
Se estrenaba Lo que el viento se llevó, y arrasaba
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El 15 de diciembre de 1939 se estrenó, en la localidad estadounidense de Atlanta, la película Gone with the wind , o Lo que el viento se llevó, y desde entonces se volvió uno de los grandes clásicos de la pantalla grande.
Posiblemente fue la primera gran superproducción de Hollywood, y no hay ranking sobre el cine norteamericano que no la tenga entre las 10 mejores películas de la historia.
La trama, basada en la exitosa novela de Margaret Mitchell, es una épica puesta en escena del auge y la decadencia de la sociedad sureña antes, durante y después de la guerra civil norteamericana, pero también el arco vital de Scarlett O´Hara, una heredera caprichosa, encantadora y odiable al mismo tiempo, y su relación con Rhett Butler, un rico comerciante de sutil ironía; Vivien Leigh y Clark Gable, respectivamente.
En su época, ya durante su filmación, que insumió unos seis meses, se transformó en una especie de leyenda urbana. Incluso antes de su estreno, realizado en el Gran Teatro Loew, cuya fachada lucía una escenografía similar a la mansión familiar de los O´Hara, hubo una función sorpresa para sopesar el impacto en una audiencia desprevenida. Los gritos de júbilo del ocasional público al darse cuenta de cuál era la película que estaban comenzando a ver dan una idea de la expectativa que la historia había despertado. Y el resultado no fue para nada desilusionante.
Casi cuatro horas de suspensión de la realidad, todo un desafío para la época, terminaron por resultar una de las perlas que el séptimo arte puede, con justicia, enhebrar en su collar.
Entre esas perlas está la de haber sido la primera película en color en obtener un Oscar. Ese premio, que su productor, el omnipresente David O. Selznick, se jactó de cosechar en 8 de las 14 nominaciones que tuvo, reveló otros varios reflejos inolvidables.
Por ejemplo, además de mejor película y mejor director para Victor Fleming, Vivien Leigh obtuvo el premio a la mejor actriz, que años después repetiría con Un tranvía llamado Deseo . Leigh había sido elegida después de un casting de 1400 postulantes, en realidad una cifra menor si se compara con los 2400 extras que se necesitaron.
También fue un hito el premio a la mejor actriz de reparto, el primero en ser entregado a un intérprete de raza negra, Hattie McDaniel, en el papel de la fiel sirviente Mammie. Pero McDaniel no pudo asistir al estreno, que se realizaba en una ciudad de gran segregación racial hasta incluso los años 60.
Clark Gable no ganó un Oscar por su Rhett Butler, pero dejó para la posteridad la cara y la voz de una de las frases más célebres del cine.
En la escena final, cuando Scarlett lo ve partir de su lado mientras le suplica que se quede e intenta inquietarlo preguntándose qué será de ella, Rhett-Gable le contesta: "Frankly, my dear, I don´t give a damn". Algo así como: "Francamente, querida, me importa un maldito bledo".
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