Su último deseo: gran elenco, buen libro, pero nada funciona

Marcelo Stiletano
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29 de febrero de 2020  

(EE.UU./2020) / Dirección: Dee Rees / Guion: Marco Villalobos y Dee Rees / Elenco: Anne Hathaway, Ben Affleck / Disponible: en Netflix / Nuestra opinión: regular

Algunas adaptaciones al cine de novelas ciertamente valiosas suelen pagar un alto precio por querer abarcar mucho. Es lo que ocurre con Su último deseo. Para quienes siguen la obra literaria de Joan Didion, la decepción puede ser enorme. Y aquellos que no están demasiado al tanto de la trayectoria de la autora y salen aquí al encuentro de cuestiones de genuino interés (las secuelas de la Guerra Fría, los comportamientos más oscuros de la política estadounidense, los dilemas de una periodista que ve cómo se mezclan los asuntos de su profesión con su vida real, la mentira y la traición como hábitos de comportamiento) tampoco podrán encontrar demasiadas explicaciones lógicas sobre lo visto aquí, además de compartir la frustración de quienes están más familiarizados con Didion y su trayectoria.

Dee Rees había logrado en su película anterior (Mudbound, que pudo estrenarse en los cines argentinos e inexplicablemente quedó fuera de cartel a último momento) un retrato poderoso y magnético de la vida en los márgenes de la sociedad norteamericana después de la Segunda Guerra Mundial y el desprecio, no solo racial, que recibieron a su vuelta los hombres afroamericanos que prestaron servicio como soldados. Pero el escenario imaginado por Didion o no fue comprendido cabalmente por la realizadora o le quedó demasiado grande.

Nada funciona con propiedad y con genuina convicción en Su último deseo. Empezando por la pobre y forzada conexión entre vida profesional y drama familiar que enfrenta la protagonista, Elena McMahon (una sufrida Anne Hathaway), que comprueba que los peligrosos negocios personales de su padre pueden arrastrarla a un descenso irreversible a los infiernos, pero aún así lleva adelante ese propósito a partir de una por lo menos dudosa elección ética. El derrotero de McMahon resulta difícil de creer y mucho menos las interacciones que va estableciendo con otros personajes (quizás con la excepción del trato confiable que mantiene con una colega personificada por la siempre eficaz Rosie Perez).

En el afán de querer tomar en consideración todas las especulaciones, el guión cae en confusiones. Elena se enreda en una relación confusa con un enigmático agente de la CIA interpretado a desgano por Ben Affleck. Tan poco interés despierta esta adaptación (interpretada en piloto automático por sus mejores actores, Toby Jones y Willem Dafoe) que la vemos pensando más en las perspectivas de la rehabilitación de Affleck que en las consecuencias de las acciones del personaje que interpreta aquí. Y en verdad, Affleck tiene cara de estar pensando en otra cosa.

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