El actor, que falleció hace tres semanas, quería que su hijo creciera lejos de Hollywood
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Philip Seymour Hoffman falleció inesperadamente el pasado 2 de febrero a los 46 años de edad. Semanas después de su muerte se dieron a concoer algunos detalles del testamento que dejó el actor. Fue en 2004 cuando dejó escritas sus últimas voluntades, cuando sólo era padre de su hijo mayor, Cooper, que ahora tiene 10 y entonces tenía un año de edad y antes de que nacieran sus hijas Tallulah y Willa, que ahora tienen 7 y 5, respectivamente.
Un documento de trece páginas en el que Hoffman deja la administración de sus bienes a la madre de sus tres hijos, la diseñadora de vestuario Mimi O'Donnell, con quien mantuvo una relación desde 1999. No se especifica a cuánto asciende su legado, pero como último deseo expone que su hijo "sea criado y resida en o cerca de Manhattan", para crecer rodeado de la cultura y las artes de la ciudad y con el objetivo principal de mantenerlo alejado de Hollywood. En caso contrario, el actor proponía Chicago y San Francisco, "de modo que esté expuesto a la cultura, el arte y la arquitectura que esas ciudades ofrecen". Si esto no fuera posible, Seymour Hoffman pidió que su hijo por lo menos visitara las ciudades dos veces al año.
Como principal beneficiario, Cooper recibirá la mitad de su herencia a los 25, y el resto cuando haya cumplido los 30. Cooper cumplirá en marzo 11 años. Sus hermanas, Tallulah y Willa, nacieron en noviembre 2006 y octubre 2008 respectivamente.
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