
El músico electrónico de origen chileno odia los I pod’s y cree que salirse de la realidad, buenos parlantes mediante, debería ser casi un derecho humano.
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Como cada verano, ricardo Villalobos cumplió con la tradición. Los primeros y calurosos días de 2006 los pasó tocando y departiendo con familiares y amigos en Chile, desde donde su familia salió al exilio en Alemania en 1973. Además de hacer bailar hasta el alba a sus seguidores en pequeños clubes y en grandes espacios al aire libre, como el muelle Barón de Valparaíso, emocionó y sorprendió a la multitud del último Love Parade santiaguino cuando cerró el evento poniendo beats electrónicos a la voz de Violeta Parra.
Radicado en Berlín, Villalobos es en realidad una suerte de nómade contemporáneo que una semana se encuentra en Ibiza, a la siguiente está en Tokio. Algo así como nuestro Raúl Ruiz de la pista de baile. Y también del estudio. Sus propios discos han cosechado elogios en medios de naturalezas y alcances diversos. The New York Times calificó uno de los temas de su álbum Alcachofa, de 2003, como una "obra maestra de 10 minutos". A raíz de Achso, su más reciente Ep, el quisquilloso sitio musical pitchforkmedia.com publicaba el mes pasado: "digan lo que quieran, él es primer genio de verdad que ha producido el techno del siglo 21".
Achso es una música un poco más extrovertida que la de tu disco antecesor, Thè Au Harem D’Archiméde.
Achso es la idea de juntar la música acústica con la electrónica, de encontrar una forma de integrar nuevas culturas, nuevas músicas en la electrónica. Para eso uno tiene que estar escuchando música clásica, música de otros países, gitanos, brasileros, de Mongolia, China, de donde venga. Creo que la producción de sonidos artificiales por sintetizadores llegó a un límite en que son tantas las variedades y las posibilidades, que la gente está saturada. Entonces, hay una tendencia a mezclar los buenos tonos electrónicos con cosas reales, cosas que uno conoce, voces, pianos, guitarras.
¿Qué te parecen los I pod’s?
Eso es una vuelta al pasado. Lo triste del desarrollo de la tecnología es que se sacrifican algunas cosas que son importantes solamente para andar con 50 mil discos en el bolsillo. Me da mucha pena que nos encontremos en la casa de un amigo y estemos horas de horas escuchando música de un I pod, que no tiene bajos, no tiene agudos, no tiene nada. Después de siete, ocho horas, te das cuenta de que en la pieza hay un equipo de sonido gigante que nadie usa, porque no es taquilla.
Por haber crecido como hijo de exiliados, tienes una sensibilidad política. ¿Crees que tu música transmite algo ideológico?
Yo creo que lo que uno quiere transmitir es la pérdida de la noción del tiempo mediante el ritmo. Es como tratar de hacer música para que una persona salga de su realidad. Para eso, uno tiene que crear condiciones. Hay que comprar buenos parlantes para poder escuchar todas las frecuencias, comprarse sub bajos, cambiarse de casa si los vecinos son muy pesados y todas esas cosas.
¿Salirse de la realidad también puede ser una protesta contra ella?
Yo creo que salirse de la realidad es casi como un derecho humano. Siempre digo que la capacidad de poder llorar con la música es como un orgasmo adicional, como una eyaculación de lágrimas. El sentimiento de llorar por una cosa bella es mucho mejor que cualquier droga que existe en el mundo.
¿No estás de acuerdo con que ese desahogo se logre con las drogas?
Creo que se puede producir con las drogas, se puede acelerar. Pero escuchar una música y desahogarse es mejor que cualquier droga o cualquier otra forma de salirse de la realidad. Creo que cuando uno se desahoga de esa forma, se siente mejor después. Lo que pasa con las drogas es que generalmente uno se siente peor después.
¿Sigues con el plan de no tocar en Estados Unidos?
Sí. Imposible ir a un país que detesta y no respeta a gran cantidad de las culturas en nuestro mundo y especialmente a la naturaleza. Ahí uno no puede ir a llevar cultura.
Tengo entendido que una vez lo pasaste bastante mal entrando a ese país.
Sí. Te tratan súper mal. Te preguntan por qué saliste de Chile el 73, tienen toda la información tuya, te preguntan por qué estuviste en Cuba por tres meses, cosas así.
Además que por tu aspecto puedes pasar por árabe.
Sí, también. Me lo dijeron. Dos días después de que estallara la guerra en Irak, estaba pasando por Los Angeles para volar a Tokio y los tipos me dieron zamba canuta. Me decían "pareces hijo de Bin Laden". Me preguntaban cosas horribles. Yo estaba que explotaba y sabía que no podía explotar. En ese momento, decidí no ir nunca más.



