
De Charles Ives a Johann Sebastian Mastropiero
Específico. Cuando surgió la música instrumental como arte independiente, hubo necesidad, por parte de los compositores, de agregar algún indicador de tempo. Hasta los tiempos de Mozart y de Haydn, términos italianos como andante, allegro, presto, moderato o adagio eran más que suficientes. Pero con el advenimiento del romanticismo, al lado de las indicaciones de velocidad comenzaron a aparecer otras premisas que ampliaban los significados hacia cuestiones de carácter. Así, apenas más extensos y siempre en italiano, florecieron allegro agitato, presto con fuoco, moderato espressivo o adagio sostenuto. Si bien los franceses y los alemanes apelaron a sus propias lenguas, el italiano siguió siendo el idioma internacional de la música, y en esa lengua las indicaciones fueron cada vez más y más amplias. Pero además, en el medio de una obra, brotaban palabras como morendo, a piacere, accelerando, con passione o misterioso. Y las extravagancias no estuvieron ausentes. Entre las del comienzo de la obra y las que aparecían en la mitad, se podría elaborar una galería interminables de consejos y advertencias a los intérpretes más que sorprendentes. El podio posiblemente sea para Charles Ives, que en su Cuarteto N° 2 incluyó todas estas indicaciones: andante emasculata, allegro con fisto, largo sweetota, largo soblato, andante con scratchy y allegro con fitiswatto. Con todo, si es por longitud y originalidad, nadie supera al admirable Mastropiero, que, para el tercer movimiento de su Quinteto de vientos, Op. 28, "El ventilador", indicó: "Allegro piacevole, ma con un atimo di nostalgia meridionale, senza perdere di vista il chiaro rallentando delle passioni umane e il fiato semplice delle luminose mattine ove gli uccelli felici cantavano, lasciate ogni speranza, oh voi che entrate, assai". Ives y Mastropiero, dos genios.






