
Serrat-Tarrés en América latina
En su último disco, el cantautor catalán interpreta temas de diversos autores
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Tarrés es, en lunfardo catalanizado, Serrat. Joan Manuel lo descubrió, de pronto, y decidió practicar el juego verbal porteño tomando quizás un feca en algún rioba de Buenos Aires.
El hecho es que ahora se afirma que Tarrés es el otro yo de Serrat. A éste -al cantautor- lo conocen muy bien sus admiradores de siempre. Muy pocos, en cambio (los íntimos, seguramente) dialogan con el dichoso Tarrés. Son dos caras de una misma moneda. El ida y vuelta de un mismo camino.
Lo que no queda muy en claro es si Tarrés le tiró la idea de este nuevo disco o si discutió con Serrat sobre el repertorio que aquí se recoge.
Debe ser muy difícil convencer a Serrat de algo que él no piense. Serrat es de aquellas inteligencias que no suelen someterse al beneficio de la duda. Serrat está seguro de todo. Quizá por esto muchos aquí lo han colocado en el podio del oráculo de Delfos.
Cabe presumir entonces que Tarrés, que "está siempre del otro lado", no interviene cuando Serrat tiene el tupé de afirmar que se encuentra en su mejor etapa creativa; que en tal sentido sólo vale lo presente, y que la nostalgia de lo pasado no sirve.
Tarrés, que como todo doble que vive en las antípodas, debía haberle recordado a Serrat que él -el incomparable músico-poeta- nos dejó en toda la década del 70 y en la del 80 las mejores canciones de habla castellana: las primeras (propias), las que llevan versos de Machado, Hernández y Benedetti. Que precisamente en tales canciones compartió momentos de maravilla con las musas. Y que ellas le dictaron melodías, cadencias y palabras memorables, maravillosas, insuperables, junto con los arreglos de Juan Carlos Calderón, Ricardo Miralles, Francisco Burrull, Antonio Ros Marba, Gian Piero Reverbi...
Que olvidar esto es un perfecto desatino. Un odioso rapto de soberbia.
El disco
En su recreo creativo Serrat recoge un cancionero latinoamericano. Un atractivo, simpático y contagioso ritmo caribeño de percusión sutil abre el disco. Y ya cabe anticipar que lo mejor del disco está en los deliciosos arreglos de Josep Mas (Kitflus), que en ningún momento apela a golpes de efecto, sino que, en variadas combinaciones, elabora climas de espléndida musicalidad.
En este único tema de Serrat-Muñoz desconciertan los ripios del verso sobre los que monta un melodismo crepuscular, parecido al que nos legó en "Sombras de la China".
Por aquí desfilan los aprontes de bolero de "Soy prohibido"; el ritmito caribeño de "En la vida todo es ir", con una melodía que quiere trepar y se achata en recitativos en el último estilo Serrat, y el tango "El organito", en el que Mederos tejió preciosas atmósferas, aunque el cantante esgrima un vibrato con riesgo de desafinación que diluye el bello trazo melódico. (Mejor suerte le depara al tango, "Fangal", cantado a su modo, pero con emoción, aunque no alcance la pujanza de su versión de "Cambalache", asumida desde los años 90.
Un buen paréntesis de humor inteligente y ritmo inquieto es la irónica canción de protesta, "Mazúrquica modérnica", de Violeta Parra, en la que Serrat transmite mucha alegría.
Otro ritmo del Caribe aparece en "Yo sé de una mujer", con letra sencilla y melodía de vuelo rasante. La contrapartida es "Sabana", donde unos inspirados versos hacen juego con la voz empinada de Serrat.
"El amor, amor", liviana canción colombiana, oxigena la propuesta con un Serrat eufórico y de buen humor.
La sugestión de la guarania asoma con devoción en "Che pykasumí". Es uno de los mejores momentos. México llega con "La maquinita", con el sello del último Serrat.
Llega una de las canciones más ligeras de Víctor Jara, "El cigarrito".
Emocionado asume Serrat la canción de José Alfredo Jiménez "De un mundo raro". El clima de confidencia le viene muy bien a su estilo. El disco se despide con "La llamada" y sus acentos de murga. Es un buen final.
Serrat ha recorrido a vista de pájaro esta América latina. Aunque cante cansiones (con fonética latinoamericana) el hispano Serrat dice y canta canzionesh, con todo su derecho. Así hecho, es improbable que el disco alcance el prestigio de antológico.
Mientras tanto Joan Manuel podrá esperar sentado hasta que asomen y se instalen junto a él aquellas musas de otrora.




