Raúl Taibo: confesiones del galán argentino
En una entrevista exclusiva con lanacion.com, el actor habló de todo: su carrera, su relación con la fama y su amor por la profesión; "Soy un privilegiado", admitió; accedé al video
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Todos los días abre los ojos y da gracias a la vida. Se levanta y antes de lavarse la cara se prepara un jugo de limón con un poquito de agua caliente para "alcalinizar" el cuerpo. Tal vez esos detalles tengan que ver con el estado físico casi intacto de Raúl Taibo, que a sus 56 años seduce a tantas mujeres como en sus comienzos como galán de telenovela, allá por los 70.
"La dieta no es sólo física", advierte con seriedad. "Tiene que ser mental, emocional y espiritual. Debe involucrar la totalidad del cuerpo, lo que uno es", explica y de súbito parece convertirse en un experto en nutrición. "Empecé a interesarme en la alimentación por los 80. Hay mucha gente educada para comer de cierta manera para tener una alta energía", dice entusiasmado, como vendiendo esa filosofía en una publicidad. E invita a la reflexión, porque energía es algo que parece sobrarle a este actor que no deja pasar más de un año sin aparecer en las pantallas televisivas o en algún escenario.
Cuando toda una nueva generación de actores se abren camino a pasos agigantados para ocupar los lugares que en la víspera descollaban Rodolfo Bebán, Arnaldo André, Ivo Cutzarida, Ricardo Darín, entre tantos otros clásicos galanes, Raúl Taibo se mantiene como uno de los actores más cotizados para encabezar una ficción de amor. Así, hoy se lo ve desempeñarse con éxito como partenaire de Juanita Viale, en el triángulo amoroso de la telenovela Malparida, que completa uno de los jóvenes de moda de la televisión contemporánea: Gonzalo Heredia.
"No siempre fue fácil y me pasó de todo en este oficio", confiesa en un diálogo íntimo con lanacion.com. "Pero se aprende mucho en este medio", agrega, siempre enarbolando la bandera del vaso medio lleno. Medita y cuida cada una de sus palabras con mucha tranquilidad. A cara lavada, no necesita tapar ojeras ni cansancio con ningún maquillaje porque no los tiene. Aunque trabaja de sol a sol, no parece cargar sobre sus espaldas el stress de la metrópolis y el peso de la fama: atiende todas las llamadas telefónicas con el mismo tono amable y conciliador con el que saluda a las fanáticas que no bien identifican sus ojos azules se abalanzan a besarlo, tocarlo y ponderar su belleza, mientras pide un café y una botella de agua sin gas.
Sin embargo, reitera: "No siempre ha sido fácil". "Tuve momentos de rebeldía, de rechazo, de bronca. Hay todo un proceso en el que uno se tiene que preguntar el para qué es público. Explicárselo a uno mismo. No solamente se pierde el anonimato, hay un tema psicofísico ahí muy fuerte. Entonces, te tenés que preguntar, te tenés que responder y obrar en consecuencia porque sino no lo vas a poder disfrutar. A mí me llevó muchos años", explica con el ceño fruncido, y unas pequeñas arrugas demuestran que habla con la voz de la experiencia.
"Ahora, esto es muy benéfico para mí porque este oficio es maravilloso", continúa. "Te aporta herramientas para tu auto conocimiento, para tu calidad de vida, para tu desarrollo. Yo, que soy un aventurero del conocimiento, un apasionado por saber de dónde somos, quiénes somos, de dónde venimos, me di cuenta de pronto que trabajo en donde puedo investigar aquello sobre lo que yo siempre quise saber, que es, en definitiva, sobre los seres humanos. Fue muy bueno haberlo respondido", relata.
Paradójicamente, lo último que pasó por la cabeza del joven Taibo cuando tenía que decidir qué hacer de su vida fue la actuación. Nostálgico, recuerda con ternura cuando a los cinco años proyectaba un sistema de intercambio que no se basase en la moneda. "Como no tenía mi propia plata, quería inventar algo para poder comprar sin ella", relata entre risas. Pronto dejó de lado la economía. Un affaire con los puentes lo llevó a imaginarse con el título de ingeniero civil bajo el brazo. Finalmente, ingresó en Arquitectura. Algo de ese interés "edificante" permanecía por aquellos tiempos en la mente inquieta de este hijo pródigo de Beatriz Taibo, que renegaba de la actuación desde muy niño. "Suficiente era con tenerla a mamá", cuenta que pensaba. Pero un día necesitó "juntar unos pesos" y se metió como técnico en un canal de televisión. Pasó por todos los puestos, hasta que un día, cuando era camarógrafo, alguien lo llamó a salir de detrás de las lentes y ponerse al servicio de la luz roja del "rec". Desde entonces, no paró: Piel naranja, Andrea Celeste, Señorita Andrea, Una voz en el teléfono y tantas más construyeron un currículum tan prolífico como reconocido.
Raúl Taibo, junto a Andrea del Boca, en Señorita Andrea
"No me ocupo de lo que dicen de mí. Hago lo mejor posible, me dedico al laburo", dice con respecto a las implicancias de la fama. "De lo demás, se ocupan los dueños del laburo que yo hago, los canales, los que manejan la prensa", continúa, marcando un claro desinterés por lo mediático. Sin Facebook. Sin Twitter. Taibo vive la fama desde el contacto con la gente, que se agolpa a su alrededor para conseguir un saludo y hacerle alguna recomendación a su personaje en Malparida, Lorenzo.
"En el actor hay una especie de vocación de servicio: la de representar al ser humano", reflexiona. "Es un área que estaría colmada si uno la puede representar enriquecida y verazmente. Si lograste encontrar verdad en vos, amor en vos, ese formato de personaje en vos, actuar se vuelve maravilloso. Ahí puedo decir soy un privilegiado", concluye, satisfecho, mientras un colega le hace histriónicas señas para que se apure. Lo esperan para comer. Taibo lanza una carcajada y antes de seguir a su amigo susurra una última confesión: "Doy gracias a la vida todos los días por esta profesión".
<b> Raúl Taibo y <i> Malparida, </i> en lanacion.com: </b>




