
Poema de sangre y lujuria
Desde que Silvio Pellico estrenó en 1815 su "Francesca da Rimini", impresionado por la trágica historia de amor eternizada por Dante en el quinto canto del Infierno de "La divina comedia", los desdichados amantes se convirtieron en tema favorito de poetas, dramaturgos, músicos y pintores. Habiendo sido apasionante motivo inspirador para los románticos, no extraña que la música del siglo XIX y comienzos del XX haya buscado reflejar el destino perturbador de Paolo y Francesca, condenados a vagar eternamente arrastrados por infernal borrasca. Ya la Fantasía para orquesta de Chaikovsky no escatima recursos para describir el horrible destino de los adúlteros; pero a su vez la ópera le añade el atractivo ingrediente escénico. No atrajo sin embargo a ninguno de los grandes genios de la lírica; pero como el arte no se nutre sólo de genios, la pareja culpable revivió en la obra de operistas de talento y muy buen oficio, como es el caso de Riccardo Zandonai, a cuyo encuentro, y a través de su "Francesca da Rimini" convoca el Colón a partir del próximo martes.
El espectador podrá ingresar sin dificultad en esta historia de perfidia y amor, pues la obra de Zandonai es lo suficientemente explícita en el relato de los hechos. Es cierto que para ello es preciso que cada espectador acomode su sensibilidad al estilo de Gabriele D´ Annunzio, que definió su obra teatral, representada por Eleonora Duse en 1901, como "poema de sangre y de lujuria". Porque los ampulosos recursos poéticos dannunzianos encuentran su réplica en la adaptación de Zandonai (Turín, 1914), en cuya devoción al texto del poeta reside parte de su valiente desafío. O de su debilidad.
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Porque una cosa es la retórica poética y otra la musical. A veces una sola palabra, como ocurre con el "addio, "addio" del dúo de Gilda y el duque de Mantua en "Rigoletto", le basta a Verdi para fijar la situación escénica y desplegar su impresionante retórica musical. En cambio, Zandonai revierte aquella postura y condiciona su retórica a la del poeta, lo cual afecta en cierto modo la espontaneidad de su estro melódico. En su activo, en cambio, deben señalarse una madura y coherente elaboración del material temático, un vigoroso sinfonismo y una fuerza teatral avasalladora.
Como "Francesca da Rimini" se dio en Buenos Aires hace 69 años, será una novedad que todos esperamos con gran ansiedad, para rescatar aquello que no puede dar el disco y saber, al fin y al cabo, de qué se trata. Los cantantes y los directores musicales y de escena tendrán la última palabra, a través de un espectáculo que promete emociones violentas, dignas de la ferocidad medieval, con soldados que caen desde las alturas envueltos en llamas (virtuales), ráfagas de flechas (¿envenenadas?), y otros efectos de superproducción bélica, en medio de alucinantes chispazos orquestales.







