Rosario, bares y tangos
Comenzó la Quinta Cumbre Mundial de música ciudadana
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ROSARIO.- En esta ciudad de creadores, ciudad repleta de bares, sentó sus reales el tango con el imponente título de Quinta Cumbre Mundial. Comenzó con buenos auspicios, si se tienen en cuenta las actuaciones del bandoneonista rosarino Cholo Montironi y del Nuevo Quinteto Real, con Horacio Salgán.
Mientras la lluvia iba alejándose de la ciudad, los rosarinos se daban cita en el bello y espacioso Teatro El Círculo. Lo hicieron con auténtica flema inglesa en los seis pisos que tiene la sala. Una gran tertulia familiar se armó en los palcos altos, donde fueron ubicados conspicuos personajes como Ben Molar y muchos señores de alcurnia celular que atendieron sus teléfonos como si estuvieran en casa. Tan familiar fue el encuentro que hasta ultimo minuto, inclusive apagada la luz de la sala, los músicos siguieron ensayando detrás del cortinado.
Un interesante video precedió las actuaciones. En el se mostraba a la Ciudad de la Bandera, y sobre todo a una pareja de bailarines. En el cartel exhibido después se consignaba algo importante: el auspicio de la Unesco.
Después de Buenos Aires, Granada, Lisboa y Montevideo, le tocaba a esta otra cuna del tango ser anfitriona de ciudades del mundo. Casi como un calco de Buenos Aires, aquí se aposentó el tango con su cuota de dramas, nostalgias, pasiones, sueños y fabulaciones. Dos de sus músicos más distintivos son recordados aquí: Antonio Agri y Domingo Federico, porque ya no están con nosotros.
El tango -género urbano y contemporáneo- surgirá enseguida con tales características en el primer grupo extranjero, encargado de abrir esta Cumbre: los jóvenes de la Tosca, un grupo venido de Texas (Estados Unidos). Es la primera vez que ellos concurren a una cumbre de tango. El conjunto está formado por dos violines, viola, violoncello, acordeón, clarinete, contrabajo y piano.
Los Texanos llegan para mostrar su propia visión del compás de 4 x 4. Lo que muestran no son páginas memorables aggiornadas a los nuevos tiempos sino composiciones propias, y una versión respetuosa de la "Balada para un loco", de Piazzolla, en un buen arreglo instrumental, que canta una de sus integrantes.
Es interesante constatar qué es lo que se recoge del tango, sobre todo en sus acentos rítmicos, en otras latitudes. Por lo pronto estos jóvenes encaran estéticamente el tango en una línea contemporánea sin recurrir a una mala copia de Piazzolla, Pugliese o Salgán. Y así, con mayor libertad estilística, pueden ofrecer obras propias con refinado trazo ciudadano, digno de una buena música de cámara. Un tanguero acérrimo no podría imputarles tergiversación, porque ellos parten de otra percepción, por suerte alejada del "tango a la europea", de la liviana habanera y hasta de la Guardia Vieja. Siendo así, se salvan de la caricatura. Cuando los texanos se tientan con "Adiós Nonino", de Piazzolla, emergen raptos chopinianos en el piano, mientras el muy buen cantante Alberto Calcagno entona los versos de Eladia Blázquez.
En el medio de la música instrumental y cantada irrumpen bailarines que practican el tango-caminado (que así es la danza) pero que se tientan con las acrobacias de saltitos, "sentadas" y varias piruetas de histérico aerobismo. Los aplausos estallan aquí también (como en el resto del planeta) cuando las bailarinas son lanzadas al aire o construyen con su partenaire una columna humana. Evidentemente un tango que se sitúa a años luz de la sugerencia y la conquista amorosa. Un circo que tiene garantizado el éxito.
Surge el tango
El tango verdadero, con sus raíces y su vuelo llega de la mano del eximio bandoneonista rosarino Cholo Montironi, con su pianista Jaime Martínez Lo Re y su contrabajista Rubén Molino.
El Montironi trío irrumpe con "Lo que vendrá", de Piazzolla, raudo y con fuego. Así es el estilo de este intérprete, que sabe prodigarse en matices y en refinamientos. Su arte se expande cuando acomete una selección de milongas de Julián Plaza. Su empuje es arrollador y en partes temerario en alguna acrobacia.
Con el trío canta Ricardo Paradiso "La última curda" y plancha con verdadera fruición cuanto semitono encuentre a su paso. Pero lo hace exhibiendo su poderosa voz. La cosa se empeora cuando el cantor asume "Los mareados" con rancio espíritu sentimental. "La muerte del ángel" y "Libertango" mostrarán a un trío sólido que muestra tanto la unción y el estilo, cuanto el virtuosismo de su líder. Cholo Montironi es un mojón insustituible en estos encuentros. Un referente sin el cual se perdería la visión del auténtico tango.
Lo exótico
Esta cumbre quiso ostentar una apertura estilística asumiendo graves riesgos. Esta noche es anunciada con bombos y platillos la refinada y exótica Martirio, que llegó aquí tras accidentado vuelo de un día desde Venezuela, pasando por sucesivas escalas en Ecuador, Perú y Chile. Desde su Huelva, su Andalucía, trae Martirio su arte delicado, para entregarlo junto a su guitarrista Raúl.
Pero ¿qué canta aquí Martirio? Pues tangos. ¿Por qué tangos? Porque está en una cumbre del género. La osadía y el riesgo caben si ella tiene enfrente a un público incondicional que la recibe como a una heroina de la jornada. Así entonces la emprende Martirio con "Uno", de Mores, para encajarle melismas y liberarlo del acento y el ritmo tanguero. Es como si a nosotros se nos ocurriese ir a Andalucía para cantar flamenco en molde de tango. Esto sonaría blasfemo, a descomedido, a irritante. Pero si Martirio canta nuestros tangos sin arrimarse al estilo, tratándolos con inflexiones y giros flamencos, nosotros aplaudimos a rabiar. ¿Resabios de la Conquista? Lo cierto es que el 2 x 4 y el 4 x 4 binarios, llegan sostenidos por el ternario andaluz del 6 x 8. Lo que de hecho es furiosa fusión.
Libre, pues, de complejos, Martirio y sus gafas oscuras pueden acometer el tango "Volver" con todos los adornos y elongaciones imaginables que permitiría el "tango-canción", hasta hacerlo desaparecer como música de Buenos Aires. Algo queda, sin embargo, paradójicamente. La musicalidad de una cantante que no grita ni hace alardes, sino que busca en el fondo alguna tangencia entre este lejano sur y el sur de Andalucía... De todos modos, como para no negar su ancestro, Martirio coronará su actuación con una versión también libertaria y sui géneris de la bellísima "Ojos verdes".
La maestría
El cierre de la primera noche llega con el Nuevo Quinteto Real: Horacio Salgán en piano, Ubaldo De Lío en guitarra, Néstor Marconi en bandoneón, Julio Peressini en violín y Oscar Giunta en contrabajo.
Desde "Canaro en París" y "El choclo", pasado por tangos recuperados del olvido como "Ya no cantás Chingolo", "Ensueño" y "El amanecer" hasta "Gallo ciego" y varios más, Salgán y su troupe se zambullen en los tangos añejos y entre delicadezas, arranques canyengues y énfasis rítmicos matizados por sucesivas síncopas se reconstruye la verdadera identidad de la música de Buenos Aires.
Salgán es la antípoda de Martirio. Salgán apunta al centro, al misterio insondable. Martirio anduvo con su canto por extramuros, buscando sin mucho apremio el costado andaluz de esta música nacida desde el fondo de la negritud marginal y de los prostíbulos porteños.
Como una ráfaga de aire fresco, Salgán entrega el primoroso valcesito criollo "La pulpera de Santa Lucía". Allí vuelven a darse la mano ese juego fantástico que el maestro incentiva entre sus integrantes, que siempre se miran y sonríen con la picardía de una travesura.
Un piano alemán Steinway -que Salgán consideró duro y por ello mismo riesgoso- se ha convertido en centro de esta primera noche.
A los organizadores les faltó proporcionar nombres de intérpretes y de temas, priorizando otras informaciones de menor interés. Las cumbres deberían ser un lugar de encuentro para el más profundo reconocimiento con la identidad porteña.
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