
Resurgimiento de Nathalie Baye, la novia de Francia
Brilla en "Una relación particular"
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Que el nombre de una actriz sea una institución en su país no significa que pueda reivindicar su fama en cualquier latitud. Nathalie Baye, a la que pudo verse hace poco tiempo en "Venus Beauté" y hoy protagoniza "Una relación particular", del belga Frédéric Fonteyne, sabe del estigma de ser una de las intérpretes más reconocidas de Francia y una de las más ignoradas más allá de sus fronteras. Pero su locuacidad y notoria ausencia de divismo indican que lejos está de quitarle el sueño.
A sus 52 años, con un frondoso medio centenar de películas en su haber, no se preocupa por recordar sus trabajos con popes como François Truffaut ("La noche americana", "El hombre que amaba a las mujeres", "La casa verde"), Maurice Pialat ("La Gueule ouverte"), Jean-Luc Godard ("Detective"), Bertrand Tavernier, Marco Ferreri o Bertrand Blier. Ni el resto de sus dramas o comedias. La "novia de Francia", como se la bautizó un par de décadas atrás en su país cuando obtuvo un premio César como mejor actriz, fue una de las niñas mimadas del séptimo arte galo, expuesta al impiadoso ajetreo de la fama mediática. Los cuatro años que estuvo en pareja con Johnny Halliday (el rocker francés por antonomasia), con el que tuvo una hija a la que crió en soledad, fueron la gota que colmó el vaso. Llegados los cuarenta, saturada de la vida pública, se convirtió en una férrea guardiana de su privacidad.
Al punto de convertirse en una actriz que sólo acepta dar eventualmente entrevistas para hablar de películas.
En "Une liaison pornographique" (el picante adjetivo devinó "particular" en castellano), Nathalie Baye interpreta a una mujer anónima que gracias a un anuncio en una revista comienza a citarse con un desconocido (Sergi Lopez).
En una habitación de hotel mantienen relaciones amorosas que son también, sin que ellos lo sepan, sentimentales. La película fue filmada hace ya dos años. Para la mayoría de los actores podría tratarse de una agradable anécdota remota. Baye, sin embargo, habla de este film que llegó a las carteleras porteñas el jueves último, con la frescura de quien acaba de salir de la sala después de verlo por primera vez.
"Es algo que no hago habitualmente -aclara en conversación telefónica desde París, donde se encuentra filmando un nuevo proyecto-, pero en el caso de "Una relaciónÉ" me siento comprometida porque es una de las obras más personales que hice en los últimos tiempos y de la que estoy particularmente cercana. En Francia, por un error de cálculo, fue estrenada en un mal momento, el título provocativo no ayudó demasiado y pasó casi inadvertida (el público pareció descubrirla sólo cuando la pasaron por televisión). Pero sí tuvo mucha resonancia en el exterior. Estuve promocionándola en Italia (ganó el premio a la mejor actriz en Venecia por este film), Grecia, Estados Unidos, CanadáÉ e incluso tenía que viajar el año último a la Argentina para presentarla en un ciclo, pero por razones de agenda lo tuve que suspender".
Baye es estricta para seleccionar sus participaciones en proyectos fílmicos, pero sus exigencias no tienen segundas intenciones: lo que importa es la impresión directa o no que le causa lo que le proponen.
"En este caso, desde el momento en que recibí el guión y lo leí sin poder parar supe que tenía entre manos una película interesante. Y esto se reforzó por el modo de trabajar. Me encontré primero con Frederic Fonteyne, un realizador joven al que no conocía, y a Sergi López, que en aquel entonces era un actor en ascenso, pero no tan conocido como ahora, y empezamos a conversar sobre el film, a construir los personajes mediante la química entre Sergi y yo. Fue una hermosa experiencia, porque ni siquiera yo misma sabía de dónde venía ella, la mujer, ni adónde iba después de finalizada la historia. Ni siquiera sé hoy su nombre. Para un actor, que está habituado a trabajar con un background importante detrás, con todo tipo de información sobre su personaje, es una experiencia conmovedora. No me ocurrió antes no creo que me vuelva a ocurrir en mi carrera".
-¿La confianza en el guión es suficiente para aceptar un film?
-Es el primer gran paso. Y éste en particular me sedujo porque era al mismo tiempo muy audaz y muy simple. El título es engañoso, porque se trata de una historia de amor entre dos personajes, nada pornográfica, aunque es una historia de amor al revés. El espectador tiene la impresión de ser un voyeur , lo que produce un efecto perturbador. No sabe nada sobre ellos, y a la vez sabe mucho. El espectador se detiene siempre a las puertas de la habitación y cuando se le permite entrar, para ver una simple escena amorosa, no puede dejar de sentir un gran pudor. No tanto porque los esté viendo juntos en una cama, sino porque lo que está viendo es el momento en que se expresan en realidad los sentimientos, vale decir la verdadera intimidad.
-¿La relación que se hizo entre "Una relaciónÉ" y "Ultimo Tango en París" tiene en su opinión algún asidero?
-La diferencia principal es que la de Bertolucci fue en su momento un film sulfuroso que -y da la casualidad que lo volví a ver hace poco- envejeció algo mal al perder su contexto de origen. Es cierto: en aquella película tampoco los personajes -al menos hasta el final- conocían sus nombres, pero el espectador sí conocía sus fantasmas. "Una relación..." en cambio hace funcionar la imaginación del que la ve porque justamente porque en todo momento ignora cuáles son los fantasmas de él y de ella. Al detenerse la cámara en la puerta, uno tiene que imaginar y poner en juego sus propias fantasías. Y cuando finalmente la cámara ingresa en el cuarto lo que destaca antes que los cuerpos es la intimidad de la palabra.
-Trabajó con Truffaut, Godard, PialatÉ ¿Tuvo algún resquemor al trabajar con un director joven y desconocido como Fonteyne?
-Fonteyne afortunadamente resultó ser una persona talentosa, pero no me gusta hacer diferencias entre gente con experiencia y la que no la tiene. Cada director, y cada película, son universos únicos. No me fijo en quién va a estar detrás de la cámara, sino en el contenido del proyecto. Muchas veces le he dicho que sí a directores a los que no conocía y unas cuantas le dije que no a directores de renombre. No por ellos, sino porque no me interesaba lo que me proponían. Nunca podría hacer una película sólo porque me ofrezcan buena plata y decir "Bueno, no importa, la próxima vez hago algo que me guste". Las películas no le tocan a uno por casualidad, sino porque las acepta. Y yo lo que trato es que cada una implique alguna clase de desafío.
-Actualmente filma una comedia dramática con Josiane Balasko. ¿Cuál es actoralmente el nuevo desafío de ese film?
-Es una historia, con tintes burlescos, de dos mujeres alcohólicas, agresivas. Debo reconocer que jamás hice un papel de esas características y no tengo idea todavía de cuál va a ser el resultado. A veces sale mejor, otras peor. Pero no tengo dudas de que arriesgar valió la pena.
-En Francia, que la producción local (y europea en general) goce de buena salud es una preocupación continua, plena de debates, siempre pensando en hacer frente a la "invasión" cinematográfica norteamericana. ¿Es una discusión fructífera?
-No hay que exagerar. El cine francés es el de mayor producción dentro de Europa. Hay buenas y malas películas, como ocurre en todos lados, Hollywood incluido. Muchos de los films que son un éxito de boletería no llegan al extranjero porque son localistas y no pretenden ser de exportación. Y hay otros que sí pueden resultar interesantes para otros públicos, como me consta que ocurre con "Una relación particular". Pero también hay una nueva generación de cineastas, muy pujante, que creo que a corto plazo va a lograr que se vea algo más de cine francés en el mundo.



