
Segni sigue haciendo escuela
La maestra de Julio Bocca abre su estudio para dar clases y formar una compañía
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Tras nueve años como directora del Ballet Argentino y maestra preparadora de Julio Bocca, Eleonora Cassano y Herman Cornejo, entre otros bailarines, Lidia Segni emprenderá una nueva etapa en su vida profesional: volverá a la enseñanza con la inauguración de un estudio en el teatro Avenida, donde ella misma dictará clases, y formará una nueva compañía de ballet para realizar giras por el interior.
"Hay gente que no comprende por qué dije basta. Y creo que Julio se sintió abandonado con mi decisión, pero en una compañía tan magnífica como el Ballet Argentino seguro que pronto saldrá adelante. Tomé esta decisión ante un estado de soledad muy grande por los continuos viajes, las giras... Y llega una edad en la que rebobinás todo lo que has hecho y lo que queda por delante. Y yo quiero muchas cosas para mí que el Ballet Argentino no puede darme", explicó Lidia Segni ya instalada en el teatro Avenida.
Lidia Segni había dejado el Teatro Colón en el 86, después de una carrera ascendente dentro del Ballet Estable que la llevó, como primera bailarina, a salir de gira con bailarines del empeine de Rudolf Nureyev y Alexander Godunov. "Cuando dejé el teatro empecé a enseñar, pero enseguida apareció Eleonora Cassano, que necesitaba preparación para ir a Moscú. Luego llegó Julio Bocca y así nació el Ballet Argentino. Me parecía tocar el cielo. ¿Qué más podía pedir?, estar en una compañía privada, recorriendo el mundo y los mejores teatros..."
-¿Qué circunstancias la hicieron cambiar en cada etapa?
-Nunca me fueron o dejé algo porque estaba terminada. En el Colón bailé más de la edad que permitía el reglamento. Yo ya había pasado los 20 años de servicio y 40 de edad, pero dije "basta" porque mantenerme en el nivel de primera figura ya significaba un esfuerzo. Cuanto más grande sos el entrenamiento es más fuerte.
-¿Fue difícil dejar de bailar y pasar a ser la que dice cómo bailar?
-Cuando yo dejé de bailar pensé: "¿Y ahora qué?". El Colón era mi mundo. Pero enseguida me ubiqué y fui muy feliz. Como preparadora siempre me proyecté a través del bailarín, no absorbiendo su personalidad, pero sí mostrándole cómo se baila, haciéndole entender que la danza no es solamente una cantidad de ejercicios sino que son sentimientos que hay que sacar por medio de la música o el silencio, pero que hay que sacar para que el público lo pueda sentir, si no sos una maquinita.
-La relación de una maestra preparadora con el bailarín debe ser muy estrecha...
-Sí, se le llega a tomar muchísimo cariño, pero también se sufre mucho del otro lado del escenario.
-¿En algún momento se sintió a la sombra del bailarín?
-No es fácil trabajar con una primera figura porque hay que dejar que su personalidad se desarrolle, y que el papel que cada bailarín va a interpretar no se convierta en la repetición de otra persona. No me gustan esos maestros que absorben al bailarín. Con Julio, yo nunca pretendí que él quisiera las cosas como yo las hacía. Pero, por otra parte, es esencial la confianza en el maestro y la seguridad de que todo lo que hacés es en beneficio de él. Si no ya empieza a cuestionarte todo.
-¿Resulta imprescindible para un bailarín como Bocca tener un maestro preparador permanente?
-Sí, de por vida. Yo creo que un bailarín cuanto más nombre tiene más lo necesita porque el público es muy exigente y se pone más inhumano cuanto más nombre tiene el bailarín. Con Julio hablábamos mucho. Terminábamos un ballet y él ya me estaba llamando al camarín para que le fuera diciendo, esa noche, cómo había estado ese ballet. El tenía mucha confianza en mí y creo que lo defraudé.
Nunca antes de los 30
El Ballet Argentino comenzó siendo un grupo formado por gente del Teatro Colón que interpretaba un repertorio clásico. A medida que fue creciendo se transformó en una compañía privada y en ese momento incorporó una línea más contemporánea con coreografías de Oscar Aráiz y Maurice Béjart, entre otros. De sus innovaciones en la danza se destacaron las 12 funciones en el Luna Park de "Kuarahy", que interpretaron Julio Bocca y Eleonora Cassano, con coreografías de Julio López y música de Lito Vitale.
-¿Resulta difícil zafarse de lo clásico haciendo clásico?
-Es difícil porque la gente que estudia clásico hace sólo clásico. Yo creo que siempre hay que innovar. Hay que dar las cosas de repertorio, pero hay que ir educando a la gente a que vea otras cosas, otro tipo de música, coreografía y vestuario. Hay gente que si no le das el tú tú, los giros y los saltos parece que no le gustara el ballet.
-¿Hubiera querido ser una coreógrafa?
-Sí, pero no tuve el tiempo necesario. Yo soy una muy buena repositora: estudio a fondo la obra y el carácter de la obra. Cuando la obra se repone la saco exactamente igual. Es una cuestión de memoria visual y memoria de lo que el coreógrafo pedía cuando lo estaba montando. Porque yo siempre trabajo con coreógrafo. Ahora me gustaría incursionar en ese terreno.
-¿Qué opina de la nueva generación de "Baby ballerinas"?
-Me parece fantástico. Todo se acortó en tiempos. Acá todavía siguen con la mentalidad de que si no tenés determinada madurez y cantidad de años no podés estar en tal lugar. Cuando yo era joven, eran tantos los derechos de piso que tenías que pagar que no llegabas nunca a primera bailarina antes de los 30 años. Me parece inteligentísimo que Bocca o Guerra tomen estas chicas tan jóvenes y las preparen porque cuando tengan 24 años serán primerísimas.
-¿Cuáles son los puntos en favor y en contra de Bocca, Cassano y Cornejo?
-Julio tiene una ductilidad que cuando un coreógrafo le enseña algo, lo capta en el momento. Lo más desfavorable es su carácter, muy arisco y tímido. Eleonora es técnicamente perfecta, pero siempre le costó todo lo que significaba expresar sus emociones. Y Herman es una pequeña maravilla. Ojalá que siga creciendo porque es chico de edad y de físico, y necesitaría más altura para poder abarcar otros roles. Y tiene un carácter muy fuerte, y reacciones de un chico que todavía no sabe medirse.
-¿Cuáles son sus ideas fijas como profesora?
-Es muy importante que en clase se respeten las formas de la escuela. Las deformaciones, por decirlo de alguna manera, vienen con el coreógrafo, que te puede pedir lo que quiera.
-Se retiró del Ballet Argentino para tener más tiempo, pero ya recibió nuevas propuestas...
-Yo quiero darle oportunidad a bailarines jóvenes. No me importa dónde se formaron, mientras sean buenos. En la danza, el currículum se ve cuando empieza la clase. Pero es cierto que ya me hicieron una propuesta para formar una pequeña compañía y trabajar por el interior. También me ofrecieron hacer coreografías para niños. Pero seguiré dándole a la danza siempre y cuando la danza me dé tiempo para mí.
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