
Sara Montiel: la estrella española que supo conquistar el mundo
Ícono sexual del espectáculo durante más de dos décadas, Sara Montiel falleció ayer en su casa madrileña como consecuencia de una repentina enfermedad. Famosa por sus interpretaciones en medio centenar de películas -y tras su retiro del cine, por sus versiones en los escenarios de éxitos como "La violetera", "Fumando espero" y "Bésame mucho"- como por sus múltiples romances (del que tuvo con el escritor Ernest Hemingway, solía contar, le había quedado la costumbre de fumar puros, toda una marca registrada), la actriz y cantante llegó a renegar de la impactante belleza que fue su carta de presentación en todo el mundo. "Qué handicap tengo yo por la belleza física, porque la crítica decía siempre que era preciosísima y nada de mi actuación", recordaría más tarde.
Nacida el 10 de marzo de 1928 en Ciudad Real como María Antonia Abad Fernández, tuvo su primera oportunidad al ganar un concurso de belleza organizado por el estudio más importante de su país. Las catorce películas que filmaría en los cuatro años siguientes le abrirían las puertas de la industria mexicana, desde donde saltaría a Hollywood, donde protagonizó Vera Cruz (1954), junto con Burt Lancaster y Gary Cooper. "No me trataban muy bien en Hollywood, quizá porque era una intrusa en su mundo", afirmó, al explicar su regreso a España. Antes rodó Serenade (1955), en la que conoció al que sería el primero de sus cuatro maridos, el director Anthony Mann.
En 1957, con El último cuplé , de Juan de Orduña, le llegó el éxito (fue el film más visto de la historia de su país). A partir de entonces, se sucederían una cadena de melodramas musicales que incluyeron La violetera , de Luis César Amadori (1958); Carmen, la de la ronda , de Tulio Demicheli (1959), y La bella Lola (1962), de Alfonso Balcázar. Cobraba un millón de dólares por película y decidía las canciones y el vestuario en cada una de ellas.
"Cuando se estrenó El último cuplé y vi la realidad del éxito sentí que había llegado a lo que quería llegar: conmover a las masas, conmover al público", afirmó.

En 1974 con Cinco almohadas para una noche, Montiel se despidió del cine: "Fue una época en la que comenzó el destape, un cine muy feo", explicó la artista sobre el radical cambio estético del cine tras la muerte de Francisco Franco, a la hora de explicar su retirada del séptimo arte. A partir de entonces, se dedicó a los espectáculos de variedades en teatros y a televisión. Su inusual tono de voz, muy grave, revitalizó el cuplé, y sus teatrales puestas en escena, que la mostraban rodeada del humo de los mencionados habanos, causaron sensación en sus giras por Iberoamérica.
En la década del 90 participó también en la televisión española, con una serie llamada Sara y punto, en la que entrevistó a invitados tan famosos como Luciano Pavarotti y Charles Aznavour.
Montiel se definía como una mujer plena, feliz en lo profesional y en lo personal, sobre todo tras la adopción de sus dos hijos, Thais y Zeus, junto a su tercer marido, el industrial Pepe Tous.
"Vivir es un placer –reconoció en su entrevista con AP–. Ya no puedo pedirle más nada a Dios. El único error de verdad que cometí –admitió– fue la boda en 2002 con el cubano Antonio Hernández –que por ese entonces tenía 38 años, 36 menos que ella–. Duró diez días. Fue un error catastrófico. De eso sí que me arrepiento’’, reconoció.
A pesar de su extensa y fructífera trayectoria, Montiel se quedó con las ganas de hacer una película sobre la vida de Catalina II de Rusia y de actuar en un cine "con argumentos más fuertes’’, con un guionista que "no hubiese estado tan oprimido por la censura’’ de la dictadura de Franco.
Tras su muerte, llovieron los reconocimientos de sus pares en el mundo del espectáculo español. "Era un ser genial. Una artista enorme que, durante toda su vida, hizo exactamente lo que le dio la gana, al margen de modas, de críticas, al margen de todo", afirmó Raphael a El País, mientras que el cantaor José Mercé despidió a Sara Montiel como "el último bastión de la copla de España y una actriz enorme como la copa de un pino".
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