de un cuarto de siglo, pero regresan anualmente al Rio de la Plata para reencontrarse con afectos y con una idiosincrasia afín a la música que escriben e interpretan.
El próximo mes, Binelli cumplirá 80 y por estos lares han decidido homenajearlo. Será con varias actividades que girarán alrededor de una función muy especial. Este miércoles 15, en el Palacio Libertad (Sarmiento 151) habrá un concierto con sus obras, donde participarán Polly al piano, la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, con dirección de Pablo Boggiano y el propio Binelli en bandoneón. La entrada será gratuita, pero con reserva previa en la web del centro cultural.
Llegarán desde España, donde viven desde hace seis años. Su estada en Nueva York -larga, de dieciocho años- culminó para dar una vuelta de página a la vida de ambos artistas, aunque las actividades musicales se mantienen, casi al mismo ritmo.
-Daniel, estás en la víspera de los 80 años y en Buenos Aires te reciben con un par de homenajes. ¿Qué se siente?
-No lo vivo como un homenaje. Estoy sentado en una silla de labor, de creación. Lo aprendí con Piazzolla. A partir de eso, funciono. No soy partidario de la jubilación. Mientras esté con salud, trabajo y gano mi dinero y sigo creando. Vivo así. No pienso en apoltronarme. Por eso no le doy tanta importancia al homenaje. Para mi lo importante es aparecer y hacer varios conciertos en la Argentina. Y tener cierta vigencia. Primero porque soy argentino y nací en Buenos Aires. Y porque considero que es un lugar muy importante en el mundo del arte. Hay gente muy interesante. Hay músicos y colegas jóvenes. Hace poco grabé para Fueyerías, de [el bandoneonista] Pablo Jaurena.
-Y me enteré que además de tocar conseguiste las partituras de un arreglo de “Loca Bohemia”, que se presentó a mediados de los ochenta, para un programa especial dedicado a Piazzolla, en Badía y Cía.
-Sí. Piazzolla no tocó ese día, participó como homenajeado. Le pedimos a Roberto Pansera un arreglo para cuatro bandoneonistas: Leopoldo Federico, Rodolfo Mederos, Dino Saluzzi y yo. Lo tocamos y grabamos en la emisión de Badía. Yo le había pedido a Pansera ese arreglo, porque ninguno de nosotros quería hacerlo.
-¿Por qué?
-Porque ninguno quería meter el lápiz cuando se trataba de Piazzolla y porque no teníamos tiempo. Y Pansera, que era un genio, lo hizo en tiempo récord. Fue algo muy emotivo.
-Tengo la sensación de que los bandoneonistas son más fanáticos del bandoneón que los pianistas del piano o los guitarristas de la guitarra.
-El bandoneón es un instrumento que siempre tendió a desaparecer. Tiene como un fantasma. Por otro lado, es complicado. No tiene un teclado sino cuatro, dos para cada mano según se abra o se cierre [el fuelle]. Tiene una mecánica muy atravesada. Si no se estudia no se puede tocar. Y en cuanto al fanatismo, en Argentina lo que se prioriza es su sonido. No pasa en países como Francia. Una vez, un alemán hizo un bandoneón. Vino a la Argentina y se hizo una reunión importante. Leopoldo Federico, que era un gigante del bandoneón, lo probó y lo dejó. “Esto no suena a bandoneón”, y le pinchó un proyecto que estaba bancado por la Hohner. La mecánica era buena, el sonido no. En Argentina hay muy buenos luthiers haciendo bandoneones.
Polly Ferman: -Voy a decir algo en cuanto al fanatismo y al bandoneón. Desde 2008 tengo un proyecto, Glamour Tango, con un grupo integrado por mujeres. Nosotras le rendimos homenaje a Paquita Bernardo, bandoneonista que nació en 1900 y murió a los 24 años. Cuando tuvo que buscar a un pianista para su orquesta, apareció un chico de pantalones cortos.
-Osvaldo Pugliese...
Ferman: -Claro. Y hasta Gardel cantó una de sus canciones. Porque escribió tangos. Pero nadie habla de ella. Como si el bandoneón fuera un instrumento para hombres. Antes de viajar a Buenos Aires nos presentamos en Torrent, Valencia.
-¿Cuánto tiempo llevan en Valencia y por qué dejaron Nueva York?
Ferman: -Yo viví muchos años en Nueva York y con Daniel estuvimos entre 2000 y 2018.
Binelli: -Fue importante eso para nosotros. Polly tenía allá su ONG, tocábamos juntos y yo empecé a escribir mucha música de cámara y sinfónica. Trabajamos con muchas orquestas importantes de Chicago, San Francisco, Filadelfia. Vivimos todo ese movimiento que había en Nueva York.
Ferman: -Pero un día me invitaron a Valencia para dar un recital de piano y al volver le dije: “Daniel, mudémonos. Me enamoré de Valencia”.
Binelli: -“Pero como: si llegado el día vos me habías dicho que querías que tus cenizas se esparcieran por la Quinta Avenida”, le dije. “Y bueno, ahora que sea en el Mediterráneo”, me respondió.
Ferman: -Y la verdad que fue maravillosa la decisión, porque, poco después, vino la pandemia, que no fue fácil en Nueva York para dos músicos que viven de la música.
Binelli: -Esto es un balneario, es como vivir en Mar del Plata, pero en el Mediterráneo.
Ferman: -Y te voy a decir [se tienta de la risa], acá el vino es muy bueno y mucho más barato que en Nueva York. Eso influyó en la decisión [vuelve a reírse], además de que las personas son más humanas y tratan muy bien a la gente mayor. Mucha más educación y respeto por el otro. La calidad de vida es buena. Comparativamente es mucho mejor en ese sentido.
-¿Tuvieron que resignar trabajo musical?
Binelli: -No, ahora voy a tocar tres conciertos con la Sinfónica de Baltimore. El problema es vivir en los Estados Unidos, se ha quitado mucho presupuesto para el artista que, además, si no trabaja en una institución no tiene cobertura.
-Imagino que en estos seis años que llevan en Valencia encontraron otra perspectiva.
Binelli: -Estamos haciendo cosas para involucrar a los valencianos con el tango.
Ferman: -Como los dos somos académicos de la Academia Nacional del Tango de la Argentina, nos dieron la potestad de crear una academia valenciana del tango, donde soy presidenta y Daniel es presidente honorario. Daniel, además, inauguró su orquesta de tango en un lugar muy famoso y todos los músicos son jovencitos valencianos. También hay milongas acá. Hay interés.
Binelli: -Aunque no reditúe económicamente, como proyectos son interesantes. Pero también hay que salir a hacer cosas afuera.
-Tienen varias actuaciones en Buenos Aires...
Binelli: –La del Palacio Libertad. Luego, el 17 de abril, con la Banda Sinfónica de Ciegos y en mayo, el 14, vamos a dar un concierto en el Salón Dorado del Teatro Colón, en trío, con el guitarrista César Angereli.
-¿La música siempre es excusa para volver?
Binelli: -Bueno, yo necesito estar conectado a Buenos Aires por motivos afectivos; ahí están mis hijas y mi nieto. Mi nieto es un gran músico, toca varios instrumentos de viento. No es que me encuentre con hábitos que no tenga acá. Porque acá tomo mate, aprendí a hacer fainá, me gusta cocinar. Hago asado o lo que sea y busco lugares donde comprar algún alfajorcito de maicena con dulce de leche. Empanas, ahora encontrás en todos lados. O sea que si voy a Buenos Aires anualmente es porque necesito estar conectado espiritualmente a la ciudad.
-¿Y vos Polly?
Ferman: -Excepto mis nietos, que están desparramados por el mundo, tengo mucha familia en Uruguay, como mi hija y mis hermanos. Pero no quiero ir para tocar sino para estar con gente amiga y con la familia. Pero, ¿sabés qué es lo que me gusta hacer cuando voy a Uruguay? Tocar en una residencia para ancianos o en lugares de discapacidad. Eso es lo que yo siento que le puedo dar al Uruguay. No ir a que me pongan flores o me aplaudan.
Fueyerías
Daniel Binelli es uno de los bandoneonistas (de una larga lista) que participó en el proyecto de Pablo Jaurena e Ignacio Varchausky, Fueyerías. Se trata de un álbum con algo más de una docena de composiciones, para las cuales se convocó a 31 bandoneonistas de diferentes generaciones. Cada tango y cada grabación tienen su historia y su porqué. Pero, sobre todo, los títulos responden a tres ejes temáticos que se desarrollaron para producir el álbum: el rescate histórico, las nuevas composiciones y los nuevos arreglos.
Pudo haber sido una especie de álbum de Jaurena con invitados, una buena manera de sumarle tango a la era del “feat.” Pero terminó siendo algo mucho más colectivo. “Sí, cada tema es una colaboración, un encuentro. Fueyerías es un proyecto colectivo que, en su espíritu, nació de una motivación y una necesidad artística y personal mía muy profunda -dice Jaurena-. Luego la compartí con Ignacio Varchausky con quien empezamos a darle forma y coproducirlo. Nunca fue pensado como un álbum en solitario. Yo vengo de un disco solista en el más estricto sentido de la palabra, un disco de bandoneón solo (Retrato del aire; 2022) Este álbum, en cambio, siempre fue pensado en conjunto. Y ahí tenía dos caminos posibles. Uno era armar una “banda estable”, con 3 o 4 bandoneonistas amigos, y bautizarlo algo así como el “Ensamble de Bandoneones Pablo Jaurena”. Sin dudas, iba a ser una producción más sencilla y lo hubiéramos grabado en dos días, en lugar de dos años como terminó resultando. Pero eso no era tan atractivo en cuanto a proceso creativo. Me pareció mucho más rico ir eligiendo cada tema y cada invitado como si fuera la pieza de un rompecabezas. Los discos en general son obras donde participan muchas personas, y en los discos solistas muchas veces los músicos participantes, los arregladores, quedan en un segundo plano. En este caso quise que fuera todo lo contrario".
Los bandoneonistas, además de compartir fila en una orquesta típica, a veces se muestran como una especie de cofradía representada en el propio instrumento que interpretan. Y de ahí que parezca más fanáticos de su inseparable amigo que los pianistas, guitarristas o intérpretes de otros instrumentos. “Es probable, creo que hay un sentido de clan, de resistencia, de pertenencia y orgullo por el instrumento que tenemos los bandoneonistas. En mi opinión, el bandoneón es el instrumento más argentino que existe. ¿Por qué? Porque todo su desarrollo técnico se lo debemos a músicos argentinos, su técnica no tiene antecesores clásicos o en otros géneros como el piano, el violín, la guitarra. No se puede contar la historia del bandoneón prescindiendo de la música argentina. Cualquier otro instrumento presente en la música argentina puede prescindir de la misma para contar su historia. En este sentido, creo que el bandoneón no es un instrumento reconocido lo suficiente en esta dimensión, porque no tiene mayor difusión, mayor lugar en los planes educativos oficiales, porque no hay un serio programa de preservación de este patrimonio cultural. El bandoneón necesita visibilizar sus inmensas posibilidades, su repertorio especifico, sus fantásticos creadores, muchos de ellos héroes anónimos sin los cuales la actualidad del instrumento sería otra".
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