Homeland: en el regreso, una presidenta desconcertante y una misión improbable para Carrie Mathison

Claire Danes como Carrie Mathison en la sexta temporada de Homeland
Claire Danes como Carrie Mathison en la sexta temporada de Homeland Crédito: Fox Action
La serie protagonizada por Claire Danes volvió anoche con su sexta temporada; atención ¡hay spoilers!
Sol Santoro
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17 de enero de 2017  • 09:53

El final de la quinta temporada de Homeland , que se había desarrollado en Berlín, encontró a Carrie Mathison ( Claire Danes ) impidiendo un ataque terrorista bajo tierra –lo que suponía un acercamiento siempre poco ortodoxo a su viejo trabajo, la CIA– y frente a la angustiante incertidumbre en relación a la salud de Quinn (Rupert Friend), su par teñido de amor complejo que parecía ser el segundo galán que la dejaba de la peor manera en un cierre de temporada.

En cierta medida, tal como ocurrió en el final de la tercera temporada –con la ejecución de Brody– otro capítulo se cerró con todo aquello. Pero ahora, en la temporada que empezó anoche en la Argentina por Fox Action (aunque tuvo preestreno on demand), Carrie Mathison vuelve a barajar y dar de nuevo en el que, en una primer repaso, podría ser un comienzo algo más tibio que el de años anteriores (los comienzos y los finales de Homeland siempre fueron sorprendentes), aunque al mismo tiempo se revela más oscuro y abre la posibilidad de un trama más densa construida sobre una serie de viejos conocidos.

De regreso en Nueva York, el personaje de Claire Danes se dedica a defender los derechos de norteamericanos musulmanes frente a los prejuicios y al maltrato sistemático. Y si bien el resto de los personajes se encargan de delinear cuál podría ser el futuro de Carrie, ella parece más cómoda, tranquila y segura que nunca. Por ahora, un joven musulmán de familia nigeriana es detenido por sus videos online y será su tarea ver de qué se trata todo esto.

Carrie Mathison (Claire Danes) y Saul Berenson (Mandy Patinkin), junto de nuevo
Carrie Mathison (Claire Danes) y Saul Berenson (Mandy Patinkin), junto de nuevo Crédito: Fox Action

Nuevo panorama

La serie, que decidió regresar después de las elecciones presidenciales reales en su país, tiene una reciente presidenta electa, ex senadora por Nueva York. Lo que podría ser en primera instancia un guiño para Hillary Clinton, se despega lentamente de la fantasía para representar más bien un momento histórico que una personalidad determinada ( SPOILER ALERT: a partir de aquí se revelan detalles de la trama de "Fair Game"). La trama se sitúa en el período entre las elecciones en las que ganó por primera vez una mujer y su asunción. En una ficción que siempre estuvo definitivamente apartada del “basado en una historia real” pero se construyó sobre guiños más que agudos sobre la realidad que rodeaba cada temporada, este nuevo personaje no puede dejar de ser prometedor.

La funcionaria es interpretada por Elizabeth Marvel (que ya intentó llegar a la presidencia en House of Cards, antes de lograrlo en esta ficción creada por Alex Gansa) y parece decidida a patear el tablero por su costado más sensible. Frente a Saul Berenson (Mandy Patinkin) y Dar Adal (F. Murray Abraham), citados para poner a la presidenta electa al tanto de las distintas misiones y acciones de la CIA, lanza la pregunta que puede cambiar el paradigma de todo el trabajo de los dos caballeros: ¿por qué seguir invirtiendo en una guerra que no se puede ganar? El brief amable que suponían las cabezas de la CIA queda obsoleto y, luego de un áspero primer encuentro, es posible que queden en veredas separadas (otra vez). Entre ellos, la aparición de Robert Knepper (cuyo 2017 incluye regresos televisivos esperadísimos, como Prision Break y Twin Peaks) como el general Jamie McClendon es un llamado de atención para la trama que viene.

Carrie y la nueva encrucijada

Con un andar y una calma que parecen dejar atrás episodios de vértigo extremo y manejos arriesgados de su medicación psiquiátrica, Mathison tiene frente a ella dos grandes puertas: una de ellas se la ofrece Saul y la otra, Otto Düring. El ex jefe-mentor y el jefe comprensivo que se había ofrecido como compañero de vida salen de sus nuevos encuentros con Carrie con el corazón un poco roto. Y si bien las propuestas de ambos son diferentes –volver a la CIA con más poder que nunca o salvar el mundo junto al adinerado filántropo– hay un denominador común entre ellas: Carrie tiene todo para trabajar a gran escala pero prefiere trabajar con miniaturas. Y si bien eso nadie se lo puede explicar, ella defiende su espacio personal y las dudas sobre el pasado que dejó atrás parecen resonar muy lejanamente (por ahora, claro).

Extraña pareja

Ya había quedado claro que había un futuro para Quinn, los creadores ya lo habían confirmado. Pero nada es tan sencillo y este Peter no se parece mucho al viejo conocido. Ahora es un reflejo debilucho del que parecía inmortal, una suerte de monigote del que Carrie se siente responsable pero al que le cuesta mirar y entender. Y aunque casi al final del episodio lo saca del hospital en el que no hacía progresos (y terminaba estafado, golpeado y adicto) al llevarlo a su casa cierra con llave la puerta que los separa, dejando en claro que no confía del todo y que, fundamentalmente, su hija es la prioridad. Pero más allá de la desconfianza, ese gesto (el de la puerta como una vieja mañana pero también el de descubrir un engaño, una estafa, y resolverlo a su modo, como un torbellino) sugiere también que, aunque pueda parecer que su capítulo en los servicios de inteligencia haya terminado, algo de todo eso está ahí, agazapado, listo para desplegarse en cualquier momento.

Por lo pronto, la locación, el giro político y su entorno parecen apuntar todos en la misma dirección. Con los pies puestos sobre la Gran Manzana y con amenazas que por ahora solo asoman tímidamente, en algún lugar de Nueva York está tomando forma la nueva misión de Carrie Mathison.

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