
Piñón Fijo, toda una fija
Vuelve a Buenos Aires con sus personajes, a cantar durante 4 días
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Decididamente, no le gusta decir que vuelve por dos clarísimas razones; una, nunca se fue; otra, lo vuelve sutil frente a la idea monopólica de que todo tiene que ocurrir en Buenos Aires "para que ocurra". Así, Piñón Fijo no vuelve, sino que... se pasea por esta ciudad unos días con la mochila cargada de la música y los personajes amigos que se fue haciendo en los últimos tiempos. Eso sí: recala en el Coliseo para desplegar su magia de payaso sin rojo en la nariz. Desde hoy, durante todo el fin de semana largo, se presentará para compartir su último CD, "Una luna en la laguna", el disco que ya desde el año pasado colgó en su página web ( www.piñonfijo.com.ar ) para que lo pueda descargar quien tenga ganas y, de hecho, ya fueron más de 100.000 los que lo hicieron desde lugares tan remotos como Japón, Taiwán y varios países de Africa.
"Terminé el vínculo que tenía con una discográfica y me decidí a hacerlo así. Lo probaron muchos músicos; lo hizo Rubén Blades, mi ídolo. ¿Por qué no lo iba a intentar yo? Es cierto que no hay una recaudación económica puntual, pero dejo que se escuche lo que escribí. Si no, ¿para qué? Con la crisis discográfica, con la piratería, un disco en una batea se muere de soledad. De esta manera, puedo cumplir el objetivo que tengo al escribir, que no es otro que compartir lo que hago", explica Piñón desde Córdoba, donde volvió a vivir y desde donde pivotea su trabajo en el resto del país y en otras ciudades de América, luego de años de vorágine porteña que no le dejaba casi tiempo para respirar.
Según lo que cuenta Piñón, la impronta y la mística de los nuevos shows es la misma que tenían aquellos con los que llenó 57 veces consecutivas el Gran Rex, en 2003. "Un recital con una buena producción, en el que se van hilvanando canciones -sin duda, el centro de todo-, juegos y sketches en los que aparecen los amigos de siempre. Pero más allá de todo, no quiero que deje de ser una reunión familiar", dice.
-¿Sigue estando el Kenchu?
-Mirá, si llego a dejar afuera al Kenchu, el problema lo voy a tener con los padres de los chicos -dice, y se ríe-. Y también siguen estando mis hijos, Jere y Sol, que ya tienen 22 y 23 años y son flor de músicos; con ellos me alcanza y me sobra para hacer todo lo que necesito sobre el escenario.
-¿Piñón ha cambiado? ¿Con qué se va a encontrar la gente que no te ve desde hace mucho? Sobre todo, considerando que los programas que emite El Trece son viejos...
-Supongo que Piñón cambió como cambié yo [Fabián Gómez]. Estoy más grande, con otro aplomo y otro nivel de disfrute. Cuando uno es joven y con una energía abrumadora, se escapan cosas; ahora puede decirse que estoy más contemplativo, capitalizo de otra manera el tiempo; en este sentido, estoy más cerca de la manera en que los más chiquitos perciben el tiempo, como si nunca se acabara, como si cada cosa pudiera ser eterna.
-Digamos, entonces, que cambió tu manera de hacer música...
-Mirá, cada disco para mí es como una tesis para un universitario; ya tengo nueve y cada uno refleja lo que he ido aprendiendo con el tiempo. De eso se trata, ¿no?
PARA AGENDAR
Piñón Fijo : Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125: mañana, a las 15.30 y 18.30, y pasado, el lunes y martes, a las 15.30. Entrada: desde $6 0
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