
Policial negro, con marca de autor
Mujer hermosa se ve por allá / Libro y dirección: Diego Brienza / Intérpretes: Daniel Aizicovich, Fernanda Bercovich, Marcelino Bonilla, Sofía Ciravegna, Malala González, Claudia Mac Auliffe, Lucila Madeo, Horacio Marassi, Maia Menajovsky, Guillermo Pier, Analía Sánchez, Mauro Tellextea / Escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde / Iluminación: Braian Brown / Sala: Teatro Anfitrión, Venezuela 3340 / Funciones: viernes, a las 23 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena.
Comienza la obra: en un escenario vacío, un personaje se desdobla en dos actores. Uno interpretará al detective que protagoniza la historia, el otro a su interioridad. Esta dualidad es un acertado recurso para poner en escena lo que los policiales negros suelen mostrar; por un lado, lo que el detective hace y, por otro, sus pensamientos. Pronto, la atmósfera está lista para desplegar las características del género, esas particularidades reconocibles que han creado un fuerte imaginario respecto a las oficinitas con el nombre del detective escrito en una puerta vidriada y donde la acción suele empezar cuando una mujer hermosa la atraviesa y pide ayuda para resolver un enigma. Sobre estos tópicos trata Mujer hermosa se ve por allá, de Diego Brienza. Sin pretensiones de realismo, aquí la propuesta es superponer a la silueta de Buenos Aires lo estereotípico del policial negro.
El caso que mueve la acción es la búsqueda de una mujer desaparecida. Con los retazos de información que los testigos van entregando y las conexiones que se realizan entre ellos (enfatizados mediante el uso de proyecciones que repasan los conceptos claves), se irá dando forma a esa muchacha perdida y también a la mujer hermosa que pidió que la encuentren. Más que la trama, lo interesante de la puesta es el juego con su referente genérico. A medida que la obra avanza, el espacio se va poblando con bares de baja estofa, encuentros en plazas, fotografías incriminadoras, frases sentenciosas, testigos, gente vestida con pilotos, sospechosos, matones, indisimulable misoginia, violencia, datos reveladores y demás.
Las actuaciones refuerzan la bidimensionalidad de los personajes: su estatismo, su obediencia a marcaciones esquemáticas y su forma de "tirar" el texto los muestra como si fuesen hablados por su discurso sin llegar a hacerlo orgánico. A veces parecen ser marcas de amateurismo en algunos de los intérpretes (hay aquí muchos actores dando sus primeros pasos), pero la obra es astuta en aprovechar esto hasta volverlo una elección estética que se enfatiza en el tramo final. Así, si hay acartonamiento es porque sirve para ilustrar una reflexión sobre los lugares comunes de lo policial.
La historia es fácil de seguir a pesar de sus idas y vueltas, tiene humor y una clara autoconciencia que le permite, en sus mejores momentos, tomarse en broma a sí misma. Casi todo policial busca armar una verdad, construir una identidad, reconocer algo que estaba perdido. Mujer hermosa se ve por allá es eso mismo, no sólo porque es la historia de una pesquisa sino también porque es una obra que busca su propio género a lo largo de su desarrollo. El descubrimiento final no es sólo el de la intriga que moviliza la aventura sino el de la misma puesta que muestra una forma posible del difícil arte de hacer obras de género en el teatro independiente.
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