
Río: con las alas de un viaje mágico
Los creadores de La era de hielo viajan al trópico para su nuevo film, estreno del jueves
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Bienvenidos a Río. Dicen que está más linda, más real y más espectacular que nunca, y no porque ya esté preparada para el Mundial de Fútbol de 2014 o los Juegos Olímpicos de 2016, sino porque ha sido dibujada con el lápiz mágico de la animación por computadora, por las manos expertas del equipo responsable de La era de hielo y las posibilidades abarcadoras y envolventes del 3D.
Bienvenidos a Río , la película. Quien invita es Blu, una ararinha azul, un guacamayo que -habrase visto- no sabe volar; nació en la ciudad, pero no la conoce; ha vivido toda su vida con el confort y los privilegios de una mascota en casa de su dueña y amiga, una librera de Minnesota, y siempre le interesaron más la lectura que los viajes y la placidez hogareña que las aventuras.
Hasta que una muy buena razón lo hizo salirse de la rutina: se enteró de que es el último ejemplar macho de su especie y que su única pareja posible está en Brasil. Y allá está ahora, en plena cidade maravilhosa, deslumbrado por tanta naturaleza exuberante, por las playas, el mar, la montaña y la selva; por el colorido, la música, los sonidos, la afabilidad de los cariocas y por la belleza de su guacamaya.
El impacto que Río de Janeiro produce en quien la observa por primera vez es precisamente lo que inspiró a Carlos Saldanha, padre del proyecto, y puso en marcha esta producción de Blue Sky Studios, cuyo estreno en 2D y 3D, pero sólo en versión doblada al español, anuncia Fox para el jueves.
Del hielo al trópico
Saldanha, director de los tres episodios de La era de hielo, admite entre risas que después de tanto frío, necesitaba algo más tropical y que puede ser que haya algo de autobiográfico (?) en esta historia que le rondaba la cabeza desde hace años aunque sólo comenzó a desarrollarla entre los episodios 1 y 2 de su exitoso ciclo (antes de que la ciudad fuera designada sede de los Juegos Olímpicos).
Veamos: él mismo nació en Río (hace 42 años); vive en los Estados Unidos desde hace veinte y está consagrado a la animación, y vuelve de vez en cuando a su ciudad, como el alado protagonista azul. Hasta ahí, la coincidencia, porque Blu ni siquiera sabe que es carioca, y si vive lejos es porque fue secuestrado de recién nacido y vendido como mascota por traficantes de animales exóticos.
"En principio –confiesa Saldanha durante una entrevista realizada meses atrás en Río de Janeiro con motivo de la presentación de algunos avances de la producción–, quería dedicar un film a la ciudad, poco y nada frecuentada por el cine de animación, salvo aquel recordado Saludos, amigos, que hizo Disney en 1943. No tenía una historia, pero cada vez que volvía, me sentía las primeras semanas como un extranjero, mirando la ciudad como un turista. Eso me llevó a imaginar cómo sería la experiencia de una persona que viene de afuera y la ve por primera vez. Quería mostrar el impacto que produce por su belleza, su diversidad, sus mezclas y sus contrastes."
–¿Cuándo entró Blu?
–Quería hacer un film con aves porque las adoro. Y tenía que ser una que no conociera Río y sintiera esa emoción del descubrimiento. Curiosamente, primero pensé en un pingüino porque todos los años en invierno llegan pingüinos de la Argentina o de la Antártida, pero tuve que desecharlo: es un animal que no tiene nada que ver con Brasil. Entonces, apareció la ararinha azul [guacamayo de Spix], de la familia de los loros, que es una especie en extinción. Esas aves tan vistosas son víctimas del tráfico de animales. Bien podía ser que un ejemplar cazado y contrabandeado de muy pequeño hubiera vivido siempre en el extranjero, por alguna razón debiera volver y empezara a descubrir de a poco su "brasilidad", no por memoria sino por experiencia sensorial. Que Jewel, la guacamaya a cuyo encuentro viene Blu, sea el último ejemplar hembra también alude a la protección de las especies. La historia tiene un pie en la realidad.
–Ya tenemos escenario y protagonistas. ¿Qué vino después?
–Muchos otros personajes. Primero Linda, la norteamericana que es la dueña y amiga de Blue, y Tulio, el científico brasileño que va a los Estados Unidos a informarles que él es el último guacamayo azul y convencerlos de que viajen a Río para conocer a Jewel. Con ellos volvimos a tener personajes humanos, con los que sólo habíamos trabajado en la primera parte de La era de hielo. Enseguida se añadió un típico carioca, un tucán llamado Rafael, que en otros tiempos fue el rey del carnaval, pero ahora está casado, es padre de varios hijos y ya no tiene tiempo para la fiesta, pero la añora. Es el clásico carioca –muy relajado, muy tudo bem y amigo de medio mundo–, que todo lo toma con calma y sin hacerse mayor problema y es de los primeros que en Río le tiende una mano a Blue. Y más tarde, otros amigos nuevos, como los inseparables Nico, un canario, y Pedro, un cardenal, los dos muy dados a la música y a experimentar con la fusión de samba, hip hop y música electrónica…
Música, música
Río no es estrictamente un musical, pero la música es importantísima y está directamente ligada a la acción; por eso debió estar lista antes de que comenzara la realización. Se confió la producción musical ejecutiva al experimentado Sérgio Mendes, que aportó una nueva versión del viejo éxito de Jorge Ben "Mais que nada". Pero hay mucha variedad en la banda sonora: abarca de creaciones de Will.i.am a Jamie Foxx (que también pusieron sus voces en el original en inglés, lo mismo que Anne Hathaway y Jesse Eisenberg hicieron con los protagonistas), al británico de origen nigeriano-brasileño Taio Cruz y el bahiano Carlinhos Brown.
"Hay varias vertientes de la música brasileña –aclara Saldanha–, y quise valerme de todas. Hoy en día, no es sólo samba, bossa nova, Jobim o Chico: está la música que suena en la calle y se apoya en la percusión, y manifestaciones contemporáneas como el rock, el funk o el rap. Y no faltan melodías –de Khatchaturian a Tom Jones– que están en la memoria de todos y utilicé por su valor evocativo."
Antes de completar el guión, Saldanha sabía que la historia debía desprenderse de la condición singular de estas aves codiciadas por su raro plumaje colorido y vistoso, y por su cotización como mascotas, lo que hace que revoloteen a su alrededor traficantes y cazadores.
Pero no quería sólo el cuentito de amor de los protagonistas –bastante movido porque Jewel y Blue no son precisamente almas gemelas (ella vuela como pocos, es independiente y decidida, y ninguna idea le espanta más que la de vivir en un espacio limitado)–, sino una trama más compleja, con acción y diversión, sobre todo desde el momento en que los traficantes entran en escena. Lo que exigía, claro, un buen villano.
"Lo encontré en Nigel, una cacatúa que alguna vez fue galán de telenovela y no puede tolerar haber perdido el éxito. Está tan amargado que no pierde oportunidad de hacer una maldad cuando se le presenta –define Saldanha–. Así pude jugar con temáticas muy brasileñas."
–Y con la imagen que de lejos se tiene de Río…
–Los estereotipos, sí. No se puede huir de los estereotipos, que al fin también forman parte de la realidad. Si hablo de la Argentina, ¿cómo no voy a pensar en el tango? Y si pienso en Río, pienso en samba, en fiesta, en carnaval. La cuestión está en cómo uno usa esos elementos de la cultura de una manera original.






