
Secretos a voces
Buen orador no se nace, se hace, sostienen los especialistas
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En tiempos de e-mail, chat, telefonía celular y videoconferencia, la comunicación cara a cara sigue siendo tema de estudio. El principal motivo es el miedo a hablar en público, que puede ser traumático hasta traducirse en impedimentos físicos, que van desde el candoroso sonrojamiento hasta casos graves de temblor, disfonía y lamentables tropiezos en escena, para no hablar del adormecimiento de la platea.
Para superar éste y otros tipos de dificultades se multiplican los cursos de oratoria o del arte de hablar con elocuencia, en los que con muy amplia variedad de modalidades se aprende a ordenar ideas, manejar el lenguaje corporal, exponer con claridad, captar la atención, combatir el temor escénico, convencer y confrontar, entre muchas otras cosas.
Buen orador no se nace, sino que se hace. Y con práctica, según la especialista Inés Mariscal, autora de El poder de la palabra creadora. Oratoria para nuevos líderes. “La palabra es sólo el 7 por ciento de lo que se dice. El tono transmite el 38 por ciento del mensaje, y lo gestual, el 55”, explica. Así identifica tipologías de orador, como los que expresan ideas contradictorias (oximorones, para los entendidos); los que abusan de la metonimia y dicen siempre lo mismo; los eufemistas, para los que nada es tan grave; los metafóricos, de vuelo poético; y los somníferos y monótonos “oradores trapo”, todos muy frecuentes en los seminarios que dicta Mariscal desde hace más de diez años, a los que asisten desde empresarios y políticos hasta madres que no pueden hablar con sus hijos.
El arte de vender
“La oratoria no es teatro, gramática ni locución: son ideas con una intención, interés, un objetivo preciso. Ahora le dicen vender”, clarifica Carlos Loprete, profesor universitario que dicta cursos en Costa Rica, Panamá, México, Estados Unidos y Uruguay, y autor de varios libros sobre este arte que se nutre tanto de Aristóteles, Cicerón y Quintiliano, como de la psicología moderna.
Para iniciarse hay más de un camino. Gustavo Galván, además de dar cursos en la Sociedad Argentina de Escritores, tiene alumnos desparramados por todo el globo que asisten puntuales a clases por Internet, salvando las distancias con moderna tecnología, como micrófonos y cámaras en la computadora, o con otra menos novedosa, como el teléfono.
“La locución hace a la forma. La oratoria, al contenido”, explica. Y los gestos son todo un lenguaje: “Sentarse en el borde de la silla puede significar que la persona ya se quiere ir; entrecruzar los dedos, autoridad; acariciarse el pelo, deseo de seducir; cruzarse de brazos, protección, barrera; apoyar la cabeza, cansancio o aburrimiento; frotarse los ojos, duda”, enumera, aunque aclara que hay que ver cada caso en particular, porque no se trata de una ciencia exacta.
De todas formas, en la Enciclopedia de desarrollo personal, de Abel Cortese, hay datos precisos sobre el tema: ahí es posible enterarse de que el 90 por ciento de nuestra vida de relación consiste en hablar o escuchar, y sólo el 10 en leer o escribir; que en una encuesta realizada en Estados Unidos sobre las diez cosas que más temor le producen a la gente, la primera de la lista es hablar en público; y que una investigación de la Universidad John Hopkins, determinó que a una persona común le lleva un 48 por ciento más de tiempo comprender una frase en forma negativa que en forma positiva.
Cursos cortos, clases on line, seminarios y conferencias muestran matices en la disciplina. En el Instituto de Investigaciones Humanísticas se puede elegir entre el curso Oratoria con técnicas de teatro y Oratoria e imagen personal, ambos de tres meses de duración, señala Nélida Alonso, la coordinadora.
Y otra alternativa es el Club Toastmasters, asociación sin fines de lucro de origen norteamericano para practicar el hablar frente a los demás, que funciona en Recoleta desde 1983, con dos grupos en inglés y, a partir de fin de mes, también en castellano. Cada participante prepara discursos con la ayuda de un manual y es evaluado por otros oradores. “Es ideal para la autoestima”, afirma Connie Eastman, que lidera uno de ellos.
María Paula Zacharías
Hablar menos, decir más
Muchos hallazgos de esta materia bien pueden incorporarse a la vida cotidiana. Además de saber escuchar y cuidar la vestimenta, “hablar menos y decir más” es la clave para Inés Mariscal, especialista que por estos días prepara un curso de oratoria en CD.
Según Carlos Loprete, lo primero es tener algo que decir. Luego, darle al mensaje una organización técnica y sintetizarlo en una conclusión, “que es lo que mejor se recuerda”, apunta.
Gustavo Galván recomienda vencer los nervios previos a toda presentación con diez respiraciones profundas y tres minutos de estar sentados. “No hay que estar muy inquieto, ni gesticular demasiado con las manos, y es importante mantener el contacto visual con el auditorio”, indica. “El espacio entre palabras o frases no se debe confundir con sonidos como eehh”, remarca Abel Cortese y aconseja el saludable recurso del silencio.
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