
Raúl Perrone: "Yo no tengo ningún precio"
El director habla de su nuevo film, Hierba, y reparte juicios sobre el mundo cinéfilo
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Además de ser uno de los cineastas argentinos con mayor prestigio y trayectoria, Raúl Perrone, se sabe, es todo un personaje. Casi no se mueve de Ituzaingó, su centro de operaciones desde siempre, y es particularmente reticente al clima de los festivales. Por eso, sólo irá al Bafici para presentar Hierba, su última película, incluida en la competencia argentina: se proyectó por primera vez el jueves pasado; se repite hoy, a las 15.30, en el Village Recoleta, y pasado mañana, a las 20.30, en el Atlas Belgrano.
"Hierba tiene que ver con lo que vengo haciendo en los últimos años, desde P3nd3jo5 para acá explica el director. Ragazzi, Favula y Hierba son películas distintas, pero con puntos de contacto. Hierba es una vuelta al color, una película con sus momentos divertidos, sin diálogos y sin sobreimpresión de texto. Está inspirada en un cuadro de Manet (Le Déjeuner sur l'Herbe, que el pintor francés produjo en 1863). Los personajes del cuadro cobran vida y hay una serie de historias entre ellos, relacionadas sobre todo con el juego amoroso. Lo mismo había hecho en Ragazzi: a partir de una historia vinculada con Pasolini inventé una ficción, me puse a jugar. Hierba es una película poética y tiene una manera de encuadrar y de contar en la que se nota mi propia impronta. La película que se viene es completamente distinta."
-¿Qué se viene?
-Una película que se llama Cump4rsit4. Es una historia entre campesinos y militares. Tendrá una música tecno especialmente compuesta para la película y que será tocada en vivo. Parece una película soviética, pero al mismo tiempo es sumamente actual. La hice hace unos siete u ocho meses y hay unos milicos que aparecen bailando un tango. Y da la casualidad de que un señor de Estados Unidos vino acá a bailar un tango hace muy poco. De alguna manera, me anticipé... Es una película política.
-En esta edición del Bafici también se exhibirá un documental sobre tu trabajo como cineasta, El perro de Ituzaingó, de Patricio Carroggio. En el catálogo aparecés como un director talentoso, obsesivo y cascarrabias.
-Mis filmaciones no son muy ortodoxas. Somos tres o cuatro personas trabajando y hay algunos enojos lógicos que tienen que ver con la pasión que le pongo a todo lo que hago. Es mi manera de hacer películas. Si tenemos en cuenta que Herzog amenazó con un arma a Kinski, lo mío no es nada. Yo nunca le apunté a nadie.
-Tenés un modo particular de producir: equipos chicos, presupuestos modestos, rodajes de pocas horas y con intervalos entre jornada y jornada. ¿Te propusieron hacer una película de otra manera?
-Sí, me lo propusieron, pero no transo. Son convicciones, decisiones y firmeza para sostenerlas. Es muy difícil mantenerse en la que yo me mantengo, pero no lo hago para hacerme el raro ni soy un tipo con plata. Para hacerse el raro hay que tener un papá con plata. Vivo de dar clases y de charlas para las que me convocan, porque me gané el prestigio que tengo hoy. Vivo austeramente, no tengo auto y sigo haciendo y diciendo lo mismo que hace más de 20 años. Cualquier otro le hubiera vendido el alma al diablo. Yo no tengo ningún precio.
-Te suele ir bien con la crítica, tus películas circulan por los festivales más prestigiosos del mundo. ¿Cómo hacés para no creértela?
-Soy el mismo tipo de siempre, voy al mismo bar de siempre en Ituzaingó, doy talleres en los que intercambio ideas con los alumnos, tomo un vino y como empanadas con ellos. Todo eso mientras mi película está en la Viennale. Soy un laburante del cine. Cuando algunos directores se den cuenta de que hacer una película equivale a laburar, probablemente dejen de filmar.
-¿Te gusta lo que se dice de tus películas cuando las elogian? ¿Solés estar de acuerdo?
-Más o menos. Yo creo que muchas veces no saben qué decir: "Se radicalizó"; "es una película contemplativa"; "es experimental"... Son palabras. Yo hago películas.
-Casi nunca viajás a los festivales a acompañar tus películas. ¿Tenés miedo a volar?
-La cantidad de festivales que programaron Ragazzi y Favula es impresionante. Casi 80... Y yo no fui a ninguno. Cada vez que una película mía va un festival, yo ya estoy haciendo otra. Les gusta viajar a los tipos que se creen directores de cine. Esos que se pasan cuatro años buscando guita para hacer una película. Yo hago películas de la misma manera que cuando empecé. Si después recorren el mundo, son ellos los que deberían ponerse a pensar por qué pasa eso. Para algunos debo ser un boludo que no viajo, pero para mí los boludos son ellos. No hago películas para viajar y levantarme minas. Y no voy al Bafici porque la gente no habla de cine, sino de otras cosas que no me interesan.





