Silvina Escudero: sus inicios como bailarina, su reciente separación y una despedida que todavía le duele
Es una de las pocas voces femeninas de Polémica en el bar, donde además debutó como locutora nacional
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Empezó a trabajar a los 13 años bailando en los desfiles de Roberto Giordano. Fue bailarina de José Luis “El Puma” Rodríguez en sus shows, de Diego Maradona en su programa La noche del 10, brilló en Bailando por un sueño y en teatro de revistas. Silvina Escudero es muy inquieta y siempre se reinventa. Tuvo una escuela de danzas junto a su hermana Vanina, tiene su marca de bikinis, se recibió de locutora el año pasado, conduce Al modo Escudero en streaming y todas las noches se sienta a la mesa de Polémica en el bar, por América TV.
En una charla íntima con LA NACION, Escudero habla de su historia, la relación con su hermana, su reciente separación luego de casi diez años y de la muerte de su perra Mulata, que fue su compañera desde que dejó la casa de sus padres, para independizarse. “Siempre digo que el sacrificio, la constancia y la disciplina tienen sus frutos. Me gusta mucho trabajar, y es la educación que me dio mi familia porque mi papá empezó a trabajar a los 14 años y armó su propia empresa desde cero. Aprendí que no hay que depender de nadie y hay que esforzarse. Éramos chicas y, aun teniendo un buen pasar, mis padres nunca nos regalaron nada… Teníamos una muy buena vida, pero siempre cumpliendo: si te iba bien acá, tenías esto… Siempre un esfuerzo para lograr algo”.

-Y aprendiste al pie de la letra porque empezaste a trabajar siendo una niña…
-Exactamente, así es la educación que tuvimos con Vanina. Empecé a trabajar a los 13 años: con mi hermana hacíamos los desfiles de Roberto Giordano como bailarinas y después como coreógrafas. Éramos las únicas dos bailarinas, dos nenas. En ese momento se usaba hacer las pasadas comerciales de una manera artística y nosotras hacíamos las publicidades de las marcas auspiciantes. Ya a los 14 años hacía giras con Manuel Wirtz por todo el país. Fui bailarina y corista del Puma Rodríguez, trabajé con Nicolás Repetto, con Diego Maradona, con Ethel Rojo. Mi primer teatro de revista fue con ella.
-¿Cómo fue ese primer paso para entrar en el medio?
-Tenía dos años cuando hice iniciación a la danza, y mi hermana casi dos más que yo. Toda la vida bailamos. De muy chiquita me recibí de profesora de danzas. Estudié danza clásica, jazz, urbana, zapateo americano, comedia musical, canto, piano, de todo. Íbamos a las audiciones como bailarinas, quedábamos y bailábamos en la tele, en teatro... Y con el Puma hacíamos giras….
-¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Diego Maradona?
-Yo era una de las “diegotas”, aparte de las bailarinas. Me acuerdo que una vez [Mike] Tyson me quiso levantar en vivo, me empezó a manosear, y Maradona lo frenó. Era otra época, otra tele… La noche del 10 fue un programa espectacular, venían artistas de todo el mundo: Xuxa, Joaquín Sabina, Pelé. Hicimos el cumpleaños de Diego en La Bombonera, y el último programa en el Luna Park.
-La popularidad llegó con Bailando por un sueño, ¿no?
-Todo empezó en teatro, en realidad. Carmen Barbieri fue quien me descubrió en una audición. Éramos 2000 chicas bailando y cuando terminamos de audicionar me dijeron que quedaba como bailarina, pero además Carmen quería que hiciera una prueba para ser destacada. Yo tenía un conjuntito azul, me acuerdo perfecto. Di una prueba con canto y actuación y quedé también. Entonces, ya tenía otra participación, empecé a hacer notas, y a raíz de eso me llamaron de Bailando...

-¿Cómo te adaptaste a esa repentina popularidad?
-No fue algo fácil de manejar, porque estaba en el medio, pero no con esa repercusión. Después todo fue top, top (risas). La verdad es que me costó tanta popularidad, porque de repente estaba en boca de todos. En ese momento, no había plataformas ni redes sociales y la tele era todo. Pero nunca me subí al caballo y hasta el día de hoy, mis amigas son las de toda la vida, del colegio, de la facultad. Porque también estudié veterinaria durante cinco años, mientras hacía todos estos laburos.
-Te deben quedar pocas materias para recibirte…
-Me quedan diez materias por cursar, creo. Este año quería volver a la facultad y no se dio, pero voy a terminar la carrera. En su momento rendí mal algunos finales, porque trabajaba muchísimo animando fiestas, haciendo shows en casamientos, bar mitzvá. Hacía seis, siete, diez shows por fin de semana, y de lunes a viernes cursaba en la facultad. No dormía. Tengo el recuerdo que una vez mi mamá entró a la cocina a las 5 de la mañana de un sábado, yo venía de hacer una seguilla de shows, llegué y me puse a estudiar porque el lunes tenía que rendir un final de patología, si no mal recuerdo… Esta historia la tengo muy presente. Entonces, mi mamá me vio con el mate, con el café, los libros desparramados, el maquillaje corrido de los shows, y estudiando… Y me dijo: “Silvina, tenés que vivir la vida”. Siempre fui tan aplicada, tan laburante, tan estudiosa. Realmente creo que uno se tiene que forzar en la vida, y no solamente en lo laboral, sino también para ser mejor persona. Y sigo estudiando, me recibí de locutora, no descarto volver a la universidad. Para mí no existe el límite en los sueños, los proyectos. En todas las decisiones que tomás diariamente, estás armando tu futuro. La vida no es una meta, es un camino y hay que nutrirse con todo.
-¿Y nada lo hacés como una exigencia?
-Me exijo yo, para hacerlo bien. Trato de disfrutar cada momento… Me encantan las comedias musicales que he hecho, los infantiles con canciones de María Elena Walsh y otro sobre Matilda. Amo a los niños, cantar en vivo, bailar. Yo disfruto todo.
-Muchas veces trabajaste con tu hermana y siempre tuvieron buena relación, aunque hubo distanciamientos, ¿cómo es la relación hoy?
-Sí, tuve un distanciamiento una vez. Fue la única vez en mi vida que nos peleamos… Ni siquiera es que nos peleamos. Amo a mi hermana. Es mi mejor amiga. Le consulto todo, es mi guía. La admiro como persona, como madre, como mujer. Me parece una mujer con unas características poco frecuentes… Sus palabras son muy importantes. Le pido muchos consejos. De hecho, en cada decisión importante que tomo en mi vida están las palabras de mi hermana ahí atrás. Entiendo que todos los hermanos se pelean, pero a nosotras no nos pasa eso. Siempre fuimos súper unidas, también con mis viejos, con mi cuñado (Álvaro Navia, esposo de Vanina), y ahora que se suman mis sobrinos. Somos una familia muy unida. Somos una tribu.

-Hace poco dijiste que este año había sido difícil, ¿Por qué?
-Porque murió Mulata, a quien adopté cuando me fui a vivir sola; en estos días cumpliría 16 años. La despedí hace dos meses. Los animales tienen un sentido y un valor muy grande en mi vida. Y Mulata fue mi gran compañera en toda mi adultez (se emociona). Todavía hoy se me quiebra la voz cuando hablo de ella. Mulata venía a todas las grabaciones, a todas las giras, a los comerciales que he grabado, a los desfiles, los shows. En el teatro, ella se quedaba en el camarín con su manta y su muñeco Charlie, y ya sabía cuál era el aplauso final para levantarse y buscarme. Es todo para mí. Una gran compañera. Fue muy difícil despedirla. Tengo un anillo, que no me lo saco nunca, con la huella de su hocico. Me quedó Titán, que es su hijo. Y es raro porque, de ser una manada grande, nos quedamos los dos solos. África también falleció hace dos años.
-Este año también te separaste, ¿cómo estás?
-Estoy muy bien, concentrada en lo que me hace feliz. Después de una década juntos, era el momento de separarnos. Pero bien, está todo bárbaro. Nos separamos hace cuatro meses.
-¿Estás lista para conocer a alguien?
-No sé… Siento que estar en pareja es solo para sumar. Yo no necesito una pareja. Hay personas que sí la necesitan. Yo no. Ni económicamente, ni para nada. Si estoy en pareja es porque hago feliz a alguien y esa persona me suma felicidad, compartir momentos de alegría, mis mismos gustos. Tiene que ser alguien que disfrute de la vida de la misma manera que yo. Si no, no tiene ningún sentido.
-¿Algún touch and go?
-Tampoco sirvo para el touch and go. Nunca en mi vida tuve un touch and go. Siempre tuve relaciones estables y duraderas. No sabría cómo estar con alguien de esa manera.
-Entonces no tenés aplicación de citas…
-¡No! Si conozco a alguien es porque me lo presentan. Ahora estoy tan enfocada en todo lo que me hace bien, en mi trabajo. No paro un segundo. Y además tengo un montón de amigos, que son reimportantes en mi vida. Entonces, tampoco es que tengo mucho tiempo para nada.
-Estás en Polémica en el bar, un programa icónico con el sello de Gerardo Sofovich. ¿Cómo te sentís en esa mesa?
-Es un programa que siempre voy a tener en mi corazón porque es la primera vez que trabajo como locutora nacional oficial. Entonces, ese lugar siempre va a tener un lugar especial. Aparte, es un programa de más de medio siglo, súper icónico y representativo en nuestro país. No me callo ante todas las voces masculinas. Por el contrario, debato un montón porque de eso se trata Polémica. Me siento súper cómoda. Hice durante cuatro años la carrera de locución, donde también estudiás periodismo. Me formé y me informo.
-¿Y al teatro tenés ganas de volver?
-Hace tres o cuatro temporadas que no hago teatro, después de 20 de manera interrumpida. Tuve que frenar por temas personales y me gustaría volver. Y quisiera hacer ficción también. Estuve en 100 días para enamorarme, participé en una película de Guillermo Francella (El misterio de la felicidad, de Daniel Burman). Y sigo con AME, Al modo Escudero en 2 Reyes streaming, los martes y jueves. Me encanta todo lo que hago.
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