Algo terrible está a punto de suceder: una serie efectiva e inquietante, que se cocina a fuego lento
Un cuento de hadas de terror que se convierte en una pesadilla sobre el matrimonio y las tradiciones familiares
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Algo terrible está a punto de suceder (Something Very Bad Is Going to Happen, Estados Unidos/2026). Creación: Haley Z. Boston. Elenco: Camila Morrone, Jennifer Jason Leigh, Adam DiMarco, Gus Birney, Karla Crome, Jeff Willbusch, Ted Levine, Sawyer Fraser. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: buena.
Como un oscuro cuento de hadas, la nueva serie de los creadores de Stranger Things nos desliza una advertencia. Cuando las señales del peligro abundan, el mundo te está mandando una advertencia: no dejes de escucharla. Y sí, creer o reventar, pero eso es lo que le pasa a Rachel (Camila Morrone) cuando acepta celebrar su matrimonio con Nicky (Adam DiMarco) en una cabaña perdida en los bosques de Nueva Inglaterra. No es cualquier lugar, sino la casa de infancia de su novio, al que conoció hace poco en un aeropuerto -en un encuentro que tendrá cierta relevancia para la pareja- y con el que decidió casarse casi como parte de un impulso adolescente.
Habiendo perdido a su madre en la infancia, con un padre ausente y una soledad casi existencial, Rachel abraza con anticipación a esa familia política que la espera al final del largo camino que emprende con Nicky desde Chicago. Sin embargo, ¿qué le quieren decir esas señales de horror que se acumulan en el camino? ¿Y la extraña recepción de la excéntrica familia Cunningham? ¿Cuál es el verdadero peligro, que la boda se interrumpa o que finalmente se concrete?

Con esos interrogantes juega la joven creadora Haley Z. Boston -guionista de la serie Brand New Cherry Flavour y encargada por los hermanos Duffer para oficiar de showrunner-, decidida a pensar una ficción que se cocina a fuego lento, que siembra pequeños detalles del absurdo sin nunca desplegarlo del todo, en una clave que combina las coordenadas del folk horror -una especie de mezcla entre ¡Huye! y Midsommar en versión gótica- con algunos toques del terror de serial killers más tradicional. Cuenta con una lograda interpretación de Camila Morrone, quien debe conciliar la creciente alarma de su personaje ante lo que va ocurriendo, con la vocación de pertenecer a una familia como última oportunidad ante su dolorosa soledad. Y gran parte del relato se concentra en una atmósfera extrañada, distorsionada a partir de la visión de Rachel, con giros bruscos de la cámara, iluminación expresionista, música estridente e invasiva, un estado de locura que podría ser visto como la nueva normalidad.

La serie comienza como una road movie: la pareja en el auto, las canciones, la complicidad adolescente. Un poco como en los clásicos del slasher cuando lo que viene es un loco a los hachazos o un espantapájaros con motosierra que corta de cuajo la celebración. Pero no, aquí hay algo del folk horror en la entrada de los recién llegados a una comunidad cerrada con rituales y tradiciones que serán intuidas con pavor. En Algo terrible está a punto de suceder la comunidad se ha convertido en una familia, y el camino hacia ese enclave señorial y arcaico donde habitan está sembrado de animales putrefactos, de frío y nieve, bebés que parecen abandonados, ancianos decrépitos que llegan desde la oscuridad, y un mensaje que sintetiza el mal augurio. “¿Estás segura de que es él?”. Y ante ese viaje plagado de absurdos sobresaltos, la mansión de los Cunningham resulta ser el destino más reparador.

En la familia Cunningham hay un misterioso patriarca (Ted Levine), avejentado y silencioso, una esposa excéntrica y algo extraviada (la excelente Jennifer Jason Leigh), una pareja antipática formada por Jules (Jeff Willbush) y Nell (Karla Crome), el pequeño Jude (Sawyer Fraser), y la exaltada rubia platino, Portia (Gus Birney). Nicky es el menor de los Cunningham, el hijo pródigo que ha regresado al rebaño, y que en la celebración de su unión con Rachel parecen cifrarse muchas expectativas. Primero, el vestido de novia anuncia una extraña evocación de la boda de sus padres, inmortalizada en un cuadro que preside el salón, luego el anuncio de un centenar de invitados convierte la ceremonia íntima en un espectáculo de proporciones, y por último, el guion dispuesto para Rachel es el epicentro del misterio, a veces sugerido en pistas evidentes, otras despejado en sinuosas negociaciones.

Haley Z. Boston comanda su creación con astucia, combinado los elementos con paciencia y algo de inventiva para un streaming que se ha tornado demasiado previsible en este género. No es que la serie sea un prodigio de originalidad, pero consigue una atmósfera efectiva, inquietante, un relato pausado no apto para amantes de la acción trepidante, que exige la entrada en ese recorrido extrañado, perturbador, como un viaje en el tren fantasma con suegros y cuñados hacia un destino que, aunque sabemos que no será demasiado placentero, no podemos evitar aceptar. Todo sea por mantener a la familia unida. O por conseguir una si no la tenemos. Y pese a que la excesiva confianza en los efectos de la puesta en escena de directoras como Weronika Tofilska o Lisa Brühlmann puede ser un problema en los primeros episodios, la serie equilibra su estilo en la preparación de lo que está por llegar. Como toda ceremonia macabra, todo en su medida y armoniosamente.
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