
Rosana: romance con la luna
Debut: hoy y mañana, a las 21, en el Gran Rex, la española cantará por primera vez las canciones de "Lunas rotas" y "Luna nueva", en nuestro país.
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Rosana no ha cambiado los hábitos, a pesar de que todo a su alrededor es diferente desde que su primer disco, "Lunas rotas", vendió más de un millón y medio de unidades y puso a la figura del cantautor nuevamente en el primer plano. Ella mantiene la misma frescura que en las canciones del flamante "Luna nueva", una espontaneidad que le permite confesar que lleva contabilizadas las veces que le preguntaron por qué utilizó otra vez la imagen lunar, la costumbre de charlar relajadamente y una autonomía en sus decisiones: impenetrable a cualquier influencia exterior que le demandara una segunda parte de "El talismán".
"No creo en las fórmulas para componer. No funciono así. Escribo cosas que me dan ganas de escuchar a mí. Respeto ciento por ciento mi estado de ánimo en ese momento. Por eso, no creo que este nuevo disco sea mejor que el anterior. Cada uno tiene su personalidad y es único", explica ante comparaciones posibles entre su debut y el nuevo disco.
Si algo decididamente ha cambiado, dirá a cada instante, son los temas que está cantando actualmente y la gente con la que se ha cruzado en este nuevo camino lunar: las sorprendentes Hijas del Sol, de Guinea, y la colosal María Dolores Pradera, de España, que canta una bella ranchera escrita por la canaria.
Esa transformación, sumada a su esencia básica de cantautora y a un sonido acústico, es lo que viene a mostrar en sus conciertos de hoy y mañana, a las 21, en el teatro Gran Rex.
La deuda interna
La gira de "Luna nueva" comenzará por América latina, porque dice que tiene una vieja deuda con el público de este lado del continente que aprobó sus composiciones desde el principio. "Ahora estamos llegando con un concierto acústico y una banda reducida donde tienen predominio los temas del primer disco y del último, pero con una estética intimista. Seremos mis músicos, las canciones y la gente, nada más", adelanta una Rosana a cara lavada, con una ropa suelta y confortable como los climas de sus discos.
Rosana Arbelo no fue afectada por las mieles del éxito. Antes de subirse a la montaña rusa decidió bajarse. Después de momentos inolvidables, como aquel concierto en la plaza de Toros de Las Ventas, donde llovió durante todo el show y nadie se movió de su sitio, la gira con teatros llenos, la exposición y sus temas sonando insistentemente en la radio, Rosana quería contemplar todo desde la tranquilidad de su casa. "No queríamos saturar a la gente, ni nosotros saturarnos de las canciones. Creo que llegamos a ese punto donde todos conocían las letras pero no se llegaron a hartar de ellas. Además, queríamos que disfruten de otras cosas. Esperamos a salir con el disco -originalmente pensado para marzo-, porque no queríamos que compraran el nuevo por inercia."
-Muchos seguramente pusieron el disco pensando en encontrar el nuevo talismán.
-Escogí estas canciones pensando en todo lo que me hubiera gustado a mí escuchar en un disco -comenta, apaciblemente-. Van a encontrar de todo, pero nada que se parezca a lo anterior. En realidad, cada uno elegirá su tema preferido. Es un disco para escuchar sin prejuicios, con los oídos y el corazón abierto. Se podría pensar en un lado A y en un lado B de su música. En viñetas separadas que van conformando un propio mapa. Rosana tiene una brújula interna que no sabe bien a dónde la llevará, pero que la hará navegar por otros ritmos y otras regiones.
"Lo más bonito de todo esto es poder disfrutar de la música; allí no hay nombres ni etiquetas -sugiere-. Es como pintar un cuadro, uno va poniendo los colores pero no sabe cómo va a quedar en realidad. Eso es lo más interesante de lo que hago. No saber qué va a suceder cuando cantás por primera vez una canción. Ese momento es inexplicable y mágico."
La cantante conserva la actitud de puerto abierto a los sonidos del mundo. Los dos trabajos que completan su historia, más el resto de los temas que esperan en su cajón a ser descubiertos y que ella escribe secretamente para otra gente, son en realidad las caras de una misma mujer y el reflejo de su conciencia canaria.
"Todo lo que hago tiene que ver con el lugar donde me crié y donde sigo viviendo. Cuando escribo estoy rodeada del mar y el sol que me alumbra. Estoy rodeada de la música de todos lados. Lanzarote es un lugar donde puedes escuchar un son cubano y una obra clásica. Es de un crisol de razas y de un eclecticismo impresionante. Se ve y se escucha en las calles. Soy producto de ese lugar. Así es mi música", y así se define Rosana, parada en ese lugar, con una melodía que lleva y trae el mar.
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