
Shapplin, diva del pop lírico
Fórmula: la cantante francesa explicó a La Nación el secreto del arrollador éxito de su disco debut, "Carmine Meo".
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Cuerpo de modelo, voz de cantante lírica y una cara entre angelical y sensual. Todos estos atributos pueden encontrarse en los 24 años de la francesa Emma Shapplin, que con su primer CD, "Carmine Meo", hizo su fulgurante irrupción en el mundo de la música pop.
Con un cóctel de baterías electrónicas y ritmos pop, arreglos de cuerdas y coros que cantan en latín como base, su voz de soprano ligera vuela a lo largo de doce temas difíciles de clasificar, pero de fácil audición, con lo que ascendió a los primeros puestos del ranking francés, primero, y luego europeo.
Para hacer aún más original el mundo sonoro que imaginó Shapplin, decidió echar mano a diferentes variantes del italiano antiguo como base para las letras.
Pueden parecer elementos muy disímiles, pero para ella se trató de volcar en un solo disco todo lo que su imaginación le dictaba. "Con este álbum quería construir algo que podría ser un sueño. Ese era el punto que quería expresar: soy una soñadora y quería transmitir esta idea", cuenta Shapplin, de paso por Buenos Aires para promocionar el lanzamiento de "Carmine Meo".
La elección de la lengua toscana del siglo XIV y una variante del italiano del siglo pasado surgieron, según cuenta Shapplin, como una consecuencia natural de sus lecciones de canto lírico: "Suelo entrenar mi voz en italiano y para mí fue evidente que para este disco quería un lenguaje cercano a él, pero no quería que fuera una lengua moderna".
Para la cantante, la ventaja de usar estos dialectos es que la gente "los puede sentir cercanos, aunque no los entienda. Hay algunos errores en nuestro lenguaje, porque no somos italianos ni del siglo XIV. Tal vez es una lengua que nadie habla, pero no importa, es una licencia".
El mundo de Shapplin
Vestida con un elegante traje oscuro y maquillada como para poder resistir una larga jornada de entrevistas, Shapplin conserva el buen humor y el entusiasmo para contar cómo fue el proceso de gestación de su álbum debut.
Shapplin canta con una voz lírica, pero no se considera más que una cantante en formación para ese terreno. Esto fue lo que le tuvo que explicar a quien fue el autor de la mayoría de los temas del "Carmine Meo", el músico de rock Jean Patrick Capdeville, con quien trabajó más de un año para poder encontrar la fórmula justa.
"Cuando conocí a Jean Patrick le pedí que me escribiera un álbum. El me dijo: "Yo no soy Verdi". Pero yo no soy una cantante clásica, soy una soprano en formación", fue el diálogo inicial que mantuvieron para comenzar a despejar el terreno. Según Shapplin, probaron con el cantante que tuvo su momento de gloria en el rock galo de los 80 y trató luego de cantar sus canciones. "Traté de cantarlas con una voz pop y no funcionó. Entonces, él me dijo que cante como lo hacía normalmente y él me acompañó con la guitarra. Tampoco funcionó".
La solución llegó por escrito. "Me pidió que escribiera lo que yo quería poner en el disco, porque podía escuchar el sonido que buscaba pero no podía reproducirlo", recuerda. Así surgió el vocabulario básico de "Carmine Meo": l Opera: "Es mi primera pasión. El álbum tenía que tener esa atmósfera. Especialmente, la ópera italiana del siglo XIX. Verdi, Puccini, Donizetti... Después de eso elegimos las cuerdas para expresar el romanticismo de e se período".
l Naturaleza:"Quería escuchar tormentas, lluvias, agua, cosas como ésas. Pero tomó tiempo elegir los sonidos que los representaran.
l Tragedia: "Para la tragedia tuvimos que elegir las letras. Jean Patrick me trajo entonces textos de Petrarca, como "Vita nuova". Pero si usas las letras para expresar la tragedia podría ser muy crudo para la gente. Por eso hallamos este camino de la lengua toscana, que le pone una especie de velo, que la hace más suave".
El mundo de Shapplin se completó con el sonido electrónico de batería y bajo eléctrico, los que según ella "representan el futuro y también es parte de mi gusto, porque yo antes hice hard rock. Me gustan también David Bowie, Aerosmith o nuevos cantantes, como Tanita Tikaro, Alanis Morissette", dice.
Pero la palabra clave es la idea del sueño como algo atemporal. Tal vez por eso Shapplin confiesa su admiración por los vampiros, aunque aclara: "No los que se ven en las películas, sino la concepción sobre ellos. Lo que me gusta es su posibilidad de viajar a través del tiempo. Imagino que un carácter como ése es muy elegante, lleno de emociones, cultura y memoria. Es una forma de darle un nombre. Quise que este álbum fuera un sueño o un viaje a través del tiempo".
-¿Te sentís como un vampiro?
-No soy tan inteligente (risas). Tengo tantas cosas para aprender, para ser rica por dentro. Lo que quise lograr es un mundo en el que todo pueda unirse a través del tiempo.
Estudia canto lírico, pero graba música pop. La razón es para Shapplin muy sencilla: "Mi modo de expresión es muy libre. Puedo mezclar cosas y cantar como quiero, y no me pregunto si la técnica está bien, por eso mi álbum es pop. Tengo tiempo para hacer clásico más adelante".
De hecho, Shapplin no tiene pensado, al menos por ahora, abordar el repertorio clásico. "No me siento preparada para hacerlo", reconoce con franqueza, a pesar de que ya desde adolescente se regodeaba entonando la célebre y difícil aria de la Reina de la Noche en la ópera "La flauta mágica", de Mozart. Sin embargo, ya no lo hace porque "mi profesor no quiere que lo haga".
Y aunque se declara apasionada por la ópera siente que "es como cantar una página de historia" y como tal prefiere esperar hasta el momento en que pueda enfrentarla con comodidad.




