La conductora revela su costado menos conocido, habla de la maternidad y de Jorge Rodríguez, su pareja desde hace ocho años: “es generoso, un papá muy paciente y un hombre que incentiva a seguir creciendo”
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Fue mágico. La primera vez que Verónica Lozano (44) entró a "Yellow Rose", hace unos ocho años, quedó deslumbrada por el refugio. Estaba empezando una relación con Jorge Rodríguez (53) –hoy padre de su hija Antonia (5)– y la escapada de fin de semana a la conocida chacra del empresario, expareja de Susana Giménez, era el lugar perfecto para seguir disfrutando de su amor a escondidas. "Salimos cuatro meses sin que nadie se enterara y recuerdo perfecto que uno de los primeros viajes fue acá. Ya era de noche, veníamos charlando en el auto y cuando entré por ese camino de árboles me paralicé. Se veían las luces de la ciudad en la inmensidad del campo. Sentí que era un lugar con buena energía y muchísimo encanto", cuenta la conductora de "AM, antes del mediodía" a ¡Hola! Argentina.
La entrevista sucede frente a la chimenea, después de una larga jornada de fotos, que incluyó hasta un vuelo en helicóptero, comandado por el mismo dueño de casa, Jorge Rodríguez. Antonia, la mimada de la casa, hace piruetas sobre el respaldo del sillón. "Esta casa es para vivirla, se puede usar todo…", explica Verónica.
–¿Qué significa "Yellow Rose" para vos?
–Es un lugar que va mutando permanentemente, porque Jorge es un tipo que bien podría ser arquitecto o ingeniero. Le gusta mucho el diseño, la construcción, modificar, es muy perfeccionista… Yo soy más hippie. Si bien me gusta la comodidad, no soy tan "obse" como él. Una modificación importante de la casa sucedió cuando llegó Antonia. Incorporamos un área más en el living e hicimos bibliotecas porque nos gustan muchísimo los libros, sobre todo a Jorge. La idea es que los invitados se sientan en su casa.
–Jorge se ocupa de la parte estética de la casa, ¿vos qué hacés cuando estás acá?
–Tengo una huerta donde descubrí la idea de plantar y ver crecer. Es fácil, sólo hay que ponerle energía. También me gusta mucho cocinar: hago fideos caseros, panes, budines… Cuando vivía sola me cocinaba spaghettis, abría una lata de atún o comía milanesas frizadas. Pero Antonia despertó en mí las ganas de cocinar. Me gusta agasajar y darle de comer a la gente, es un ritual de amor. Soy feliz cuando desmoldo una torta y sale perfecta. [Se ríe].

–¿Cómo es tu rutina en Punta del Este, lejos de la televisión?
–Es una vida de ama de casa, de puertas adentro. Estoy feliz acá: ni voy a la playa. Prefiero salir a dar vueltas con los perros, pasar un rato en la huerta, o cocinar. Con Jorge salimos a comer o invitamos a amigos. Me cuesta arrancar para ir a un lugar, producirme, subirme a los tacos… Invitamos amigos, nos juntamos con los vecinos, con los Brito. Salimos a navegar en su barco. En el campo me gusta la vida solitaria y esa idea de estar en pijama.
–¿Siempre llevaste esta vida tranquila?
–Creo que tiene que ver con la vida familiar. Obviamente, durante mi soltería tenía mis noches de Tequila y me encantaba. Cada tanto me digo que podría retomar una noche así, aunque me da un poco de vértigo. En la fantasía, me encanta el movimiento, pero cuando llega el momento de salir, las series, un buen libro o la computadora matan cualquier plan.
–Jorge compró esta chacra en 1996…
–"Yellow Rose" siempre mantiene la fachada, pero había otros muebles y otra distribución. Era más Santa Fe style. Ahora hay más cuero y madera. ¿Qué aporté yo? El plástico. [Risas]. Soy cachivachera y Jorge odia el plástico. Yo me voy a Maldonado a un lugar que se llama
El Clon y ahí compro vasos de colores, cosas divertidas, luces... Le pongo la parte kitsch para descontracturar un poco. Jorge es un muy buen anfitrión, pero yo a veces lo ayudo a relajarse porque es muy perfeccionista.
–También hay varias casas anexadas.
–Sí, donde era la caballeriza se hizo la casa de Iara (27) y Juan (26), los hijos más grandes de Jorge. Jorge le puso "La Graciela", que era el nombre de mamá. Y hace poco se sumó una casa más: "La Gallarda". Además de ser la casa de huéspedes, hay una sala de degustación de vinos, donde es la oficina de Caterina, la enóloga de los vinos Yellow Rose. En el otro extremo está la cancha de polo. Jorge jugaba desde hacía tiempo, pero este verano le pegó fuerte y de repente se inscribió con amigos en la Asociación de Polo de Uruguay y esto se transformó en un pequeño club de polo. Me gusta porque lo veo activo y entretenido con sus pasiones: la música, las motos, los caballos. Yo lo acompaño, pero a veces me escapo un poco y lo dejo con su mundo. Está bueno que cada uno conserve sus espacios.
–¿Cómo se conocieron con Jorge?
–En una entrevista. El me propuso que yo le pusiera la voz a un personaje de la película Patoruzito, aunque ahí me confesó que además quería conocerme. Pensé que estaba tiroteando y no creí que yo fuese the only one. Fue gracioso porque la voz la terminó haciendo Luciana Salazar, yo no podía porque tenía contrato con Disney. Después pasó un año hasta que nos volvimos a ver: coincidimos en Gardiner un mediodía. Yo soy muy amiga de los dueños y después de hacer radio pasé a comer. El estaba en una mesa llena de amigos a los que saludé. Después vino a tomar un café conmigo, nos quedamos charlando. Desde entonces, no nos separamos más, aunque durante un tiempo nos vimos sin que nadie supiera. El venía de una relación con una mujer muy conocida [Susana Giménez], era un pequeño "bardo". Cuando sentimos que estábamos listos para enfrentar el mundo, ahí blanqueamos.
–¿Qué te enamoró de él?
–En mis relaciones anteriores yo era la que llevaba la batuta. Jorge me colocó en un lugar más receptivo, donde él era el "macho". Me asustó al principio, pero después lo dejé. Más tarde, tuve que buscar un equilibrio, me sentía un poco asfixiada. El es muy generoso, no sólo materialmente, también con mi laburo, me deja crecer, me apoya y me incentiva. Hacemos una pareja divertida. Al principio, se enojaba cuando lo contradecía y después fui encontrándole la vuelta. Soy mujer, ¿viste?

–¿Te dijo alguna vez qué lo conquistó de vos?
–Dice que cuando nos conocimos le volvieron a dar ganas de armar una familia. El era un hombre armado, ya tenía dos hijos. Fue un acto de mucho amor que quisiera volver al bebé, a los pañales, a la mamadera.
–¿Y cómo es en el rol de padre?
–Increíble. Nunca cambió un pañal, porque de eso me ocupaba yo, pero como papá es mucho mejor que yo como madre. Cuando él y Antonia están juntos comparten su pasión por la música, pintan, dibujan, se divierten. Tiene mucha paciencia, algo que yo no tengo. Cuando llega a casa, tocan la guitarra, inventan canciones. Es muy buen padre y esa faceta es muy seductora para mí.
–¿Soñabas con ser madre?
–Tenía amigas que programaban toda su vida: que iban a casarse a tal edad, tener un hijo a la otra y a mí eso nunca me pasó. Ahora que soy madre, estoy feliz. Si bien un hijo te ordena, porque te obliga a ponerte en la rutina, no soy de programar, ni siquiera con los viajes. Hay madres que saben que a los 10 y medio le van a dar un celular a los hijos que tienen 5. Yo por las dudas se lo doy ahora, así no me hincha. [Risas].

–Tanto vos como Jorge tienen dos ex de renombre [él, Susana Giménez; ella, Nicolás Repetto].
–[Risas]. Siempre me preguntan por Susana, no tanto por Nicolás. Entiendo, las mujeres somos tremendas para hablar de otras, pero el periodismo es más incisivo con la mujer también. Nadie va a preguntarle a Jorge por su ex. Igual, es parte del folclore. En cuanto a Nico, yo tenía 23 años cuando estuve de novia con él, no tenía ni lolas… También salí con Cruz [Pereyra Lucena], quien hoy es un gran amigo y va a ser papá con Leonora Balcarce. Cada uno vivió distintas situaciones y no me arrepiento de nada, tengo lindos recuerdos. No vivo las experiencias como algo traumático. Hay que ir para adelante en la vida. Negar mi pasado o el de Jorge es una tontería absoluta. Sobre todo él, después de haber compartido su vida con una mujer tan famosa. Hace poco Susana nos invitó a verla en la obra y yo fui encantada. Me parece que es una mujer genial y ella y Jorge se llevan muy bien.
–¿Sos controladora?
–No, a menos que sienta que el otro se está desubicando. Lo siento innecesario y no da resultado. Además, yo también hablo con exnovios. Forma parte de lo seguro que te haga sentir el otro. Susana nunca generó conflicto entre Jorge y yo. De hecho, ella vino acá hace poco, la llevamos a Rocha y conocimos su nueva casa [La Tertulia].
–El nombre de este campo hace referencia a ella…
–En realidad, Jorge me contó que acá había un rosal… [Piensa]. Todo el mundo cree que es por Susana y yo tengo otra historia. Igual, no voy a romper un mito. Jamás se me ocurriría decir algo respecto del nombre de este lugar, no tengo ningún problema, no me enrosca ni medio segundo. Además, ni a las casas ni a los barcos se les cambia el nombre porque trae mala suerte.
–¿Te gustaría casarte?
–No es algo que se hable. A veces Jorge me dice: "Doctora, ¿te querés casar conmigo?". Pero es un juego. Estamos muy bien así, ninguno de los dos tiene la necesidad. El me llama doctora.
–¿Creés en el matrimonio?
–No, pero lo respeto y me emociono cuando voy a una boda. De pensar todo lo que el casamiento conlleva, me muero. Jamás tuve en mente una postal del casamiento, ni un vestido de novia. Tampoco había soñado un nombre para mi hija. Antonia surgió cuando estaba por nacer. Un día lo dije en voz alta y me pareció que tenía mucha personalidad.
–Llevan casi ocho años en pareja, ¿qué hacen para mantener vivo el amor?
–Estamos mucho juntos. Venimos acá, hacemos viajes relámpago, pero nos gusta estar con Antonia también. Tenemos una vida muy normal. Leemos, escuchamos música…
–¿Te gusta la idea de un amor para toda la vida?
–No creo en los cuentos de hadas: el príncipe y la princesa destiñen. Prefiero la construcción cotidiana del vínculo, elegir a diario. Me gusta la idea del trabajo permanente para amar al otro, porque mientras eso existe, es para siempre. Tengo esa cultura para todos los aspectos de la vida, no sólo para la pareja. Doy siempre el ciento por ciento, pero cuelgo el cartelito: "Disculpe las molestias, estamos trabajando para usted".
SOY FELIZ SIENDO MAMA

–Siendo muy joven perdiste a tu madre, ¿cómo recordás esa época de tu vida?
–Tengo el recuerdo de una mamá débil, porque cuando yo tenía 7 ella se enfermó y murió a mis 20. Eso también hizo que me adaptara a la situación: no sólo fui muy pegada a mi mamá desde el cuidado, también soy muy sobreprotectora con mi hermana Paz (37). Si bien era mucho más imaginable para mí perder a mi mamá, obviamente su muerte fue un cimbronazo. Tal vez pensaba que iba a tener un hijo y ella no lo iba a conocer. Pero aprendí a convivir con ese duelo y con mi mamá internamente, siempre esperando que estuviera orgullosa de mí.
–Fuiste una madre madura, a los 39.
–A los 30 y pico empecé a escuchar a amigas que decían que si no encontraban una pareja pronto iban a tener un hijo con cualquiera. Y yo jamás comulgué con ese pensamiento, no quería un hijo porque sí. Cuando conocí a Jorge fue él quien puso en superficie mi deseo. Me decía que yo tenía que ser mamá, pero a mí me daba miedo.
–¿Tuviste temor de perderte la maternidad?
–No, aunque soy de la generación en la que se exigía tener un hijo. De repente, ahora que soy madre, tengo que tener valor para decir que no quiero tener otro. Hay una mirada acusadora de las mujeres de mi edad.
–En algún momento dijiste que te gustaría adoptar.
–En realidad, me preguntaron si adoptaría un hijo en caso de no poder tener y dije que sí. Creo que no tendría problema en adoptar, pero estoy muy bien con Antonia, siento que formé una familia con Jorge, junto a Iara y Juan, y además amo mi trabajo. Me gusta mucho la libertad y cuando tenes un bebé es hermoso, pero también te limita en un montón de situaciones.
–¿Cómo es Antonia? ¿La encontrás parecida a vos en la forma de ser?
–Es muy personaje, siento que es mi Sofía Gala. Imposible que no sea como es con la genética de Jorge y la mía. No digo que mi hija es una niña índigo, entiendo que hoy los chicos tienen una estimulación especial, pero ella además tiene hermanos más grandes que la tratan de igual a igual. Además, tiene pensamientos increíbles y es muy Andrea del Boca, intensa y dramática. Pero después se le pasa. ¿Qué te voy a decir? Es una chica muy especial•
Texto: Paula Galloni
Fotos: María Teresa de Jesús Alvarez y Tadeo Jones
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