Puro Ibsen: Un enemigo del pueblo, potente clásico en su versión original

Tres protagonistas y un director: Juan Leyrado, Romina Fernandez, Raúl Rizzo y Lisandro Fiks
Tres protagonistas y un director: Juan Leyrado, Romina Fernandez, Raúl Rizzo y Lisandro Fiks Crédito: Patricio Pidal/ AFV
El director Lisandro Fiks rescató el poco conocido texto original de Un enemigo del pueblo, del autor noruego, para llevarlo a escena en el Regio, con los protagónicos de Juan Leyrado y Raúl Rizzo
Carlos Pacheco
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13 de abril de 2018  

"El pueblo nunca tiene razón. Esa es una mentira instalada contra la que debe enfrentarse un hombre pensante y libre. El pueblo es materia prima de la que los burócratas y poderosos se abusan. Pero esa materia prima podría estar en manos de los mejores, de los pensantes, de las personas con un pensamiento evolucionado, cívico y ético... ¿Quiénes eligen a los brutos y los ignorantes que nos gobiernan...? La mayoría. La mayoría tiene el poder, pero no tiene razón. La razón la tengo yo? y algunos otros". Este es un pequeño fragmento del airado discurso que el Dr. Stockmann, protagonista de la pieza Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, lanza ante la comunidad en la que vive en un momento de extrema tensión, que le traerá consecuencias inesperadas.

Una de las obras emblemáticas en la producción del creador noruego -escrita en 1882- que en determinados períodos sociales es rescatada por teatristas de los más diversos países del mundo con la intención de provocar una fuerte reflexión entre los espectadores. Hoy, Un enemigo del pueblo se estrenará en el Teatro Regio, con versión y dirección de Lisandro Fiks y un elenco integrado por Juan Leyrado, Raúl Rizzo, Romina Fernandes, Edgardo Moreira, Viviana Puerta y Bruno Pedicone.

Introducirse en el clima de la obra resulta una tarea sumamente interesante. Ibsen no solo propone un juego dramático anclado muy bien en el realismo, sino que, además, pone en el centro de la escena un tema que en su tiempo parecía preocuparle y mucho, el sistema democrático. Al respecto, el crítico inglés Edmund Gosse sostiene: "La disolución con la política de la época tuvo una influencia directa en las obras de Ibsen. Estaba convencido de que nada podía esperarse de las reformas democráticas, de esas masas ciegas movidas caprichosamente en cualquier dirección. La única esperanza estaba del lado del carácter individual".

La trama se desarrolla en una ciudad que posee un balneario que ha generado cierto progreso entre los habitantes. Tomás Stockmann es un médico que regresa al lugar después de trabajar en una pequeña población. Su hermano Pedro, el intendente del lugar, está muy aferrado al poder. El conflicto se produce cuando Tomás se entera de que las aguas de ese balneario están contaminadas y decide denunciarlo ante los integrantes de la comunidad.

Si bien el texto original muestra al Dr. Stockmann como un ser intolerante y antidemocrático, algunas versiones de la pieza, entre otras, la que realiza el norteamericano Arthur Miller en la década de 1950, han suavizado estas cualidades de la conducta del protagonista y lo muestran como un simple justiciero. Esa versión se presentó en el Teatro San Martín en 1972, bajo la dirección de Roberto Durán, con Ernesto Bianco en el rol del médico. En 2007 la obra volvió al escenario de la sala Martín Coronado según una adaptación de Sergio Renán, interpretada por Luis Brandoni y Alberto Segado en los papeles centrales.

El proyecto actual

Lisandro Fiks -director de las elogiadas 1982, obertura solemne y 25 millones de argentinos- dice sentirse fascinado por la producción de Henrik Ibsen y, en este caso particular, desarrolló una investigación muy exhaustiva en torno al texto original escrito por el dramaturgo noruego. "En principio leí todas las versiones que conseguí -comenta-. Y encontré diferencias sustanciales. En el cuarto acto de Un enemigo del pueblo, cuando se produce la asamblea, Ibsen diseña a un Dr. Stockmann que se pone violento. Pierde la cabeza. Hace su catarsis. En su versión, Miller cuestiona que la mayoría puede equivocarse. Pero Ibsen dice que la mayoría no tiene razón y que la verdad la tiene él. Eso es lo más suave. Habla del voto calificado, de que la gente pobre, más que médicos, necesita veterinarios, hace mención del exterminio y eso lo plantea en 1882, antes de las guerras. Él propone una serie de barbaridades, acusa al pueblo de ignorante, de bruto, de animales, y dice que él es superior al resto. El trabajo que realicé fue extenso. Estudié mucho el material, analicé las construcciones lingüísticas que armaba Ibsen y vi una serie de películas a partir del texto".

Fiks ubica la acción de la pieza en 2018, en la Argentina, "no en un contexto real, político", destaca el creador. "Los planteos que se hacen los personajes siguen muy vigentes. Nunca me interesó hacer un teatro con bajada de línea. Ojalá se genere un debate, pero no partidario. Creo que estas obras son inmortales porque tienen que ver con una forma de pensar y plantear las miserias y las virtudes humanas".

Juan Leyrado y Raúl Rizzo encaran en esta puesta al Dr. Stockmann y al intendente, respectivamente. Es la primera vez que trabajan juntos, aunque fueron compañeros de estudios en las escuelas de Agustín Alezzo y Alejandra Boero. Han tenido un profundo contacto con este tipo de materiales dramáticos durante su formación. "A la hora de encarar un clásico siempre me hago una pregunta, ¿por qué lo es? -explica Rizzo-. Analizo si el tiempo no le pasó por encima y perdió valores. En principio me pongo un poco temeroso, pero después entiendo que si soy algo irrespetuoso, le puede ir mejor a ese clásico. Voy a establecer una mejor relación con el material". Por su parte, Leyrado agrega: "Cuando tenés la posibilidad de hacer estos textos y te metés de verdad, te sentís muy protegido. A estos personajes hay que buscarles el mundo interno".

Y en esa línea trabajaron en los ensayos, intentando reconstruir de manera profunda el vínculo familiar que une a estos hermanos. "Se juegan cosas muy fuertes -dice Raúl Rizzo-. El Dr. Stockmann es el hermano protegido por los padres, es caprichoso, siempre hizo lo que quiso. No escucha razones. Cree en algo y se manda. Entre ellos hay afecto, pero ese afecto cuando es tan cercano puede transformarse en un gran odio. La problemática que aparece en la obra termina contaminando la relación. Mi personaje, el intendente, es un tipo solitario. Su única familia es su hermano, la esposa y la hija de él. A medida que la obra transcurre todo ese lazo se rompe". Leyrado subraya que el trabajo puntual sobre el vínculo hizo que sea el eje de conflicto real. "Tuvimos en cuenta la competencia entre esos hermanos y que eso tenga una base de conexión afectiva", explica el actor.

En ese aspecto el director está convencido de que "lo más lindo de ver en el teatro son los vínculos humanos. Lo más interesante -expresa- es lo que le pasa al individuo, más allá de lo que dice. Como espectador, querés ver un alma humana".

Pero aquí también se filtra la política y eso hace tambalear no solo la realidad de una población tranquila, sino la de una familia de seres con pensamientos muy opuestos. "Si uno escucha a Stockmann profundamente, encontrará en él un aspecto egocentrista importante que fue el que plasmó Ibsen. No se deja llevar solamente por el hecho de justicia que es válido, pero que es todo sentimiento. Además hay algo que tiene que ver con el pensamiento. En todo caso, creo que lo que él propone es más anarquista o más nihilista. No lo encaro tanto desde lo político. Me interesa dejar escapar su pensamiento. No adhiere a ningún partido político. Sus planteos, a veces, son razonables y otras no. Pero hay algo que tiene que ver con el compromiso de uno, como ciudadano. Si no conocemos la Constitución, si no leímos ni siquiera el Preámbulo... ¿cómo votamos, qué votamos? Stockmann no plantea votar a este o al otro, si no el conflicto de una democracia que no está acompañada por una sociedad que realmente tenga un conocimiento. Frente a eso la democracia se empobrece por más que sea uno de los sistemas que mejor contemplan los problemas de los ciudadanos".

"Esta versión no inclina la balanza por el discurso del Dr. Stockmann -aclara Rizzo-. Por el contrario, los dos discursos son válidos. Creo que el espectador va quedar lleno de interrogantes. Y de contradicciones, las mismas que viven los personajes. La estructura, la poética y lo esencial de la obra hacen que siga siendo un material recurrente de trabajo".

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