Qué bien que hiciste las cosas, querido Hugo
Ellos aparecen por la platea, como lo hacían hace más de 30 años. Por aquel entonces, el "Te veo bien" se respiraba como el aire puro que volvía luego de siete largas y oscurísimas temporadas de muertes. "Te quiero contar/ que después de tantos años/ volverse a encontrar/ es muy necesario." Hoy, con esa misma letra, la entrada por platea de esos payasos tan personales, con enormes narices rojas, es otra bienvenida. Es el regreso, es el reencuentro, feliz y sentida reunión. Y escribir esto es casi tan emocionante como vivir aquel momento. Vivitos y coleando es el gran clásico de Hugo Midón y Carlos Gianni. Y demuestra que, como toda obra teatral, está viva, tanto como su título. Esta dupla creativa significó mucho para dos generaciones que hoy son padres..., y aquellos papás hoy ya son abuelos. Ese marco es lo que hace doblemente emocionante cada función de esta nueva Vivitos y coleando que hoy dirige la mano sensible de Manuel González Gil. Observar al público es también un reencuentro. Muchos de esos padres que ni bien arranca la obra comienzan a tararear letras enteras, tal vez hayan compartido alguna platea otra vez, pero con 20 años menos. Y se ven lágrimas desinhibidas surfeando mejillas iluminadas por sonrisas con barba o maquillaje. El disfrute se transforma en una ovación tras otra y se multiplica cuando esos chicos de hoy observan la felicidad de sus padres. Algunos de ellos ya llevan el legado en su cuerpo y también se atreven a interpretar con coreografía incluida. Es que Hugo también hizo escuela y muchos de sus docentes son dignos sucesores que transmiten esa música tan teatral, esos mensajes asequibles de diferente (o no) modo para grandes y chicos. Gracias por esta fiesta, Roberto Catarineu, Carlos March, Laura Conforte y todos los magníficos payasos.






