Murió el actor de Juana y sus hermanas Osvaldo González

La Asociación Argentina de Actores informó sobre la muerte del actor y productor Osvaldo González
La Asociación Argentina de Actores informó sobre la muerte del actor y productor Osvaldo González Crédito: Facebook
Pablo Gorlero
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11 de septiembre de 2019  • 16:40

Esta semana, a través de las redes sociales, especialmente Facebook, muchos artistas anunciaron su desazón por la muerte de un querido actor que hacía un tiempo estaba retirado de los escenarios y las pantallas: Osvaldo González.

Muchos lo recordarán por haber sido el "secuaz" de Juana Molina en Juana y sus hermanas, o por haber encarnado al simpático y adorable Poli en Como pan caliente. Pero muchos más también lo recordarán por haber sido el anfitrión perfecto en Milion, ese maravilloso restaurante-mansión ubicado en la calle Paraná al 1000. Fue socio fundador de ese espacio -desde 1999- que es un epicentro de la noche porteña (y también del día), y ese nuevo rol lo alejó bastante de su trabajo como actor en las últimas dos décadas.

Osvaldo descolló en la comedia musical La tienda del horror, en 1990, una bellísima versión dirigida por Julio Baccaro, donde encarnó a Seymour, el personaje protagónico, junto con Adriana Mascialino. A su vez, formó parte de los elencos de Pulgarcito, junto a Alicia Zanca, en el Teatro San Martín (1991); Humor en tiempos de bronca (1991), junto a Luis Brandoni, Carlos Perciavalle, Juana Molina y Ana María Cores, en el Maipo; Amor... valor... compasión... (1995), de Terence MacNally, dirigido por Alberto Ure, también encarnando a otro personaje entrañable, en el Metropolitan; y Cuento de invierno (1999), dirigido por Miguel Guerberof.

En televisión, además de los dos ciclos mencionados, también tuvo importantes papeles en Un hermano es un hermano (1994), La bonita página (1990), Trillizos, ¡dijo la partera! (1999), El tiempo no para (2006) y 0800, no llames (2005).

Además de haber sido un gran talento como actor, este talentoso rosarino tenía una hermosa voz como cantante y se mostró siempre dúctil en cualquier disciplina artística. Pero lo más importante y por lo que la colonia teatral-televisiva lo recuerda es por su calidez y simpatía. Oz, como le decían muchos de sus amigos, estaba enfermo desde hace un tiempo y se cansó de resistir el domingo pasado.

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