
Ninguna chiquilinada: las series animadas para adultos copan la pantalla
BoJack Horseman, Archer y Big Mouth, entre otras, hablan, con inteligencia y trazo fino, de la crisis de la mediana edad, la pubertad y la vida cotidiana
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Pensar que uno de los personajes más interesantes del paisaje televisivo actual es un millonario alcohólico con cabeza de caballo y en plena crisis de la mediana edad probablemente era inimaginable años atrás, cuando los replanteos existencialistas parecían potestad de los grandes dramas (como Mad Men o Breaking Bad). Además de BoJack Horseman, tal es el título de la serie, otro gran exponente de las series animadas para adultos es una ficción sobre el pasaje de tres amigos de la niñez a la adolescencia, Big Mouth.
Atentos a las demandas del público, creció considerablemente la oferta de ciclos animados en streaming y en cable, donde -a diferencia de la TV abierta- se pueden plantear temas, lenguaje y situaciones adultas. Con producciones originales en algunos casos, los canales continúan en la senda de hitos de la talla de Los Simpson, Family Guy o South Park, tres ficciones de Fox -pronto en manos de Disney- que patentaron estilos televisivos: el humor punzante y políticamente incorrecto, la crítica al sueño americano, la referencia coyuntural y el metahumor, el absurdo, los episodios temáticos. Pero ante todo lo que varias de estas comedias comparten es la seriedad subyacente más allá de la broma.
Reír para no llorar
Resulta casi imposible terminar de ver episodios de BoJack, Big Mouth, Out There (las tres están disponibles en Netflix) sin experimentar una sensación agridulce. Sucede que todos sostienen en su centro argumental y en la construcción de sus personajes el hecho de que nadie es perfecto, y que sus protagonistas casi nunca obtendrán el final feliz que suele vender Hollywood. Partiendo de esta premisa, el show creado por Bob Waksberg se pregunta si aun aquellos narcisistas empedernidos como Bojack merecen ser felices y cómo logran -si es que lo logran- redimirse. Por su parte, Nick Kroll, Andrew Goldberg y Jennifer Flackett, las mentes detrás de Big Mouth, parecen dispuestos a contar la adolescencia en toda su dolorosa pero cómica humillación, aunque sin perder el corazón (se supone que está basada en sus propias experiencias).

Este mix de crudeza y ternura, honestidad y fantasía animada es la fórmula que también emplea Out There. Creada por Ryan Quincy (South Park), cuenta la historia de dos amigos improbables, Chad y Quincy, y sus aventuras, o más bien, sus intentos de escapar de una aburrida existencia suburbana. Algunos personajes están caracterizados como animales antropomorfizados (al igual que en BoJack Horseman) que recorren escenarios minimalistas y se relacionan con padres y maestros ausentes, chicos malos que les hacen bullying y algún que otro interés romántico. Su ilustración y estética generalmente es despojada, y lejos de generar risas instantáneas, produce desde el vamos cierta incomodidad -como la que los mismos personajes sienten- y recuerda a otras series de los 90, como Ren and Stimpy, que exploraban esta veta nihilista.
"De la mano de Netflix, en esta una nueva ola de series animadas para adultos, podemos poner el foco ya no sólo en humor pasado de rosca, los chistes políticamente incorrectos y el constante sarcasmo, que fue heredado claramente de los pioneros Simpson, sino también y como nunca antes, en la necesidad explícita de elaborar las cuestiones existencialistas que nos atraen en este momento: nuevas formas de familia vs. viejas formas de familia, identidad, roles y género, donde esta ola es sin dudas una forma de exégesis de esa realidad posmoderna", comenta la especialista en innovación y contenidos Natalia Notar.
Absurdas voces conocidas
Muchas de estas nuevas series animadas explotan una veta que fusiona temáticas adultas, referencias pop y humor absurdo, y buscan cultivar públicos de nicho gracias a las nuevas dinámicas del streaming, volviéndose objeto de culto para las nuevas generaciones a tal punto que ya generan memes que circulan por la Web y estampan remeras.
Si bien muchos de estos recursos han sido utilizados con anterioridad, desde Beavis y Butthead hasta los mencionados shows de la factoría Groening o MacFarlane, los comentarios crudos y autorreferenciales (en Big Mouth bromean todo el tiempo con lo que Netflix les deja poner en pantalla) va muy bien con las audiencias jóvenes; y con otras que ya han recorrido todo el espinel humorístico y que parecen buscar lo directo, pero sin perder el guiño inteligente con el espectador.

Por eso nunca falta el chiste sobre el ánimo político en los Estados Unidos, la vanidad de los millennials o la decadencia del mundo del espectáculo. Y por eso aparecen desde encarnaciones de figuras icónicas como Duke Ellington en forma de fantasma (Jordan Peele, en Big Mouth), Burt Reynolds o J. D. Salinger (Alan Arkin, en Archer y BoJack Horseman, respectivamente).
También es posible ver momentos tan estrafalarios como que la propia Jessica Biel ponga la voz para hacer de ella misma en un personaje estúpido y bastante ofensivo en este último programa.
Si de ridículo se trata, programas como el longevo Archer (de Adam Reed, va por su décima temporada en FX) y el desopilante Rick and Morty (de Netflix) testean los límites del género animado, viendo cuánto puede estirarse sin romperse. Viajes en el tiempo y a otras dimensiones, episodios contados desde el futuro o desde la perspectiva de un personaje, múltiples líneas narrativas y mezcla esperpéntica de géneros son algunos de los recursos que se trabajan.
Asimismo, recurrir a actores cómicos consagrados -y otros menos conocidos pero con gran oficio- es el ABC al que recurren hoy productores y guionistas, no tanto por marketing, sino porque se dan cuenta de la importancia de tener buenos actores detrás de los dibujos. Los elencos de estos shows están integrados por actores de primera línea como Laura Dern, Sam Rockwell, Justin Long (F for Family, también disponible en Netflix); Will Arnett y Alison Brie (BoJack Horseman); Judy Greer y Chris Parnell (Archer); Fred Armisen y Megan Mullally (Out There), y Maya Rudolph, Jenny Slate y Kat Dennings en Big Mouth.

Mujeres graciosas
En esta última línea, el nuevo estreno de Netflix no sólo emplea actrices talentosas, sino que se cuida de ofrecer un vistazo a los horrores de la pubertad también desde la óptica femenina, sin menospreciarla, caer en lugares comunes o dejarla opacada por la masculina, y hasta haciendo comentarios oportunos (a los chicos les explota literalmente la cabeza cuando se enteran de que sus compañeritas también tienen fantasías sexuales). Así que organizar un pijama party con amigas o comprar el primer corpiño se vuelven pequeños dramas cotidianos e hilarantes en los que las chicas tienen sus propios monstruos hormonales como los chicos (la gran Maya Rudolph le da voz a esta sensual "monstrua"). En suma, seres complicados y bien delineados que también tienen deseos sexuales.
Lo mismo podría pensarse de los conflictos de las distintas mujeres de Bojack con sus crisis profesionales y personales en torno a la maternidad y el trabajo, o sobre la matriarca en la retro y setentosa F for Family (Dern), que tiene que escuchar cómo su marido le explica a su hija que las mujeres nunca llegarán a ser astronautas. "Sirven, son atractivas, pueden tener éxito porque parte del distanciamiento que da la técnica de la animación habilita lo explícito, la crudeza narrativa, que nos permite sentirnos extraños ante esos dibujos animados, y a su vez, sumamente empatizados, para poder sublimar, identificarnos, reír y elaborar", cierra Notar. Porque sabemos que aunque sean dibujitos, una mujer gata o una niña nos hablan de cosas que nos tocan de cerca.





