
Roberto Carnaghi
Hombre de teatro, lectura y buena mesa
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Recorrió el mundo con el elenco estable del Teatro General San Martín y se hizo popular con el inolvidable corrupto, junto a Tato Bores. Hoy, Roberto Carnaghi participa del audaz Disputas y brilla por las noches en Discepolín y yo, en el teatro Alvear. "La obra es un placer, muy interesante. Yo disfruto haciendo televisión, pero el teatro... ¿Cuántos años ya? Miles. Soy un tipo de teatro", dice sonriendo el actor, hombre simple, amante de la pintura y el buen vino, y gran lector.
Está casado con Julia, actriz que se dedica a la docencia. Tiene tres hijos, dos nietos, perros, gatos. Y vive en una casa tipo chorizo en pleno Villa Urquiza. "Julián, mi nieto mayor, que ya tiene 12 años, vive con nosotros. Es el hijo de mi hija María, separada, por eso está en casa. Para qué negarlo, Julián es un hijo más. Yo lo eduqué, está a mi cargo, es una cosa de locos. Hermoso. Dice que quiere ser actor y me pide que le consiga un trabajito. Lo grave es que tiene condiciones..."
Carnaghi nació en Avellaneda, se crió en Villa Adelina y San Isidro. Y toda la vida le encantó leer. Lo hacía por las tardes, cerca de una parra en el fondo de su casa, rodeado de amigos. "Los otros chicos no leían, pero les encantaba que yo les contase las historias. Yo devoraba historietas y libros de aventuras. Parece que las contaba bien, porque todas las tardes ése era el ritual. Había un baúl grande repleto de revistas y yo estaba ahí, feliz, imaginando, contando."
Se levanta sin despertador, toma mate y nunca lee el diario por la mañana; sólo dos veces por semana, y por la noche. "Por la mañana me resulta mejor escuchar música. ¿Pesimista? No, todo lo contrario. Creo que a este presidente le irá bien. No sé si es un presentimiento o una simple expresión de deseo, pero uno siente aires nuevos, frescos. ¿Será porque viene del Sur?"
Escribe, acomoda papeles de manera obsesiva, lee, estudia, graba. "Disputas anda muy bien, tanto que se está pensando en hacer una segunda parte. Más allá de la audacia de la que tanto se habla, creo que se trata de un muy buen producto. Está bien tratado el tema de la prostitución, hay un elenco excelente. Me da placer hacer buena televisión. ¿Qué miro? Poco. Me interesan los programas de animales y los periodísticos, no mucho más."
De miércoles a domingo pasa las noches sobre las tablas del teatro Alvear. La rutina continúa en su casa, ya que prefiere la comida de Julia, o María, a las propuestas de algún restaurante. "Ellas saben, pero yo también me las rebusco. Mi especialidad son el asado y los pescados. Me encanta. A Julián también. Es un plato, porque cuando salimos a comer pide boquerones. Me gustan la comida, el buen vino, los amigos, en su mayoría artistas plásticos. Es que me encanta la pintura. Estudié tres años con Adolfo Nigro, un gran compañero de vida. Además, me gusta comprar arte. Pequeños lujos que me hacen bien. En eso consiste la vida, ¿quién puede negarlo?"
- Con Tato Bores lo unió una amistad muy especial, y hoy lo recuerda con emoción. "No éramos amigos de ir a comer, pero pasamos miles de horas juntos, y cuando uno está mucho con otra persona que aprecia, habla. Entonces nos contábamos cosas, cosas íntimas, esas que sólo saben los amigos. Tato era un tipo inteligente, chinchudo, exigente, un político que hacía de actor, un bon vivant que amaba a su familia con locura. Yo me hice popular a partir de su programa. Ese corrupto pegó mucho, tanto que hasta el día de hoy me lo recuerdan."
Carnaghi exprés
Mundo: "Me encanta viajar, no sólo para conocer museos, sino para agarrar un auto y perderme por los pueblos. España me encanta, me emociona. Recuerdo que, cuando en gira llegué a Galicia, me puse a llorar. Era la tierra de mi abuelo, a quien no conocí. Pero pasan esas cosas..."
Publicidades: "Vendí aceites, autos, hojitas de afeitar, de todo. Participé de la época de oro de la publicidad, y gracias a eso pude ganar algo de plata. Además, conocí muchachos talentosos que hoy dirigen películas, como Puenzo, Pino Solanas".
Trasnoche: "Tengo el hábito del teatro, me cuesta dormirme temprano. Por ahí estoy muerto, pero me quedo inmóvil frente a un programa que habla sobre pirámides".
Esfuerzo: "Posiblemente sigamos con la obra en el San Martín hasta fin de año, pero nosotros, los actores, nos haremos cargo de la producción. Es que el teatro no puede, no tiene plata. Seríamos nosotros los encargados de pagarles a los seis músicos, pero vale la pena. Es una verdadera joyita".





