Saxo con técnica y pasión
Recital de Stefano Di Battista , presentado por el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires, con Stefano Di Battista (saxos alto y soprano), Eric Legnini (piano), Dario Rosciglione (contrabajo) y Frank Agulhon (batería). Anteayer, en La Trastienda.
Nuestra opinión: muy bueno
Valió la pena la espera, porque Stefano Di Battista es una de las máximas estrellas del jazz europeo y no había debutado en la Argentina (donde sus discos siguen inexplicablemente inéditos) y, además, porque su recital de anteanoche en La Trastienda comenzó con una hora y cuarto de demora. Pero el saxofonista italiano, de 38 años, demostró cómo hacerle frente al frío porteño con esa combinación irresistible de técnica aprendida hasta la extenuación con una apabullante dosis de pasión que, como resulta evidente, recorre sus venas (y sus privilegiados pulmones) made in Roma.
Este fantasista del saxo alto reúne, como destacó el crítico B. Cremer, "el espíritu latente de un Charlie Parker con la esencia del sonido mediterráneo". No por nada, uno de sus mejores discos es Parker s Mood , editado en 2004 por Blue Note, en el que rinde un emotivo homenaje a Bird, y que vino ahora a presentar a Buenos Aires.
Lo presentó a su manera, claro está, porque Di Battista no tocó los diez temas de ese álbum, sino apenas tres, y su estilo irreverente, alejado de los protocolos y condimentado con toques de humor, musicales y extramusicales, a la manera de un medido showman de la RAI, terminó conquistando a los presentes.
Buena compañía
Así, el comienzo pareció inmejorable, con "Night in Tunisia", el clásico de Dizzy Gillespie del que se adueñó Charlie Parker, con un Di Battista que recorría las teclas de su saxo con una digitación vertiginosa, magnética, como una verdadera carta de presentación de lo que podría ofrecer (y ofreció) a lo largo de la noche.
En medio de los colores orientales de la paleta ideada por Dizzy, empezaron también a templar el ambiente los acompañantes de Stefano, el pianista Eric Legnini, que se convirtió en una verdadera revelación; el contrabajista Dario Rosciglione, discreto, pero efectivo, y el baterista Frank Agulhon, que mostró algunos altibajos.
El segundo tema, una balada bluseada de corte funky (sin título, pero que Di Battista confesó que con sus músicos la llamaban "Stupid ballad"), le dio una dimensión casi pop al saxo del líder del grupo y permitió que Legnini, belga, de 37 años, se destacara con su estilo percusivo, muy a la manera de Keith Jarrett, aunque ciertas estridencias del correcto Agulhon interfirieron y terminaron opacando a sus compañeros.
Uno de los grandes momentos del recital fue la versión de "Laura", esa balada del film homónimo de Otto Preminger y que inmortalizó el saxo lustroso del genial Bird, con un Di Battista contenido, austero, al servicio de la armonía, que derretía cada nota hasta terminar en un picante duelo con el piano de Legnini. Rosciglione, en tanto, estuvo amurallado en su contrabajo y Agulhon mostró su olfato al comenzar a tocar la canción sólo con sus manos sobre los tambores para reforzar su aire latino inicial.
"Anastasia", otro tema original del saxofonista, incluido en su álbum Stefano Di Battista, editado en 2000 por Blue Note, comenzó con una improvisación de Legnini, a solas con su piano, en el que el elegante fraseo a lo Bill Evans se convirtió nuevamente en un golpeteo con sabor a Jarrett, como una introducción para que Stefano, esta vez con saxo soprano, le sacara lustre a su sonido dulce, pero no almibarado.
Pero es cierto que el cuarteto pareció mucho más cómodo cuando avanzó después, con el sincopado ritmo de una endiablada locomotora, con otro clásico arranque parkeriano que confirmó que el bebop le sienta de maravillas a la dupla Di Battista y Legnini. Y el saxofonista también estableció un imaginativo contrapunto con el baterista, con cortes y arranques sorpresivos, que el público festejó como los goles de la squadra azzurra .
El único bis fue para una curiosa versión de "Mack The Knife", cuyo estribillo fue repetido por el saxo, los canturreos de la concurrencia y hasta el "silbido solista" de Di Battista, en otro rapto de humor que confirmó que en toda la sala, arriba y abajo del escenario, había gente que disfrutaba (seguramente por eso, la hora y media de recital dejó con ganas de escuchar más o, por lo menos, de una nueva y pronta visita).
No es mucho lo que llega a nuestro país del jazz italiano. Más allá de las presentaciones porteñas de Enrico Rava y de Stefano Bollani, y de la fama de Aldo Romano, hay músicos notables que son virtualmente desconocidos aquí, como Enrico Pieranunzi, Salvatore Bonafede, Paolo Fresu, Roberta Gambarini, Francesco Cafiso, Rosario Bonaccorso, Maria Pia De Vito, Giovanni Tomasso y Gabriele Mirabassi, entre otros. El brillante debut de Stefano Di Battista tiene, además de su lección musical de alto vuelo, el valor de una demorada reivindicación jazzística para toda Italia.




