
Ser o no ser, todo un dilema de película
Con este film de Frank Oz, Hollywood puso el tema de la homosexualidad en una comedia de repercusión popular
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Atildado, tímido, formal, enamorado de la poesía y de Barbra Streisand, el profesor Howard Brackett tiene, también como docente, una imagen impecable. En el pequeño pueblo donde vive -Greenleaf, Indiana-, todo el mundo lo respeta y puede decirse que entre sus alumnos es visiblemente más popular que el resto de sus colegas.
Brackett está noviando desde hace tres años -y sin demasiada impaciencia por casarse- con la impetuosa Emily, que sabe esperar aunque no esté tan conforme con la demora. Pero una apuesta -y Hollywood- se meten en los planes del docente solterón.
El había jurado casarse el día en que uno de sus ex alumnos -un galancito oxigenado de improbables condiciones de actor- consiguiera una candidatura al Oscar, convencidísimo de que el buen criterio de la Academia le ahorraría el mal trago. Pero contra todos los pronósticos y empujado por la popularidad que ha ganado entre las chicas, el actorcito ha sido nominado y está ahora en el umbral del premio. Y Brackett -hombre de palabra-, a un paso del altar.
Ya puede imaginarse el revuelo entre la gente de Greenleaf. Que uno de los suyos compita por el Oscar es el gran acontecimiento que todos -Brackett, Emily y familia incluidos- se aprestan a vivir instalados desde este lado del televisor.
No será la única emoción fuerte de la noche.
Porque sucede que el ídolo de las adolescentes se lleva el premio y cuando llega la hora de los agradecimientos se acuerda de quien le descubrió las bellezas del teatro: su querido profesor Brackett, hombre sensible -dice- "...y gay".
Lo que sobreviene no es un telón rápido, como convendría a la escena. Lo que sobreviene son todas las cómicas derivaciones de este inesperado, inconsulto e inoportuno deschave, es decir, el enredo entero de "¿Es o no es?"("In & Out"), realización de Frank Oz con la que Hollywood puso el tema de la homosexualidad en el centro de una comedia de enorme repercusión popular.
El film, uno de los grandes éxitos de esta temporada en los Estados Unidos, llega a las pantallas locales en Navidad presentado por Columbia Tristar con un título un poco más directo: "¿Es o no es?"
Gracias, profe
Quien está detrás de esta afortunada ocurrencia es el productor Scott Rubin, que se dio el gusto de repetir, con "In & Out", el récord que había obtenido un año antes con "El club de las divorciadas". Con 15 millones de dólares recaudados en el fin de semana de su arribo a los cines, se anotó entre los más exitosos estrenos de septiembre en toda la historia. Exactamente en el segundo puesto, detrás de la festejada comedia del trío Hawn-Keaton-Midler, que ganó 19 millones. Y todavía está en plena etapa de explotación, con cifras que superaron a producciones tan ambiciosas como "Siete años en el Tíbet" o "Los ángeles al desnudo".
Rubin bien puede jactarse de su buen ojo. Fue él quien tuvo la idea de la comedia cuando, en oportunidad de recibir el Oscar al mejor actor por su labor en "Filadelfia" -donde encarnaba a un abogado homosexual enfermo de SIDA-, Tom Hanks evocó a un antiguo profesor suyo ya jubilado, Rawley Farnsworth, al que definió como "uno de los gays americanos más refinados, con el que tuve la fortuna de estar vinculado".
Lo que no se sabía entonces era que, tres días antes de la gran fiesta de la Academia, Hanks había hablado por teléfono con su maestro de teatro de otras épocas y le había pedido autorización para mencionar su nombre y su condición de gay.
A Rubin se le ocurrió entonces la idea de "In & Out": ¿qué habría pasado si no hubiera habido una consulta previa?
Ni drama ni parodia
Fueron tres años y medio de esbozos, ensayos, consultas, castings, reuniones de trabajo y búsqueda de financiación. Rubin confió el libro a Paul Rudnick, que ya había escrito para él otros guiones, entre ellos los de los films de "Los locos Addams" y el de "El club de las divorciadas". Con el original bajo el brazo, golpeó las puertas de los grandes estudios. Tropezó con miradas recelosas. ¿Acaso podía pensarse que el público estaba preparado para una historia así? ¿Quién iba a querer comprometerse con una comedia sobre homosexualidad que no busca la comicidad fácil de la caricatura a la manera de "La jaula de los pájaros" ni la trata -como "Filadelfia"- a partir de la dramática historia de un enfermo de SIDA?
Pero el riesgo se corrió y el favorable resultado está a la vista para tranquilidad de Paramount, que creyó que valía la pena invertir 35 millones de dólares en el proyecto. Y también debe felicitarse a Kevin Kline por haber aceptado el personaje del profesor empeñado en aclarar su situación ante la novia, la familia, el pueblo entero y toda la audiencia de la televisión que se le ha venido encima.
En realidad, el primer actor convocado para el papel fue Steve Martin, que ya había trabajado con Oz en la remake de "La tiendita del horror" y en "Dos pícaros en apuros". Y precisamente pensando en las habilidades corporales de éste los realizadores de la película concibieron una alocada escena de danza en solitario sobre la versión de Diana Ross de "I Will Survive". Pero Martin abandonó antes de que se iniciara el rodaje y Kevin Kline tuvo la oportunidad de elaborar ese one-man-show que es una de las escenas más celebradas de la película.
Control de virilidad
"Yo no bailo así, soy demasiado tímido", confiesa el actor refiriéndose a esa situación que llega como derivación de una especie de test de virilidad a que se somete el personaje. "Compórtate como un hombre -le exige la voz examinadora grabada en el cassette de "Explore su masculinidad´-: patea a alguien, golpea a alguien, muerde alguna oreja..."
Kline dice que no tuvo temores de que el personaje marcara su imagen pública. Casado con la actriz Phoebe Cates, cuenta que su mujer, antes de que empezaran a salir juntos en 1989, sospechaba que él era gay. "Me había visto en La decisión de Sophie y juzgaba que yo movía demasiado las manos y me mostraba excesivamente pulcro. Curiosamente, son las mismas razones por las cuales mis alumnos de ficción en In & Out piensan que soy gay."
Pero no titubeó cuando le ofrecieron el papel. "Está tan bien escrito -lo mismo que todo el film- que habría sido un estúpido si me negaba. De paso, aprendí muchas cosas: no me imaginaba que Barbra Streisand tuviera una hinchada tan nutrida entre la gente gay", admite.
El nombre de Streisand asoma en unas cuantas líneas de diálogo de la comedia. Incluso en la única que contiene una mala palabra, cuando la despechada novia del profesor concentra en la diva de la canción -por lo que presuntamente ella representa para su prometido- todos sus celos y odios. Joan Cusack, cuya vis cómica despuntó en "Secretaria ejecutiva" como compañera de Melanie Griffith, es la desdichada Emily, que no sabe qué hacer ni a quién creerle cuando se produce la intempestiva revelación.
Un rubio y artificioso Matt Dillon sorprende como el fatuo galancito lengua larga y Debbie Reynolds se juega todas las cartas a un Oscar que se le negó el año último en el papel de la mamá del profesor, que no está dispuesta a quedarse sin fiesta de bodas por más que la gente sea mala y comente.
El efusivo Selleck
Para completar el elenco -y en un papel que contrasta con su estampa de eterno duro de "Magnum"- está Tom Selleck. El es el que llega con el equipo de TV y sin demasiados escrúpulos dispuesto a tener la primicia de la nota con el profesor señalado como gay.
Porque ya fue largamente comentada por la prensa norteamericana, no es infidencia apuntar que la escena en que el recio varón de las espaldas anchas le estampa un beso en la boca al protagonista resulta uno de los momentos más ruidosamente festejados por las plateas.
Es, además, una escena decisiva en el desarrollo de la historia, en la que no falta el condimento de la disco-music. A cargo de The Village People, claro, y con un tema clásico del repertorio gay: "Macho Man".





