Presente y futuro del Teatro del Pueblo
La emblemática sala que es un baluarte de la escena independiente porteña se ve obligada a dejar el mítico espacio que ocupa desde 1943, la Fundación Somi busca una solución y podría mudarse a un espacio en Almagro
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Abel y Caín conversan de la tierra, de la propiedad, de quiénes son sus dueños. Abel, con su entrañable dulzura, arroja "es patrimonio de la humanidad"; Caín, con su conocida dureza, rebate "es de quien la trabaja". Esto pertenece a la enorme obra Terrenal, de Mauricio Kartun, que desde hace dos años se sube cuatro veces por semana -a sala colmada y con aplausos extensísimos- a la sala más grande que tiene el Teatro del Pueblo. Y sí, de eso se trata ahora la suerte de este teatro: su propiedad pertenece -porque así lo ordenan las leyes- al Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos; pero de él se ocupa la Fundación Somi desde hace más de veinte años, de su cuidado, de su conservación y, sobre todo, de su identidad.
El Teatro del Pueblo es mítico por donde se lo mire. Su historia comienza en 1930 cuando el célebre Leónidas Barletta lo funda y en ese instante nace además el denominado teatro independiente ya que es el primero en esta categoría de América latina. Su historia está repleta de reveses. Desde 1943 se arraigó en este sótano de Diagonal Norte 943, a metros del Obelisco, año en que fue expulsado por el gobierno militar de turno de su sede, en Corrientes 1530. Pero en 1975, a la muerte de Barletta, su actividad se interrumpió hasta 1987 cuando un grupo de herederos de Teatro Abierto decide reabrirlo. Pero no todo fue tan sencillo y, por diversos impedimentos, tuvieron que hacerlo bajo otro nombre: Teatro de la Campana, en honor a su creador porque cuentan que Barletta para dar aviso del comienzo de la función salía a la calle a hacer sonar su campana.
Con todos estos vaivenes, lo cierto es que el Teatro del Pueblo todavía, luego de 86 años, no tiene su espacio propio. Hace algunas semanas, Ángel Mahler, ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, se reunió con los representantes del Teatro del Pueblo. A la reunión se sumó, además, Alejandro Ullúa, director de Proteatro. Juntos expresaron la voluntad de ayudar al teatro a encontrar, por fin, su lugar.
El dramaturgo Roberto Perinelli es uno de los creadores de la Fundación Somi -el nombre es un homenaje a Carlos Somigliana que fue uno de los motores de Teatro Abierto-. El grupo lo completan otros tres históricos: Roberto Cossa, Bernardo Carey y Marta Degracia, y han sumado a Andrés Binetti, Mariela Asensio, Adriana Tursi, Raúl Brambilla y Héctor Oliboni porque dicen, aunque no se les note para nada, que están un poco viejitos. Ellos están a cargo hace veinte años del teatro, de su programación y del cuidado de la dramaturgia argentina. No se turnan para ser "directores", son los nueve -eran diez hasta 2009, cuando murió Carlos Pais- y se llevan muy bien, confiesa Perinelli. "El único dogma que ponemos es que seamos autores argentinos, no importa la edad, ni el estilo. Hemos hecho desde Federico León a Carlos Gorostiza".
-¿Cuándo llegan ustedes al teatro para hacerse responsables?
-En 1990 se anunciaba el derrumbe del Teatro del Pueblo porque a la muerte de su fundador, Barletta, sus herederas no lo podían sostener más. Floreal Gorini que era el presidente del Instituto de Fondos Cooperativos -nuclea a las cooperativas de todo el país y su cabeza financiera visible es el Banco Credicoop- era un tipo encantador, muy macanudo, le compra el teatro a estas tres señoras que habían sobrevivido a Barletta y nos llamó para que nos hagamos cargo de la dirección artística del teatro. Le dijimos que sí pero había que modernizarlo. Pusimos la mitad e hicimos este teatro -es en esa remodelación, a cargo de Tito Egurza, que se sumó la sala chica-. El pacto entre Gorini y nosotros fue entre caballeros, de palabra, no hubo nunca un papel. Hasta que murió Gorini hace unos años. Y ahí empezaron las dificultades porque aparecieron otras personas que, por supuesto, no se hacían cargo de compromisos anteriores. Nos quitaron algunas de las ayudas económicas que habíamos pactado con Gorini para el funcionamiento que iba a ser compartido. Tuvimos temporadas muy magras donde tuvimos que poner plata de nuestros bolsillos.
-¿Cuándo les comunican que deben mudarse?
-A mediados del año pasado, advertimos que el teatro necesitaba algunos arreglos. Hicimos un proyecto para hacer algunos cambios, lo presentamos al mecenazgo que nos dio la posibilidad de buscar el dinero. Como íbamos a invertir queríamos un acuerdo un poco más extenso y ahí se armó la podrida. Quisieron compartir con nosotros la programación teatral, nos quisieron poner al señor Juano Villafañe para que trabaje con nosotros, que lo venimos haciendo hace veinte años gratis. Nunca cobramos un mango, al contrario, hemos puesto dinero. Ellos son socialistas pero nos pusieron en la cara el título de propiedad. Es cierto, son los dueños. Nosotros les dijimos que nos íbamos. Y nos tenemos que ir en diciembre de 2017. Desde hace meses que estamos trabajando buscando un lugar. El nombre es nuestro y lo vamos a llevar al nuevo espacio.
Es muy probable que el Teatro del Pueblo encuentre su nuevo espacio en Almagro, esas cuadras que desbordan teatro. Concretamente podría instalarse donde fue Puerta Roja -Lavalle 3636- para seguir construyendo su historia.
Caso Apacheta:
Hace unos meses, la comunidad teatral se hacía eco de un problema: luego de trece años de actividad, el dueño del predio en donde se encuentra la sala Apacheta -que dirige Guillermo Cacace y que aloja el fenómeno teatral del off Mi hijo solo camina un poco más lento- decidía vender el terreno. Desde los organismos estatales hasta teatreros con nombre y apellido -Carlos Rottemberg a la cabeza- dijeron presente y lograron que la sala siga funcionando.
-¿Creés que la ayuda para el Teatro del Pueblo va a llegar?
-En este caso no serían ayudas personales sino a una fundación. Nos da mucha pena dejar este sótano pero ante la envidia y el resentimiento de la gente no se puede. Estamos buscando la ayuda, hemos encontrado buen eco en el Instituto Nacional del Teatro y en Proteatro. Muy buena disposición. Lo que pasa es que el Teatro del Pueblo es mítico. Creo que hay que cuidarlo.





