Sólo 80: Nino Manfredi sigue filmando
Romano por adopción, recibió en su aniversario muchísimo afecto, pero no quiso ser alcalde por un día
1 minuto de lectura'
Cuando en los años sesenta y setenta la llamada commedia all´italiana se imponía en las carteleras cinematográficas de la Argentina (y en las del mundo, por cierto) algunos actores peninsulares gozaban aquí de una popularidad distinta de la que hoy favorece a figuras como Bruce Willis o Leonardo DiCaprio. Era una proximidad de afecto, una adhesión no mediatizada por el aura del mito, y de acuerdo con esto intérpretese como Vittorio Gassman, Totò, Alberto Sordi, Ugo Tognazzi y Marcello Mastroianni eran considerados -y sentidos- con una familiaridad que los convertía imaginariamente en connacionales de los cinéfilos locales. De todos, el que llegaba a nuestros cines con más asiduidad (aparte de Sordi) era Nino Manfredi, un artista popular que no ha dejado de trabajar, aunque no lo veamos desde hace años en nuestras pantallas, absorbidas como están por el excluyente aluvión de productos de Hollywood. Pues bien, Manfredi, protagonista de tantas inolvidables comedias, acaba de cumplir 80 años.
Roma no ha sido indiferente al acontecimiento: lo mismo que el año último en el octogésimo cumpleaños de Sordi, el alcalde Rutelli le ofreció que ocupara su lugar para ungirlo, por un día, como "sindaco" de la ciudad eterna. Nino, después de pensarlo un poco, con su sonrisa bonachona le respondió: "Me emociona y se lo agradezco, Rutelli, pero no. ¿Qué sentido tendría?"
Un intérprete versátil
Lo que Manfredi esperó muchas veces, en cambio, fue un reconocimiento artístico a su talento, un premio o una mención en algún festival o en la distribución anual de galardones que hacen los críticos y las entidades oficiales. Nunca la tuvo. Anteayer, en su casa romana en la que vive con su mujer, Erminia (con quien se casó en 1955), y con alguno de sus tres hijos (que le han dado media docena de nietos), en el brindis el actor deslizó una ironía amarga: "Debería apostar a la longevidad, porque de otra manera no habrá tiempo para ese reconocimiento, y me caería muy mal recibirlo post mórtem".
La carrera de Manfredi se inició en 1949, en un teatro de Roma, donde alcanzó a trabajar con el gran Eduardo De Filippo. Al cine llegó después, y en ese ámbito hasta el momento ha encarnado a más de setenta personajes en otros tantos films, incluidos los tres que él mismo dirigió ("La aventura de un soldado", de 1962; "Por gracia recibida", de 1971, y "Veo desnudo" -o "Nudo di donna"-, de 1981). La notoriedad la alcanzó en 1959 con "El empleado", un film de Gianni Puccini, uno de los continuadores del neorrealismo. En los años sesenta y setenta filmó con muchos de los grandes y también con los artesanos "medios". Ettore Scola, Damiano Damiani, Dino Risi, Vittorio De Sica, Carlo Lizzani, Lina Wertmüller, Franco Zeffirelli, Luigi Zampa, Luigi Comencini, Nanni Loy, Sergio Corbucci, Luigi Magni... y la lista no acaba ahí.
El por entonces joven Scola lo convocó para su tercera experiencia como realizador (un episodio de "Thrilling", 1965) y luego para su quinto film, "Riusciranno i nostri eroi a ritrovare l´amico misteriosamente scomparso in Africa?" (1968), en el que le reservó el rol del ausente, el amigo que, por razones familiares, había abandonado la civilización y estaba "misteriosamente desaparecido en Africa". Sordi y Bernard Blier lo buscaban incansablemente, y Nino aparecía sólo en los tramos finales, pero se robaba la película.
Por esa misma época se lo vio en el sketch "Ornella", veinte minutos emblemáticos de la commedia all´italiana, en uno de aquellos films en episodios, en un impagable dúo con Enrico Maria Salerno (y sobre un admirable libreto de la dupla Age-Scarpelli); Manfredi componía dos personajes, uno de los cuales (Ornella) le exigía caracterizarse de mujer.
En 1974 Scola volvió a convocarlo, esta vez para confrontarlo con Vittorio Gassman y Stefania Sandrelli en "Nos habíamos amado tanto", aquel itinerario de treinta años en la vida de varios amigos, una de aquellas peripecias con situaciones cómicas y otras trágicas que suele urdir el realizador de "Un día muy particular". Manfredi rescata este film como una de sus más amadas experiencias, y hace unos días, evocando el trabajo en aquel rodaje, dedicó agradecidas expresiones al actor milanés, en quien cifra a uno de sus más generosos protectores: "Una vez estábamos en gira con una pieza teatral y yo tenía mucha fiebre. Vittorio me convenció de que saliese a actuar, de todos modos, y me prometió que él improvisaría si yo olvidaba la letra. Y salí".
Los críticos italianos, que suelen ser crueles, han confrontado a estos dos actores como si uno y otro hubiesen estado en las antípodas. Cuando murió Gassman, en una necrológica, alguien llegó a afirmar que "il Matattore" había sido un actor especial, académico, lo contrario de "actores televisivos estándar, como Manfredi...". A esta injusta apreciación cabría responder que uno y otro cultivaban un sentido distinto de la interpretación: Gassman componía; Manfredi, en cambio, casi no actúa, se deja llevar por una pura espontaneidad que lo muestra siempre muy parecido a como él es en verdad, esto es, en la dimensión más humana del romano medio.
La máxima repercusión internacional la obtuvo con "Pan y chocolate", de Franco Brusati, en el rol de un inmigrante italiano en Suiza, una conmovedora reconstrucción del destino de un "poveraccio" meridional lejos de su hogar y de su terruño.
Todo un gaucho
Estuvo en la Argentina un par de veces y la adhesión que suscitó venía a probar la popularidad que su figura ya se había ganado entre nosotros. Vino para la filmación de "Il gaucho" ("Un italiano en la Argentina"), que Dino Risi filmó en 1963, en la que compartió cartel con Gassman... y unos cuantos almuerzos en el Plaza Hotel con Scola, que era el guionista del film. Y aprovechó para participar en el Festival de Mar del Plata de ese año. Al año siguiente volvió con una compañía teatral que representó "Rugantino", el celebrado "musical" del que quedó una canción que se convirtió en clásico: "Roma, non fa´ la stupida stasera". Y allí también participó, de paso, en la única edición del Festival de Cine de Mar del Plata (1964) que se llevó a efecto en Buenos Aires.
El año último se lo vio en Italia en el más reciente film del veterano Luigi Magni, "La carbonara", caracterizado de sacerdote. Ahora está por comenzar el rodaje de "Una carencia familiar", de Lino Banfi, y se ha comprometido para la producción francesa "Viaje a Lisboa".
Este romano por adopción (nació en el poblado de Castro dei Volsci, en la región del Lazio -muy cerca de Frosinone, la ciudad natal de Mastroianni-, el 22 de marzo de 1921, y lo bautizaron Saturnino), en la elegida dimensión del hombre común, rechazó varios contratos para actuar en los Estados Unidos -con Billy Wilder y David Mamet, entre otros- y evitó escándalos, romances y contingencias que sacuden la existencia de los divos internacionales. Su alegría la encuentra en el trabajo incesante y en el afecto insobornable del público: felices ochenta, Nino.






