Jojo Rabbit: Waititi sorprende con una infalible combinación de humor y corazón

Diego Batlle
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9 de enero de 2020  

Jojo Rabbit (Estados Unidos- Nueva Zelanda- República Checa/2019) Guion y dirección: Taika Waititi / Fotografía : Mihai Malaimare Jr / Música: Michael Giacchino / Edición: Tom Eagles / Elenco: Roman Griffin Davis, Thomasin McKenzie, Scarlett Johansson, Taika Waititi, Sam Rockwell, Stephen Merchant y Rebel Wilson / Distribuidora: Disney (Fox) / Duración: 108 minutos / Calificación: apta para mayores de 13 años con reservas / Nuestra oponión: muy buena.

Conocíamos el talento narrativo y el desparpajo del neozelandés Taika Waititi tanto en el cine independiente, en la TV o en las producciones de Hollywood a gran escala, pero el director de Casa Vampiro, Boy, Hunt for the Wilderpeople, Flight of the Conchords y Thor: Ragnarok da un salto mucho más audaz (que bien podría haber sido uno al vacío) con Jojo Rabbit, una película que se atreve con cuestiones con las que nunca conviene meterse (la figura de Adolf Hitler y el nazismo) y mucho menos en tono de comedia satírica.

No es que nadie lo haya intentado antes (lo hizo Charles Chaplin en El gran dictador y Roberto Benigni incursionó con La vida es bella en el Holocausto en tono paródico, generando una controversia que todavía hoy se recuerda), pero Waititi -con la novela El cielo enjaulado, de Christine Leunens, como punto de partida- redobla la apuesta por la provocación... y el desconcierto. El resultado, claro, generó reacciones de lo más opuestas: críticos indignados y otros extasiados, exégetas de la corrección política escribiendo duros ensayos en su contra y -para sorpresa de unos cuantos- múltiples nominaciones para los premios de fin de año (¿también para los Oscar?).

El protagonista de esta tragicomedia es Jojo Betzler (Roman Griffin Davis, auténtica revelación), un querible y carilindo niño de diez años que quiere ser un nazi perfecto y tiene como amigo imaginario y consejero a... Adolf Hitler (interpretado en plan exagerado y caricaturesco por el propio Waititi). Su madre Rosie (Scarlett Johansson, notable) es la reserva moral del film y quien decide esconder en su casa a Elsa Korr (Thomasin McKenzie), una adolescente judía (las asociaciones con Ana Frank en este aspecto son inevitables) que se convertirá en objeto del deseo y nueva guía de Jojo en este relato de iniciación. Jojo Rabbit tiene el look de una película de Wes Anderson, la irreverencia de un sketch de los Monty Python y una mixtura de gags (en su mayoría muy eficaces), capacidad de sorpresa, sensibilidad y emoción de la que carece buena parte del cine contemporáneo.

Habrá espectadores heridos en su sensibilidad, cultores de la moral que argumentarán que no puede hacerse una comedia a partir de cualquier tema (y en ese terreno del análisis todos tendrán su parte de razón), pero Waititi jamás esconde el odio, la violencia de la guerra y los efectos del fanatismo. Al contrario. Solo que enfrenta el horror con una fábula sostenida por excelentes actuaciones, un asombroso despliegue visual, imponente momentos musicales y una combinación infalible de humor y corazón.

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